Teatrodecerca | El Esperanza

LaEsperanza TeatrodeCerca
Teatrodecerca |  El Esperanza
Sala Fénix, Barcelona. Del 12 al 21 de diciembre, 2014

En la víspera de navidad, dos hombres se sorprenden a sí mismos con algo más que regalos. La tensión ya se manifiesta antes del encuentro, cuando uno de ellos, mirando hacia el público, parece esperar con inquietud a su amante y otrora amigo. Tiene para él un CD de villancicos que acabará por provocar algo de indiferencia en su remitente, pero que para el espectador de la obra que nos ocupa adquiere la importancia de la rota ilusión, del corazón hecho añicos.

El Esperanza habla de esa fina línea que separa los sueños y la realidad, y lo hace de la sensible mano de Oriol Grau y Paco Romero, soberbios en sus definidísimos personajes y con guión y dirección de Quique Culebras. Acolchan sus caricias y laceran sus palabras las músicas compuestas para la ocasión por Pau de Nut, cantautor, actor y violonchelista integrante de las bandas Evohé y Arte Nut. En su repertorio se barajan géneros tan dispares como pop-rock, jazz, chanson, bossa-nova y música barroca, incluyendo desde temas propios a covers de John Dowland, George Gershwin, Gavin Bryars o Frédéric Chopin, hasta piezas de Tom Waits, Björk, U2, Jacques Brel, Tim Buckley, Caetano Veloso, Leonard Cohen, Nina Simone, Armando Manzanero, Astrud o Nico, por citar sólo unos cuantos. En El Esperanza suena un intenso collage caótico de murmullos y cencerros que parece advertirnos de que toda comunicación entre personas está condenada al fracaso –y que, por tanto, sería mejor confiar en el lenguaje expresivo del cuerpo, más placentero y menos confuso que el verbo–.

En El Esperanza, los dos actores se desnudan exponiendo sus miserias frente al público con una absoluta naturalidad y un uso del tempo magistral. En la escasa hora de duración del espectáculo se entremezcla con talento socrático todo un abanico de sentimientos a flor de piel que van desde la más contagiosa simpatía a una empapadora tristeza, con algún exabrupto de rabia contenida. Sus diálogos nos duelen y conmueven a muy corta distancia, como si el público fuese un Voyeur invitado y silente que poco a poco acabará convirtiéndose en un testigo directo de lo no dicho pero sí sugerido. Lo que iba a ser una velada romántica se trastoca en drama amoroso, en poso amargo de represión, e incluso en confesión criminal, sin que el espectador pueda hacer nada por remediarlo, para poner fin a tanto sufrimiento ante la incertidumbre.

El miedo, que paraliza tanto la vida, se presume en muchos de los gestos y de las frases que Grau y Romero se intercambian entre sí. En escena, tan sólo encontrarán una mesa engalanada para una cena compartida por dos corazones solitarios que se devorarán el uno al otro, con apasionada entrega y receloso temor; a su lado, un escuálido arbolito de navidad aguarda a ser ornado, un símbolo perfecto de la enfermiza necesidad de adornar siempre la vida para que los días cotidianos no le resten brillo a la ilusión. Pero cuando servir la ensalada ya puede ser excusa para que estalle la tormenta, entonces conviene valorar si acaso no seguir adelante o bien saltar al precipicio con los ojos cerrados. Ojos que, por cierto, nos miran desde el escenario mientras los actores mastican su intimidad, usando su propia historia (en tiempo real) para, de paso, juzgarnos a nosotros mismos.

A Paco Romero le toca aquí el rol de alma sensible, idealista pero no ingenua, perseverante y ante todo esperanzada; a Oriol Grau –famoso por su vínculo profesional con el Terrat de Andreu Buenafuente, pero más relevante por su labor como recuperador de la sátira Dames e vells, sátira popular catalana de origen medieval– el papel de farmacéutico mal casado que se hunde en la pena arrastrando consigo a quien ya hace meses que dudó si seguir esperando.

Es ésta una obra que encoge el estómago y nos sacude con fuerza, reverberando aún sus efectos semanas más tarde. Al acabar, uno/a tiene la urgencia de abrazarse con sus seres queridos, incluidos los desnudos actores. La compañía Teatrodecerca, con una docena de espectáculos en paralelo, todos de pequeño formato y pensados para las distancias cortas, nos ha ofrecido una de las piezas más destacadas del año. Pero sería ingrato no reconocer que tanto la calidad del texto de Quique Culebras como el fondo sonoro de Pau de Nut, además del magnífico trabajo actoral de los dos hombres en escena. Sencillo, directo y tan frágil como un barquito de papel navegando en una palangana de agua, a punto del naufragio. Insistimos: una obra imperdible. + info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno