Sinouj


“Labu”, Youkali Music, 2017

Los Rolling Stones quedaron prendados por las sonoridades norteafricanas de la música gnawa. Algo parecido le ocurrió al pianista afroamericano de jazz Randy Weston. Por no olvidarnos del estudioso de la música sefardí Luis Delgado. La esencia del Mediterráneo y del Magreb ha cautivado desde los tiempos inmemoriales. Un influjo al que tampoco escapa Sinouj. Los lazos entre distintas culturas del Mare Nostrum, e incluso latitudes distantes que llegan al Golfo de Guinea, son patentes en este disco que aboga por la hibridación musical. En este proyecto se dan la mano curtidos artistas del circuito madrileño. El timón compositivo de la nave lo dirige Pablo Hernández (saxofonista en Ogun Afrobeat, Free Hole Negro o Talk!, y colaborador habitual de Gecko Turner, Jorge Pardo o Javier Paxariño). Y entre sus avezados marineros encontramos al violinista tunecino Larbi Sassi, genio y figura magrebí, el bajo de Javier Heras (Muchachito Bombo Infierno, Anaut , Vinilla Von Bismarck), el batería Akin Onasanya (jefe de mando en Ogun Afrobeat) y los teclados y programaciones del napolitano Sergio Salvi (Cosmosoul, DELAPORTE). En anteriores entregas, sus álbumes La fiche (2014) y Were (2012), se rodearon de escuderos con pedigrí, léase Damian Nueva, Luis Taberna, Javier Paxariño, Jorge Pardo, Ariel Brínguez, Niraj Singh y Alana Sinkëy, dejando clara su amplitud de miras. Para esta nueva entrega no escatiman en su lista de invitados, y se valen del buen hacer del brasileño Munir Hossn, el iraní Kaveh Sarvarian y el bosnio Miron Rafajlovic.

El saxo, el violín árabe o el ney persa tejen una tela de araña que atrapa como una flauta de Hamelin, e invita al oyente a iniciar un periplo que se inicia en la ambientación marroquí de Essaouria, con unos cánticos que parecen producidos por la garganta de un muecín llamando desde el minarete a la oración. De allí saltan fronteras hasta Sudán en las dos partes de esa especie de suite que es Nuba. El logrado maridaje entre jazz y música arábiga-mediterránea queda manifiesto en Samawé, una pieza con latido oriental que destila vigor y un fantástico diálogo entre saxos y teclados. Space shake empieza con unos arreglos de lo más espaciales para luego ir ganando brío y el característico tono que imprimen sus efluvios árabes. En su parte central Trop destila la energía eléctrica del Miles Davis de Bitches brew con una estética bastante free-jazz. El aire misterioso y de thriller de Siete pasos y medio podría ser la banda sonora perfecta para acompañar una persecución de película por las estrechas calles de un zoco árabe, con esos crescendos lacerantes de violín que recuerdan a la Mahavishnu Orchestra más rocosa. De la misma forma que los cosmopolitas Meï Tei Sho, que no andan muy alejados de los preceptos musicales de la banda que nos ocupa, el discurso que promulga Sinouj es el de levantar puentes en el que las fusas, corcheas y semifusas naveguen sin temor a atracar en puertos que a pesar de considerarse lejanos sin embargo parecen próximos. Porque a fin de cuentas los hombres y sus músicas no somos tan distintos entre si. + info I Relacionados I Miguel Ángel Sánchez Gárate