Trio Kandinsky

trio-kandisky.jpg Trio Kandinsky
Festival Internacional de Música Pau Casals
El Vendrell (Tarragona), Auditori Pau Casals
30 de julio de 2009

Estamos de celebración: por la recuperación de una obra inédita de Sor, el bicentenario de la muerte de Haydn, el décimo aniversario del Trio Kandinsky, y por un concierto encantador.
Lleno hasta las cachas, el Auditori Pau Casals casi se queda pequeño con tanto público y expectación. Y no para menos: en pocos años, la Orquestra de Cambra de Granollers ha mejorado su calidad considerablemente, a lo que sin duda ha contribuido la larga serie de directores, solistas y concertinos que han pasado por sus filas, como Edmon Colomer, Salvador Brotons, Albert Guinovart, Daniel Ligorio y Ernest Martínez-Izquierdo, entre otros, y por sus colaboraciones con artistas de otros géneros escénicos como el teatro, el mimo, el circo, la danza, etc. El fichaje de Manel Valdivieso en la batuta –actual director titular de la JONC y adelantado alumno de Benet Casablancas, Ros-Marbà y Josep Pons– es otro de los grandes alicientes para seguir de cerca la trayectoria de esta formación.
Dividido en dos partes, el concierto contó con la presencia del Trio Kandinsky en la segunda mitad, dedicada íntegramente al Concierto Triple para trío y orquesta de Ludwig van Beethoven, raras veces programado. El primer bloque, no obstante, ofrecía casi una primicia. Y decimos casi porque la Suite para orquesta de cámara y guitarra de Fernando Sor ya había sido estrenada hasta en tres ocasiones, siempre con nuevas adaptaciones del propio autor. Basado en Alphonse & Léonore de Molière, el compositor catalán escribió un total de 24 escenas musicales para acompañamiento de ballet, aunque tan sólo dos de las piezas fuesen para guitarra. La inclusión de Sor en el programa justifica ya de por sí la crónica de este concierto en un medio como B-Ritmos, pues igual de importante nos parece dar a conocer las últimas tendencias en la world-music como la recuperación de las músicas antiguas de cada país. Al respecto, Sor fue uno de los principales introductores de elementos populares en la música culta española al añadir a la orquesta instrumentos como la guitarra y las castañuelas, amén de formas musicales del folklore nacional –como el fandango y la jota–. Recuperada casi dos siglos después por el musicólogo Sergi Casademunt –y por tanto inédita hasta hoy–, la Suite de Sor bebe de contemporáneos como Beethoven (por su contagiosa alegría) y Mozart (con un guiño a La flauta mágica y una expresividad llena de gracia). Las esporádicas intervenciones de Jaume Torrent –quien por cierto acaba de publicar la integral de guitarra de Gracià Tarragó (La Mà de Guido, 2009)– dejaron con hambre de más.
A Sor le siguió Haydn, una constante en el festival. Con más de cien sinfonías en su haber –en su mayor parte escritas por encargo del príncipe Eszterhazy– se escogió para la ocasión la nº 80, de apasionados aires iniciales y con difíciles pasajes bien resueltos por la orquesta. Aunque no le vendría mal suprimirle algún que otro compás de sobra y ajustar mejor los silencios, la sinfonía en cuestión contiene muchos momentos que la hacen particularmente atractiva por detalles adelantadamente románticos: variaciones cromáticas, leves disonancias, imprevistos requiebros, etc. Valdivieso también añadió presteza y velocidad –sobretodo en el último movimiento– con elegancia y sin forzar la orquesta, que sonó tan desenvuelta como segura.
Y así, sin bajar la guardia, continuó la velada invitando al Trio Kandinsky –que cumple la década de vida– para interpretar juntos el citado Concierto Triple de Beethoven. Estrenado un año antes de la muerte de Haydn, nada hacía prever la angustia vital que sufriría el autor por su obsesiva sordera. Por el contrario, el que aquí se nos presenta es un Beethoven socarrón y jovialmente divertido, tal vez porque el Concierto estaba pensado para contentar al archiduque Rodolfo –hijo de su protector, el emperador Leopoldo II, y discípulo aventajado del maestro–. La estructura responde al esquema clásico tantas veces adoptado en el rock sinfónico –pensamos en Five Bridges de Nice (Charisma, 1970), por ejemplo– e incluso en el heavy épico –como el Concerto for Group and Orchestra de Deep Purple (EMI, 1969)–, esto es, varias unidades solistas con variaciones y diálogos entre sí arropados por puentes orquestales.
Pero si bien al principio el trío parecía menos relajado que la orquesta (el arco de Corrado Bolsi resbaló alguna que otra vez en el Allegro), la sección rítmica estuvo perfecta –especialmente en las cabalgaduras de piano–. El máximo protagonismo del trío estaba no obstante contenido en el Largo, con una sensible overtura de chelo que retomaría el resto de músicos hasta derivar en un brillante clímax final. Y como en toda rivalidad entre genios que se tercie, si Mozart contaba con su Rondó alla Turca, Beethoven no iba a ser menos y cerró su Concierto Triple con un Rondó alla Polacca –y así de paso le hacía la pelota al príncipe Lobkowitz, otro mecenas (hoy llamado espónsor) que le sufragara los costes de la creatividad… ¿o acaso se creen que el artista vive tan sólo de talento?–. Más ágil y juguetón, con más persecuciones, entradas y sapiencias que los personajes de un vodevil, este último movimiento bordó la nota, con un Trio Kandinsky recuperado y feliz que, agradecidos por la larga y merecida ristra de aplausos, regalaron un bis aún más emocionante si cabe: una versión de Gaspar Cassadó de las Goyescas
de Granados, cerrando circularmente de este modo un concierto que empezaba con música española de raíz. // Iván Sánchez Moreno