So Kalmery

so-kalmery.jpg So Kalmery
"Brakka system"
World Village / Harmonia Mundi, 2008

Cualquier enamorado de la música africana identifica inmediatamente la música de Congo con el soukouss, la rumba congoleña. Ese electrizante género al que tanto han legado maestros de la estatura de Franco o Papa Wemba. Pero como en todos los sitios cuecen habas y la diversidad musical se gesta en base a las latitudes de los grupos étnicos, son muchos otros los estilos que se practican en este estratégico país centro africano. Es el caso del brakka, de quién es abanderado el veterano guitarrista y cantante So Kalmery. Una traducción vaga al castellano de este término sería algo así como "principio de infinito" o "principio de la mente", un concepto que suena un tanto metafísico y en cierta sintonía y que encajaría perfectamente en el psicodélico flower power californiano. Lo que si es cierto es que las sonoridades de las que hace gala se pasean por un híbrido en el que el soul, el funk y el blues fluyen sin esclusas en canciones como Hey mama Lisa, Brand new day o Kamitik soul. En el que es su quinto álbum, y su puesta de largo con el sello World Village, las referencias a la música afroamericana no son gratuitas. De hecho, en Waria el intérprete pasa lista a leyendas musicales como John Lee Hooker, Marvin Gaye, Barry White, Jimi Hendrix, Bob Marley, Dizzy Gillespie, Miles Davis o John Coltrane; sin olvidarse de compatriotas como las enormes divas Mpongo Love y Abeti Masikini, y otros autores continentales de renombre como el camerunés Eboa Lotin, el nigeriano Prince Nico Mbarga y la sudafricana Brenda Fassi. Un buen muestrario del cuaderno de bitácora que guía sus pasos. Como buen panafricano So Kalmery se expresa en francés, inglés y swahili. Y además de valerse de instrumentos eléctricos al uso recurre al exotismo a base de didjeerido australiano, oud árabe y percusiones varias. Hay que decir que el talento de este musicazo está en consonancia con los artistas para los que ha trabajado, desde la sudafricana Dorothy Masuka hasta el ya mentado Papa Wemba. El álbum, que bascula entre los extremos del fornido blues de Harembe y la etérea balada que es Sema, atrapa por la utilización magistral de un lenguaje musical directo y universal. El de un certero boomerang que vuelve a casa después de ser arrojado a la diáspora con excelente puntería.Myspace // Miguel Angel Sánchez Gárate