Uxía

uxia.jpg Uxía
Festival Barnasants
Luz de gas
, Barcelona
19 de marzo de 2009

Poquito público se acercó a presenciar la actuación de la gallega Uxía en el espléndido marco de la sala Luz de Gas, dentro del Festival Barnasants. Sin embargo, no hizo falta más que un puñado de amigos, de gallegos afincados en Barcelona, y algunos curiosos para hacer que la cantante se mostrara tal y como es, con la sencillez y la calidez con la que se caracteriza ella misma y su propia música.

Arropada perfectamente por una banda bien conjuntada, la cantante repasó los temas de su último disco Eterno navegar, pero también tuvo tiempo de hacer una retrospectiva a su ya larga carrera musical de más de 20 años.

Uxía comenzó su actividad musical en 1986 y formó parte de un grupo mítico en el panorama gallego, Na lúa, hasta 1991. En solitario ha publicado diferentes discos como por ejemplo La sal de la vida, un disco marcado por la diversidad y el cruce cultural, una constante que parece sumarse a sus objetivos musicales, ya que siempre ha estado tratando de promover y participar en diferentes experiencias musicales, buscando caminos… Por algo ha sido la directora artística en la creación del Festival Internacional da Lusofonía Cantos na Maré. Eterno Navegar (2008) es el último disco, gravado en Lisboa y con la intención de homenajear a la cultura lusa, relacionando universos lejanos pero próximos como Portugal, Brasil o Cabo Verde, con una amplia mirada desde Galicia. El disco recorre sonoridades atlánticas y ritmos africanos que le dan un aire innovador y casi eterno, desvinculándose de corrientes comerciales y marcando un itinerario propio y de calidad. La cantante, junto a su mano derecha, el pianista y director musical Paulo Borges, y el acordeonista Santiago Riveiro, también miembro del grupo Berrogueto, junto al excelente acompañamiento de Xacobe Martínez al contrabajo y el batería Marco Santos ofrecieron una velada tranquila y agradable.

Uxía presentó la mayoría de las canciones gallegas, en gallego, en catalán y en castellano; realizó agradecimientos a discreción e hizo que los asistentes cantasen y tarareasen. Más difícil fue arrancarlos al baile ya que el amplio espacio libre no invitaba a la congregación, pero tampoco hizo demasiada falta porque las agradables melodías de Uxía, el ritmo contagioso y sutil de la morna, de las canciones tradicionales portuguesas, o de las islas Azores se contagiaban rápidamente entre los espectadores.

Comenzó el concierto con As nosas cores, una canción que dedicó a la resistencia de las mujeres en el mundo, y continuo con Morna sentida, quizás la primera morna – un estilo tradicional de Cabo Verde -, cantada en gallego, según expuso la propia cantante. Siguieron otros temas, el tango Garufa del gallego porteño Víctor Baliño y la canción Rumores de falua, mejor canción en gallego en los recientemente concedidos Premios de la Música. Luego prosiguió con temas más antiguos que aportaron en algunos momentos un fondo sonoro bastante épico y sofisticado.

El concierto acabó con Danza ritual, del último trabajo, con la misma sensación de optimismo que desprende buena parte de los temas de Uxía, pero los vises no se hicieron de rogar. La artista abrió fuego repitiendo As nosas cores, sin que nadie lo pidiese, y quizás con el deseo de la autora de que el público arrancase a bailar, o de cerrar un círculo ideológico.

Con la presencia en la sala de la cantante catalana Lidia Pujol, a quién agradeció su amistad y talento, la gallega se atrevió a cantar en catalán el tradicional Rossinyol, obteniendo bastante buena nota.

La última sorpresa, llegó cuando ya sin sus compañeros de acompañamiento, Uxía se atrevió a cantar a capella, sin micro y con total convicción y verosimilitud una canción tradicional gallega.

Quizás su voz no sea un portento de energía, y no tenga un chorro de voz, pero no le hace falta porque su sensibilidad para captar sentimientos, sus melodías y su tono maternal provocan en el oyente el deseo de querer acurrucarse y bailar ante su música. O bien, que nos decidamos a viajar hasta Galicia, o hasta cualquier punto de su gran universo geográfico y cultural. // Antonio Álvarez