Toumani Diabaté / Festival de Músiques del Món

toumani.jpg Toumani Diabaté
Festival de Músiques del Món
L’Auditori, Sala Oriol Martorell, Barcelona
16 de octubre de 2009

La actuación de Toumani Diabaté en el 14º Festival de Músicas del Mundo de Barcelona sirvió para presentar su último disco The mandé variations. El artista de Mali (1965) diseñó el espectáculo como una ascensión en fases hasta alcanzar el clímax máximo al final de su actuación. Con cierta reiteración de las formas, y los ritmos, sin salirse demasiado de sus propios márgenes, el artista mostró su virtuosismo, y su banda deleitó más hacia el final de la noche, dejando atrás un tramo de cierta monotonía sonora. Vale la pena puntualizar, que a pesar de que la música africana responde a una función social, narrativa y ceremonial en la que la reiteración rítmica se yuxtapone a las frases y significados vocales que se transmiten, grandes artistas como Diabaté han reinventado esos conceptos para hacerlos más universales. Los asistentes al espectáculo pudimos comprobarlo, pero aún así, se echó en falta un repertorio más abierto de sonoridades o melodías posibles.

Toumani comenzó su actuación sólo, sentado frente a su kora, y durante aproximadamente una media hora interpretó dos temas de su último disco, extrayendo de su instrumento todas las combinaciones y notas líquidas que produce esta tradicional arpa africana. A su término se vio acompañado por el resto de sus músicos para afrontar una actuación más contemporánea y occidental con guitarra eléctrica, bajo y batería. Por supuesto, que el ngoni –una especie de guitarrita africana- y el balafon –como un xilófono- se llevaron toda la atención tras las notas de la kora, gracias a sus intérpretes. También el guitarrista supo destacar su sonido mezclando tonos africanos con otros más propios del jazz, en el continuo bucle rítmico del grupo.

En la ascensión, el siguiente paso consistió en presentar al vocalista Kekouba Kouyate que impresionó por su voz, por su fuerza y por su elegante y exótica vestimenta tradicional. Desde ese momento, la intensidad musical se incrementó sonando más contundente gracias a la potente base rítmica que, en ocasiones, ocultaba el sonido del instrumento solista. A la hora y media de actuación, comenzó la despedida, dando paso a un bis. Quizás lo mejor de la noche. En ese momento fue curioso apreciar como todos los intérpretes de la banda se saludaron entre sí por el trabajo realizado, algo que en ocasiones no estamos acostumbrados a observar en estos lugares, y entre bandas más locales.

Antes de realizar el bis, Toumani explicó en qué consiste la kora, cómo se utilizan los dedos y volvió a maravillar con el oro líquido que desprende el instrumento cuando lo toca, brillando. Sin tregua, volvió a interpretar otro tema, ya con toda la formación, y con una estructura menos cíclica, y más cercana a la fusión. Si al principio se pecó de cierta reiteración –rozando el aburrimiento- el tramo final del concierto pudo haber dejado a más de uno con ganas de más.

Sin enamorar, demostrando sus flirteos con el jazz, la fusión y hasta el rock, Toumani Diabaté gustó y volvió a dejar claro que es uno de los más grandes de la música africana, y que no se deja etiquetar. Más info // Antonio Álvarez Moreno