The Goran Bregovic Wedding an Funeral Ensemble

goran.jpg The Goran Bregovic Wedding and Funeral Ensemble
Festival del Mil·lenni
Palau de la Música, Barcelona
18 de marzo de 2009

Todavía me tiemblan las piernas, no tanto por la sesión de baile, sino por la emoción de haber podido asistir a una de las mejores actuaciones musicales que se hayan visto en los últimos años en el Palau de la Música de Barcelona. Y si yerro en la observación que le pregunten al público que llenó la sala sinfónica, más parecida en esta ocasión al prado soleado de una auténtica boda balcánica con baile y desenfreno.

Goran Bregovic es un alma inquieta. Nació en Sarajevo, capital de Bosnia Herzegovina, de madre serbia y padre croata, con todo lo que eso conlleva. Comenzó estudiando violín, pero pronto descubriría que su música era el rock, llegando a ser figura de renombre en la Europa del Este con el grupo El botón blanco. Un buen día, a finales de los 80, algo cambió su rumbo, dedicándose entonces a crear la música de la película El tiempo de los gitanos, de su compañero generacional, fílmico y musical, Emir Kusturica.

Tras ese punto de inflexión, en su trayectoria aparecen diferentes bandas sonoras para su compañero, además de otros trabajos con su personal sello de identidad, aunque lo más interesante es que Goran Bregovic recoge la sabiduría, el valor y la alegría chirriante de las bandas de música popular de los Balcanes para hacerlas universales. Además, somete su sonido a una yuxtaposición de influencias procedentes de otros lugares, ya sea Bulgaria, Grecia o los aires más orientales del Este, sin renunciar a los densos brochazos de su aptitud rockera.

Con antiguos instrumentos de viento procedentes del ejército yugoslavo, con la utilización de su banda, de un cuarteto de cuerda y un coro de canto masculino, su propuesta destaca por cantidad y calidad. Con 19 personas sobre el escenario, su capacidad para contagiar el espíritu de su música, su ritmo y el deseo irrefrenable de bailar se convierten en algo absolutamente mágico y atrayente.

El concierto sirvió como pretexto para presentar en público su último trabajo Alkohol: Slijivovica & Champagne. El álbum ya publicado se corresponde con Slijivovica, el nombre de un popular licor yugoslavo y próximamente aparecerá la segunda parte, con aromas más afrancesados.

El espectáculo se inició rompiendo los cimientos del Palau. Mientras el cuarteto de cuerda salió a escena interpretando una tranquila melodía, la banda de bodas y funerales apareció atronadoramente por la puerta de entrada de la sala, con el sonido característico de trompetas, tubas y trombones.

Recorriendo el pasillo central, iniciaron una especie de diálogo con el cuarteto clásico. La escena describía la entrada de la música popular de la calle en el santo lugar de la música clásica. Una vez en el escenario, las dos cantantes de acompañamiento escoltaron a un Bregovic vestido de blanco, casi dispuesto al casamiento, y el chirriante y atractivo engranaje sonoro se puso en marcha.

Temas nuevos de Slijivovica y otros del próximo Champagne sonaron junto a conocidas composiciones de Bregovic. Venzinatiko de Alcohol, y la trepidante Gas Gas de la ópera Karmen de Goran Bregovic avec une fin Heureuse metieron dinamita en el cuerpo de los presentes.

El ritmo del concierto funcionó a la perfección. Bregovic sabe que no puede cansar a su audiencia con tanto desenfreno y así, después de uno o dos temas explosivos, llegaba el turno de temas más tranquilos y clásicos del folclore de su país, dando protagonismo al cuarteto y al coro masculino, de claras reminiscencias militares. Con esa alternancia, el espectáculo se prolongó durante dos horas y media. Temas como Maki, Maki, Ausencia,  o Cirbibela, de próxima aparición, cautivaban al personal hasta llegar a la traca final con el Twist de Underground o Ederlezi de El tiempo de los gitanos, en donde el dúo coral femenino mostró su poderío vocal.

Con la mayor parte del público bailando, los vises finales constituyeron la traca definitiva con la presencia de Bregovic y la banda de bodas y funerales, mostrando la verdadera esencia y simbiosis de la propuesta.

En su estrategia de campo, Bregovic parece especialmente contento en el centro de su trouppe. En primera línea, para marcar el envite, se sitúan los miembros de la banda y el coro femenino, mientras que en retaguardia espera su turno el cuarteto y el coro masculino, recayendo casi todo el peso en los que están al frente.

El autor toca la guitarra, canta, y acompaña al verdadero cantante del grupo, el joven Alen Ademovic, que sedujo por su toque de tambor y por su voz, en ocasiones, a medio camino entre el flamenco y el canto indio. A la vez, la labor del compositor se acerca más a la de un director de orquesta, estando pendiente de cada nota, de cada cambio de ritmo y de cuando debe de entrar cada sección. Quizás no hable demasiado en el transcurso de la actuación para explicar los temas, pero se muestra simpático, agradecido y dispuesto a darlo todo, incluso brindando con una buena copa de vino tinto.

El concierto encaró el final asaltando las trincheras. Mientras numeroso público bailarín se situaba en los aledaños más próximos del escenario, el resto saltaba en su posición. Con el sonido de la trompeta, el grito de guerra de Bregovic y el público gritando “al ataque” arrancó el conocido y divertido Kalasnikov. Tras este tema, la formación volvió a reagruparse al completo para interpretar Belly-Button of the world, una tranquila composición de Underground, que acaba convirtiéndose en un ciclón de emociones y de sonidos con todos los músicos tocando en una especie de consagración épica, sin tormento y con éxtasis.// Antonio Álvarez