Ry Cooder

ry-cooder.jpg Ry Cooder
Sant Jordi Club. Barcelona
30 de junio de 2009

No es Ry Cooder de los que se prodiguen en hacer giras y actuar, así que perderse la oportunidad de verlo me parecía un atrevimiento muy grande. Más aún si venía acompañando de otro personaje digno de admiración y gran cómplice del californiano, el inglés Nick Lowe. La pena fue que el mexicano y rey del acordeón fronterizo Flaco Jiménez, que también estaba anunciado, se tuvo que quedar en casa por unos problemas que le provoca una hernia fiscal. En esta ocasión la formación se completó con el propio hijo de Cooder, Joachim, y los coros de Alex Lilly y de Juliette Commagère. Está última, junto a su banda, fue la encargada de “calentar” el ambiente con una sugerente propuesta a tener en cuenta, además es la nuera de Ry Cooder. Tras la americana, salieron los anti-divos de la noche. Cooder se mantuvo casi todo el tiempo en un segundo plano, mientras Lowe tomó más protagonismo, se mostró bastante simpático y era quien normalmente se dirigía al público. Así fue que en cuanto salió preguntó irónicamente que hacíamos allí sentados si en ese mismo momento estaban tocando U2 en Barcelona. Personalmente creo que en el “pequeño” escenario del Sant Jordi Club había concentrada mucha más historia musical que en el mastodóntico del Camp Nou. Y esa era también una duda sobre que repertorio sería el elegido. Ry Cooder tiene una carrera de más de 40 años y su guitarra ha sonado junto a artistas tan diversos como Taj Mahal, Van Morrison, los Rolling Stones, Ali Farka Toure, el Buena Vista Social Club, etc. etc., sin olvidar sus extraordinarias bandas sonoras con Paris, Texas a la cabeza. Además lo último acreditado es esa trilogía californiana donde rememora la época y lugar de donde procede y que está formada por Chávez Ravine (Nonesuch, 2005), My Name is Buddy (Nonesuch, 2007) y I, Flathead (Nonesuch, 2008). Y sin olvidar que acaba de aparecer el doble recopilatorio The Ry Cooder Anthology The UFO Has Landed (Nonesuch, 2008). Pero por el otro lado estaba el señor Lowe que posee otro inacabable e interesante currículo como músico, productor y hasta creador de tendencias, musicales claro. Aunque el punto de unión entre ambos nos llevaba a Little Village, un efímero pero recomendable grupo que reunió a los dos creativos junto a los reivindicables John Hiatt y Jim Keltner. Y esa sí que fue una buena pista. Al final cayeron casi una veintena de temas que se repartieron entre los repertorios de ambos, en el común de Little Village y también algunos ajenos y que no se centraron en ninguna época concreta. Cooder a la derecha iba desgranado sus elegantes, imaginativos y atemporales solos de guitarra slide, mientras Lowe mantenía con mesura la pulsación de su bajo y Joachim aportaba con aplomo y sutileza la base rítmica. La complicidad y el buen feeling entre ambos también sumó puntos positivos al concierto. A veces la voz solista la llevaba uno y al siguiente tema era el otro. También las mentadas coristas se llevaron su merecida parte de protagonismo. Todo empezó con Fool Who Knows (de Little Village) siguió con Fool For a Cigarette donde Cooder ya brilló con su slide, luego Vigilante Man, un tema de Woody Guthrie que Cooder recuperó en forma de blues, Losing Boy otro rock antiguo que recuperó Lowe y el rítmico Chinito Chinito. De todos los temas quizá destacamos el éxito de Lowe, Half a Boy and Half a Man, o la preciosa Teadrops Will Fall. Tras el teórico fin del concierto aún sonaron el clásico What’s So Funny ‘Bout Peace, Love & Understanding, éxito compuesto por el inglés y que Elvis Costello hizo famoso, y la alegre Little Sister. Y esa forma de mezclar las canciones es parte de la maestría de estos catedráticos del buen gusto, son capaces de pasar del pub rock, al mambo, a un rock fronterizo, a un blues o a una ranchera, sin perder un ápice de naturalidad.
Ver a estos dos veteranos resultó tan estimulante como pasar una tarde soleada en una bonita terraza frente al mar y con una buena cerveza fresquita. Y espero que esta comparación se tome en el mejor de los sentidos. // Miguel Amorós.