Santi Vega

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Santi Vega

“El jardín de las flores efímeras”,Resistencia 2013

Santi Vega, un gran músico, desconocido para la mayoría, que ha dejado huella especialmente desde la publicación del recordado y querido disco Isla Mujeres, presenta ahora su último trabajo, El jardín de las flores efímeras, dedicado en exclusiva a la guitarra y a los sonidos más flamencos de su mente creativa. Con una portada colorida y atrayente, obra de Carlos Franco, su aparición coincide con la edición de un triple CD, 25 años. Santi Vega Works, con el que parece celebrar su trayectoria en el mundo de la música con 15 obras en su haber y la realización de 150 bandas sonoras para películas y documentales. ¡Poca cosa, no! Madre mía, con semejante bagaje y ahí sigue, abanderando el arte de los no llamados a triunfar en el recinto de las grandes audiencias.
Vega ha dedicado este trabajo a la guitarra y a las sonoridades flamencas, aunque siempre desde una aproximación, una inspiración con su propia manera de entenderlas. Desde su propia perspectiva crea un sonido flamenco que se sitúa prácticamente en márgenes más próximos a sonoridades jazzísticas y populares. Sin acompañamiento musical, con un toque limpio y sencillo, sin demasiadas complicaciones armónicas, y con una clara sensación positiva y de contagio, Santi Vega ofrece un trabajo leal para cualquier tipo de público. Navega por el flamenco, pero salta sobre las olas para sentir aires frescos de otras procedencias.
El primer tema que da nombre a la obra constituye una declaración de principios de lo que viene a continuación. El corte Espiral constituye quizá uno de los elementos más complejos, mientras que el resto constituye un agradable viaje sonoro de ensoñación y perfumes variados.

El disco se cierra con Paz, un tema que constituye un canto al optimismo, toda una descripción de un estado de ánimo equilibrado, iluminado por el sol. En una tonalidad menor, prácticamente solo con acordes y marcando el ritmo, sin ninguna digitalización, dibuja un pentagrama sin fisuras, eficientemente gratificante y sin edulcorar, magnético y envolvente, que constituye uno de los momentos álgidos de la obra.
Con El Jardín de las flores efímeras, Santi Vega parece volver a la vida más pública, pero lo hace sin demasiado ruido, sin pretensiones, pero con la dignidad y la honradez de ejecutar un buen trabajo. Creatividad y textura humana se entrelazan en este gratificante álbum. + InfoAntonio Álvarez