VV.AA l The Rough Guide the music of Mali

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VV.AA l The Rough Guide to the music of Mali
World Music Network, 2014

Las últimas noticias que llegan del país del Sahel no son muy alentadoras precisamente. La ofensiva contra las fuerzas rebeldes del Movimiento Nacional de Liberación del Azawad, pese al acuerdo de alto el fuego firmado con los tuaregs hace unos días, no invitan a pensar precisamente en optimismo. Aunque si nos remitimos al dicho popular de “la música amansa a las fieras”, la enésima antología de las Rough Guide dedicada a este país del oeste africano, abre al menos la espita de la esperanza en los melómanos de pro. De todos es conocida la riqueza musical de la cuna de Salif Keita y Kandia Kouyaté, cuyos cofres sonoros podrían competir en opulencia cultural con la nutrida biblioteca de la legendaria ciudad de Tombuctú, tristemente arrasada por las milicias radicales. Pero la música mandinga, shongai y peul sirve para insuflar los ánimos y reconfortar al espíritu de la misma manera que una humeante taza de té después de una agotadora jornada. El límpido sonido de la kora y el gorgojeante n´goni unidos a unas fastuosas voces femeninas en Jamo ko, corte de Bassekou Kouyaté & Ngoni Ba, sirven para tomar el aliento necesario para afrontar este trail sonoro por las arenas de Mali. La voz vespertina de Fatoumata Diawara brilla como lo haría la constelación de Sirio para los dogones, en las nocturnas cadencias de Makoun Oumou. El primógenito del guitarrista más famoso de África, léase Vieux Farka Touré, teje esas escalas pentatónicas, que tan bien interpretan bandas como Tinariwen o Toumast, que en Yer gando nos transportan a esas espaciosas dunas sobre las que se producen espejismos y las caravanas desfilan en una danza perezosa. Mas recatada se muestra Ramata Diakité en Saba, que en un somnoliento blues del desierto, con su desgarradora y femenina voz, nos recuerda cuerdamente que el Mississipi empieza en África y desemboca en las costas de Estados Unidos. Terakaft embozan sus guitarras con sus turbantes azules en la hipnótica Awa adounia, que parece contonearse sobre si misma con la prestancia de una cobra ante los soplidos de una flauta, con unos solos canónicos de guitarra que encandilarían al mismísimo Robert Plant. El ritti (violín africano) destella en Goumou, la canción que entona Khaira Arby, una de las artistas que tuvo que abandonar Tombuctú en el año 2012 ante el prohibicionismo musical que promulgaron los extremistas islámicos, y que unicamente permitía las canciones religiosas. La percusión y el balafón se convierten en los protagonistas del ritmo circular en formato trance que despliega Nahawa Doumbia en Fandugule. Los elegantes arreglos que escoltan a Oumou Sangaré en Iyo djeli aportan el ornato requerido para ensalzar la contundente voz que mejor ejemplica el sonido Wassoulou, que arroja toneladas de tradicionalidad. Ibrahim Hama Dicko tuvo un pasado glorioso como cantante religioso de los versos coránicos, y aunque pasó a mejor vida en 1995, supo detentar el mejor legado de las canciones peul, songhai y tamashèq; en Sida esas cuerdas vocales, que suenan medio achinadas, navegan a placer entre las olas del ritti. Neba Solo es un maestro del balafón, este músico de Sikasso, al este del país, nos riega en Kenedougou foly con una tonda totamente tribal, y en la que la protagonista es una percusión con sonidos cristalinos pese a esas voces con esencia de muecín llamando a la oración desde el minarete. Narcóticas se muestran las seis cuerdas del guitarrista Anansy Cissé en Fati ka, dejando claro que Mali es el país en el que nació el rey del blues africano. El ngoni, instrumento que tanto a popularizado Bassekou Kouyaté, resuena mágico en las manos de Andra Kouyaté en Dougoumassa, en una canción de lo más campestre, en la que engastan a la perfección las voces de Ami Sacko y Mah Bara Soumano. El recopilatorio lo cierran con broche de oro dos de los artistas más afamados que ha dado el país del Níger: Ali Farka Touré y Toumani Diabaté, que en Warbé ponen una nota espectral en la que guitarra y kora serpentean sobre las aguas marrones por las que navegan las pinazas como lo haría Mami Wata, la mitológica deidad mitad pez mitad mujer, que forma parte de las leyendas del Oeste de África. Como viene siendo habitual el disco incluye otro CD bonus que en esta ocasión corresponde al guitarrista Samba Touré, un peso pesado originario de Tombuctú, que en Shongai blues aborda trece temas en formato tradicional y acústico, con los que rinde de la mejor forma posible un merecido tributo al grandísimo músico de Niafunké, el genial e inmortal Ali Farka Touré, artista que ocupa un lugar preferente en los corazones de los que amamos los latidos de tan adictivo continente. + info l Relacionados l Miguel Ángel Sánchez Gárate