Tokyo ska Paradise Orchestra

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Tokyo Ska Paradise Orchestra
Sala Arena. Madrid. 19 de julio de 2015

 

Hay muchas bandas de ska que acuden a los tradicionales genes jamaicanos, a la par que otras se muestran más iconoclastas, y salpimentan su sonido con otros maridajes ajenos a los ritmos sincopados. Pero pocas les ganan en energía y festividad a la banda por excelencia nipona, la Tokyo Ska Paradise Orchestra, una generosa orquesta con nueve miembros en la presente ocasión, y que debería ser instituida como Patrimonio de la Humanidad, dadas las virtudes terapeúticas que destila su divertida propuesta. De hecho, un concierto de la T.S.P.O. debería gozar del mismo status que fiestas tan internacionales como los Sanfermines o el Oktober Fest. Así la infinita cola que ocupaba la calle Princesa ya auguraba que la música de los nipones no gasta precisamente balas de fogueo, sino proyectiles de gran calibre, de los que hacen mella en los tímpanos y en el espíritu. Nuestros amigos de ojos rasgados se hicieron de rogar con los preparativos de última hora sobre el escenario, pero tras varias pitadas para conminarles a tomar las tablas y una intro de banda sonora de Tarantino, en este caso el archiconocido Little green bag de George Baker, la fiesta prendió fuego con dimensiones de mascletá. Haciendo honor a su empaque mestizo donde cabe desde el swing a la música surf pasando por el lounge, el rock en estado puro, o la música de bandas sonoras, nuestros alocados amigos bordaron Can can, aquel tema popularizado en círculos skatalíticos por los británicos Bad Manners. Nos metieron en los fotogramas de El padrino con la romántica El milagro del amor, reconocible por las melodías instrumentales que enmascaraban sus sensuales versos de “estoy sintiendo tu perfume embriagador”. Y como el que no quiere la cosa le dieron la vuelta de tuerca al 54-46 de Toots and the Maytals, variando algo la melodía de la canción original pero respetando el reconocible estribillo. Las alocuciones del saxofonista y cantante Atsushi Yamaha, que chapurreaba un poquito de español, daban algo de cuartelillo a los electrocutados temas que prendían fuego en los pies del respetable. Tuvieron su momento punk con pleitesía incluída a los Ramones y dieron cera de la buena con el Fire de Jimi Hendrix, con una puesta en escena y un acabado mucho más contundente que el dieran en su día Red Hot Chili Peppers a tan insigne himno roquero a la electricidad. El guitarra Takeshi Kato puso la guinda del pastel bien alta con sus afilados solos, que se repetirían como la tóxica picadura de una cobra a lo largo de la noche. No podía faltar su rendez-vous a uno de los temas clásicos del sonido Two Tone, en este caso el que gestaran Madness, de los que interpretaron el anfetamínico y pegadizo One step beyond. Temazo que puso a todo el mundo en modo “on”. Otro de los momentos álgidos de la espasmódica noche en la que el sudoroso respetable no paró de menearse en ningún momento, hasta en los temas en los que los japoneses bajaban el pistón, fue cuando dieron cuenta de Skaravan, el guiño al célebre standard de jazz compuesto por Juan Tizol, e inmortalizado por Duke Ellington, travestido para la ocasión en clave ska-jazz. Destacable fue el solo de batería que se marcó el “octópodo” Kinichi Motegui, un portento de las baquetas que provocó un verdadero seísmo timbalero en la sala. A la hora y media de su inicio el noneto echó el cierre, no sin antes encarar un par de bises. Los traviesos músicos dejaron el pabellón en lo más alto y saludaron a la audiencia bañada en cerveza y sudor, y con la sonrisa de oreja a oreja. Una vez más los autores de Pedorazu o Down beat stomp la volvieron a liar. Bien parda. +info I Relacionados I Miguel Ángel Sánchez Gárate