Txarly Brown

TxarlyBrown
Txarly Brown

Achilibook es lo que yo necesitaba hace diez años”

Como si fuera el nuevo episodio de una popular saga cinematográfica, Carles Closa, alias Txarly Brown (Barcelona, 1967), da un paso más en su particular batalla para transmitir, a toda aquella persona que le quiera escuchar, la buena nueva de la rumba catalana. Esta vez tiene formato de libro, se llama Achilibook (Editorial Milenio, 2013) y, tal y como se puede leer en el subtítulo, es una biografía gráfica de la rumba en España entre los años 1961 y 1995. Aunque, tal vez, la definición más acertada, y al tiempo divertida, la haya dado Juan Puchades en efe eme: “Los apasionados del género estamos ante una Biblia, nuestra particular ‘achilibiblia’. ¡Y plagada de estampitas de santos!”.

Achilibook parece el paso lógico después de aquella trilogía discográfica publicada bajo el nombre genérico de Achilifunk. ¿Pero qué motivación hay detrás de esta nueva aventura?
Cuando se me presentó la oportunidad de hacer un libro sobre rumba (el encargo me lo hizo Editorial Milenio
en el año 2007), la primera pregunta que me hice fue cómo tendría que ser el libro que me habría ayudado a mí el día que me enamoré de este género escuchando el Chaví de Peret. Y la respuesta es Achilibook: una guía para los coleccionistas, un libro de portadas para los grafistas y una introducción básica a la rumba con numerosas pistas para los melómanos. Lo que yo necesitaba hace diez años.

¿Cuánto tiempo le has dedicado?
Los textos, el diseño y las ilustraciones me ocuparon un mes, más o menos. La maquetación ha supuesto unos quince días más de trabajo. La mayor dificultad ha sido digitalizar y retocar las 1.070 portadas. Cada una de ellas llevaba una media de una hora, porque la más reciente tiene dieciocho años y pocas estaban nuevas.

¿Y cuantos años de coleccionismo rumbero esconde?
Como coleccionista serio y exclusivo de rumba debo llevar unos diez años, no son muchos. Para hacer este libro tengo que agradecer la colaboración de tres jóvenes coleccionistas: Oriolet, profesor de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, David ‘el Indio’, percusionista de Vetusta Morla, y Noel, de Asturias. Los tres me han cedido copias en mejor estado de algunas piezas que yo tenía muy precarias.

Achilibook“Biografía gráfica de la rumba en España, 1961-95” lleva como apellido. ¿Has buscado referentes en proyectos similares y muy habituales en países como Inglaterra, Alemania o Francia?
Sí. De hecho, mis modelos han sido los libros de portadas que aparecen habitualmente en Chronicle Books, Taschen o, más recientemente, Soul Jazz. Mi visión de los libros sobre música siempre ha estado bajo el prisma del diseñador gráfico y coleccionista. Priorizo ​​la documentación gráfica porque me sirve para ampliar mi archivo visual.

¿Con qué perspectiva observas los tres volúmenes de la serie Achilifunk, ahora que ya ha pasado un tiempo desde su aparición?
Yo estoy muy contento de todo lo que ha pasado durante y alrededor de estos discos. No tenía ninguna pretensión evangelizadora, sólo quería dar a conocer una música que me había sorprendido muchísimo y generar un proyecto entusiasta para transmitir este sentimiento. Estoy convencido de que no llegaron más lejos porque el mundo de la música funciona como funciona y porque no tenemos el altavoz mediático de la industria anglosajona. Pero me quedo con las cosas positivas, que fueron muchas.

¿Lo mejor y lo peor de cada uno de los tres proyectos?
Lo mejor del primer Achilifunk (Lovemonk, 2007) fue que The Wired nos señalara como uno de los mejores recopilatorios del año. De repente, los medios nacionales, que inicialmente nos habían dado la espalda, nos abrieron las puertas. Lo peor fue que algunos temas (el Noi, por ejemplo) no los pudimos licenciar. De Más Achilifunk (Lovemonk, 2009), lo mejor fue acceder al Sónar pinchando rumba modernizada. Lo peor fue girar por lugares insólitos, llevo bastante mal eso de salir a pinchar por el mundo. Y de Gitano Real (Lovemonk, 2011) todo fue bueno. El disco es fantástico y creo que será difícil que vuelva a pasar algo así, que tantos factores se conjuren: el apoyo del Taller de Músics y del sello discográfico, aún sabiendo que no sería un producto rentable; el encuentro entre los gitanos y la gente del funk… Con la óptica del tiempo, para mí estos tres discos siguen siendo una colección básica y la puerta de entrada a la rumba catalana para mucha gente.

Otro de los proyectos en los que te encuentras involucrado es Forcat (Foment de la Rumba Catalana). ¿Crees que ha seguido la evolución que esperabais? ¿Cuáles son los objetivos que os quedan por alcanzar?
Forcat es una asociación muy joven, con apenas cinco años de vida. Seguimos una línea consensuada de crecimiento y tratamos de analizar y modificar continuamente nuestra trayectoria, siempre con el fomento y la normalización de la rumba catalana como prioridad. Creo que hemos avanzado lo suficiente y la presencia rumbera en todas partes es la mejor prueba. Pero queda mucho trabajo por hacer. ¡El mundo es muy grande!

Precisamente este otoño la Diada de la Rumba, que organizáis desde Forcat, ha dado un salto cualitativo y cuantitativo muy importante. ¿Cómo se ha producido? ¿Responde a una vitalidad de la escena artística, a un interés del público y los programadores, a ambas cosas?
Pienso que responde a una necesidad del público y de los artistas para avanzar en la búsqueda de nuevas sonoridades. La rumba catalana nunca dejará de ser una música de fiesta, pero necesitamos que la heterodoxia que demuestra el público llegue a los artistas, que desde cualquier estilo adopten elementos de la rumba como un lenguaje musical cercano y propio.

¿Cómo valorarías el pasado, el presente y el futuro de la rumba catalana, si tuvieras que hacer un resumen de pocas líneas?
Creo que la rumba originada por la comunidad gitano-catalana fue un género precursor en la fusión de elementos modernos y también por su comercialidad. El hecho de haber seguido su evolución, durante cincuenta años, dentro y fuera de la comunidad romaní, ha hecho de ella el lenguaje musical autóctono más aceptado por parte de los payos. Esto ha provocado que el grueso de los actuales exponentes de la escena rumbera sean payos que, sin perder el respeto por el legado de los pioneros, hacen evolucionar el sonido hacia nuevos territorios.  www.edmilenio.com | Relacionados | Jordi Urpi