Tolkien: Pensamientos y Perspectivas

Tolkien
VV.AA.
“Tolkien: Pensamientos y Perspectivas”. Editorial EAS, 2014

Sin duda fue la obra de John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973) más que un motivo inspirador para tantos y tantos músicos y cineastas. Ahí queda la larga lista de nombres asociados al rock progresivo y al heavy metal que han tanteado el universo tolkieniano en busca de la musa: Rush (Rivendel), Camel (Nimrodel), Led Zeppelin (The Battle of Evermore), Styx (The Lord Of The Rings), Running Wild (Mordor), Blind Guardian (The Gates Of Moria, Gandalf’s Rebirth, The Hobbit, The Dark Elf, Eldar), etc. Hasta el gran Christopher Lee –recuperado del olvido gracias en parte a su papel de Saruman en la trilogía cinematográfica de Peter Jackson– hizo sus pinitos como cantante heavy.

Por descontado también géneros más emparentados con la world music, el jazz, el folk y el new age explotaron a conciencia los escritos de Tolkien. Es el caso de Sally Oldfield (Songs of The Quendi), Värttinä –en el musical Lord Of The Rings (Kevin Wallace Music, 2008)–, Jordi Sabatés –la suite El senyor dels anells (Edigsa, 1974)–, la ex–Eurythmic Annie Lennox –en la BSO de El retorno del rey (Peter Jackson, 2003)– y, cómo no, la élfica Enya, como atestiguan temas como Lothlórien o los que se incluyen en La comunidad del anillo (Peter Jackson, 2001).

Menos conocidos son los frustrados intentos de los Beatles por llevar El Hobbit a la gran pantalla y la íntima colaboración de Tolkien con el músico de folk Donald Swann, quien editó con el expreso consentimiento de aquél el disco The Road Goes Ever On (Caedmon Records, 1967). En cambio, se ha insistido mucho más en trazar conexiones entre la Tetralogía del Anillo de Richard Wagner y la opus magna de Tolkien –por cierto, un tema fascinante que ocupa por entero uno de los capítulos del libro que ahora centra nuestra atención–. No obstante, los lectores aventajados de Tolkien no ignorarán que el escritor inglés conocía de sobras la teoría pitagórica de las esferas cuando explicaba con el canto sagrado de Ilúvatar el origen primigenio del Cosmos. Según este mito, toda disonancia y rompimiento de la armonía debe entenderse como un acto violento de individualismo y oposición.

La música no es, por el contrario, el eje principal de Tolkien: Pensamientos y Perspectivas (EAS, 2014), pero sí otros temas de especial interés que van desde el simbolismo oculto en la obra literaria del autor inglés hasta otras interpretaciones en clave filosófica, eugenésica, mitológica, religiosa o genealógica. Al respecto, nada más empezar el volumen se nos desvelan algunas gozosas pistas etimológicas sobre el propio nombre del autor para, a continuación, sugerir ciertas lecturas políticas al gusto de todas las ideologías: para unos, Tolkien no era más que un conservador reaccionario (véase el capítulo titulado Tolkien, un escritor tradicionalista); para otros un anarquista de manual (Tolkien y el distributismo) y un ecologista radical (Tolkien y la ecología). También se arrojan apologías más discutibles como la visión de los orcos como metáfora de las hordas marxistas azuzadas por Stalin (Sauron), mientras que la Comarca de los hobbies sería un reflejo idealizado de la amable burguesía inglesa bajo la amenaza nazi.

Lo cierto es que la fama de intelectual friqui que se ganó a pulso en sus tiempos de docente en Oxford fue creciendo a nivel mundial a partir del espectacular boom editorial de post-guerra, beneficiado sobre todo por la desesperada búsqueda de nuevos valores (morales, antropológicos, sociales, políticos, religiosos y filosóficos) que tendría en la ingenuidad del hippismo y del pensamiento beatnik un más que fértil campo de cultivo. Sin embargo sería injusto admitir que Tolkien atrae únicamente a quienes son más dados/as a los esoterismos de todo-a-cien. Ahí quedan, por ejemplo, las acusaciones de Tolkien como adulador de un cierto neopaganismo cuando, en realidad, se enfrascó en una profunda revisión del cristianismo primitivo con evidentes traslocaciones fantásticas.

VV.AA TolkienEl propio Tolkien reconoció que su basta herencia literaria bebía de fuentes tan diversas como las leyendas artúricas, las interminables sagas de los dioses nórdicos (que tanto influyeron en el credo wagneriano) y sus clases de literatura comparada. No en vano, era un experto en las lenguas sajonas, célticas y germánicas, un conocimiento que invirtió de manera colosal en el titánico ejercicio de invención de idiomas ficticios con su propia gramática y grafía. Su devoción por el folklore medieval, por un lado, y su dominio sobre las religiones de todas las épocas y culturas le animaron a construir una mitología propia para Gran Bretaña. Con su particular universo literario, Tolkien le echaba un pulso a su buen amigo C. S. Lewis –el creador de las Crónicas de Narnia– para rellenar la preocupante carencia de un ideario mitológico nacional que fuera tan rico y complejo como el de la Antigua Grecia, trufado de héroes, dioses y criaturas monstruosas.

Pero las referencias de Tolkien no acaban ahí. Mientras la orografía europea servía como inspiración para las aventuras de la Tierra Media –ahí quedan los paisajes alpinos descritos en El Hobbit o las zonas más áridas de los Balcanes orientales–, ciertos elementos simbólicos remiten a las raíces comunes comprendidas por diversas culturas indoeuropeas. Esta perspectiva jungiana de lo que subyace oculto en el inconsciente colectivo y que se repite en forma de arquetipos va a ser una constante a lo largo de los 24 estudios que componen este volumen. Miradas como las de Javier Nicolás Cintas, Chiara Nejrotti, Alberto Lombardo, George Gondimet o Manuel Quesada, editor del conjunto, nos introducen con tino y amenidad en ciertas reminiscencias clásicas del pensamiento como Platón, Aristóteles, Parménides o Santo Tomás, así como en otros autores más modernos que bien pudieron dejar un poso en la mentalidad de Tolkien, como Nietzsche, Husserl o los adscritos al romanticismo alemán –recuérdese que el movimiento estético del Sturm und Drang asociaba la re-creación de mitos con la identidad nacional–. Tampoco hay que encumbrar tan ciegamente a Tolkien, pues conviene reivindicar una fábula infantil de E. A. Wyke-Smith de 1927 (El maravilloso país de los snergs) que el autor de El Silmarilion solía leer a sus hijos y del cual saqueó no pocas ideas para sus propios personajes.

Lo que no se puede poner en duda es el mérito de compilar tal pluralidad de voces (a veces contradictorias, complementarias otras) en 280 páginas dedicadas enteramente a Tolkien sin caer en mesianismos ni hagiografías. La veintena de autores que se reparten la totalidad del libro no son fans obcecados por custodiar como dragones en celo la obra tolkieniana, sino expertos que hablan con objetiva distancia y que abren un amplio abanico de dimensiones para abordar el imaginario de este escritor inglés. Eso sí, se echa de menos alguna introducción de cada autor con un breve currículum para ayudar al lector a situarse mejor ante la diversidad de tantas posturas.

Tolkien: Pensamientos y Perspectivas es, también, la primera entrega de una colección que pretende indagar en las raíces epistemológicas y filosóficas del pensamiento occidental a través de su literatura. Respecto a ello, ya estamos esperando con alegría los próximos monográficos que la editorial está preparando sobre George Orwell, Yukio Mishima y Ramon Llull. +info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno