Rubén Blades y Roberto Delgado & Orquesta

Blades OrquestaRobertoDelgado
Rubén Blades y Roberto Delgado & Orquesta

Teatro Gran Rex, Buenos Aires 30 de abril de 2014

La lista de adjetivos calificativos para describir el show que ofreció Rubén Blades junto a la orquesta de Roberto Delgado, podría ser eterna. Casualmente, todos los que se me cruzan por la cabeza terminan en “ante”, “oso” y “ble”, lo que no es casual es que todos esos adjetivos tengan una connotación positiva. Impresión-ante, maravill-oso, admira-ble… y en ésa línea, déjate llevar por tu imaginación.

“Cantos y cuentos urbanos” se titula el espectáculo en el que “el poeta de la salsa”, se desnuda para narrar en primera persona las historias que lo forjaron desde su más temprana infancia. Acompañado de una formación descomunal compuesta por 12 músicos infernales, se presentó el pasado 30 de abril en uno de los clásicos teatros de la calle Corrientes, “la calle que nunca duerme”, me refiero al mítico Gran Rex de Buenos Aires.

El artista panameño lo dio todo. Y cuando digo “todo”, quiero decir “todo” porque cantar durante más de tres horas y media, no es un dato menor y menos a sus 65 años. En ése tiempo record, el exponente de la salsa más importante del mundo hizo gala no sólo de su carisma y de una voz impoluta, también de sus dotes actorales como frontman a la hora de narrar entre canción y canción las andanzas con sus amigos: Gabo, Héctor, Paco o Cheo (Gabriel García Márquez, Lavoe, De Lucía y Feliciano, respectivamente) que bien supo entrelazar con recuerdos de otra índole; como cuando se graduó en Harvard para su madre porque ella no pudo verlo recibirse de abogado en Panamá. También rememoró con una sonrisa el consejo de su padre de que conozca Buenos Aires alguna vez en su vida, “en caso de no poder conocer París” y algunas anécdotas de su abuela feminista en una época donde ni siquiera existía esa palabra, dio detalles puntuales de cuando se postuló para la presidencia de su país natal, y, entre dimes y diretes, aprovechó para remarcar, por si a alguien le quedaba alguna duda, sus ganas de reincidir en las próximas elecciones del 2019.

Sabido es que Rubén Blades es un artista integral. Canta, compone, escribe, actúa y todo lo hace de maravillas, pero fue en su directo cuando descubrí que además, tiene un don. Es un innato contador de cuentos. Quizá sea por eso que hace ya más de cuatro años que encanta al público con su show “Cantos y cuentos urbanos”. He ahí su razón de ser.

Respecto al repertorio elegido, ninguna objeción. De las canciones que uno esperaba que interprete, hizo todas o casi todas. Cantó Desapariciones, El cantante, Plástico, Cuentas del Alma y Pedro Navaja (canción por la cual Gabriel García Márquez, según las propias palabras, hubiera cambiado toda su literatura con tal de componerla), entre otras. Sin embargo, “Todos vuelven” merece una mención aparte. Con los primeros acordes comenzaron a sucederse en una pantalla gigante los retratos de sus amigos artistas recientemente fallecidos como Mercedes Sosa, Luis Alberto Spinetta, Lou Reed, Paco de Lucía, Cheo Feliciano y su queridísimo Gabriel García Márquez. Especialmente en esa canción, Blades dejó su alma y el auditorio lo abrazó en un silencio absoluto y de ésa forma les rindió su más sentido homenaje.

En su repertorio también incluyó “Ojos de perro azul”, canción que pertenece “Agua de luna”, el único disco de Blades que en su momento, no fue bien recibido por la crítica y que contiene varias composiciones inspiradas en textos de su gran amigo Gabo, como ésta que acabo de mencionar. Lo remarco porque éstas son las cosas que describen a Blades de la cabeza a los pies, sombrero incluido. Sabe cómo congraciar a su público, pero como ésa es una de las que le gustan a él, se la canta. Si hasta bromeó al respecto diciendo que solo dos copias se habían vendido de aquel álbum: la que el compró y la que adquirió de buena fe el escritor colombiano, y agregó: “Si son capaces de cantarla, es porque se aprendieron el cuento de memoria”. Otro claro ejemplo de cómo funciona Blades.
Un concierto sin parangón, plagado de anécdotas, humor y enseñanzas en el que, como si esto fuera poco, tuve la extraña sensación de que mientras Blades cantaba, iba respondiendo a las preguntas que yo le hubiera formulado en la entrevista que no se concretó. ¿Qué más se puede pedir? + Info | María Eugenia Montenegro