Rosa Zaragoza

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Rosa Zaragoza
“Cuando se caen las alas del corazón”, Karonte ,2014

Con su trabajo, Cuando se caen las alas del corazón, Rosa Zaragoza cierra un ciclo alrededor de la existencia, de su inicio y de su fin. Si antes fuera, Nacer, renacer, un disco lleno de vida, de la vida que festejaba, de la nueva vida que llegaba; aquí nos habla de la vida que se va, que se ha ido, pero que no por ello hemos de apartarnos de esa realidad, aunque nos lleve al llanto, al dolor. “Creo que es mejor vivir las pérdidas de nuestra vida con conciencia y autenticidad para, después, poder seguir viviéndola con alegría”; la propia Rosa Zaragoza, define así su voluntad al hacer este disco. Porque es éste, como lo fueran casi todos los 14 discos anteriores publicados, un disco que nace de sus vivencias y con una intención. Así nos explicaba ella, en una extensa entrevista que hicimos hace un tiempo, más una conversación que una entrevista, y que fue publicada en estas mismas páginas [http://www.b-ritmos.com/hablamos-con/rosa-zaragoza], que sus proyectos enlazan, muchas veces, con su vida, como cuando hizo el precioso y complejo disco, Canciones de cuna del Mediterráneo, que presentaba diciendo: “Le dedico este disco a mi hijo, que aún no está pero le quiero mucho…” Antes de un año, se quedó embarazada.

Sus trabajos están, debido precisamente a su relación con su vida, con la vida, llenos de contrastes, con, podríamos decir, dos constantes: la mujer y la libertad. Porque, como ella nos decía sonriendo: “Algunas vivimos dentro de un cuerpo de mujer…”, y su idea es que las mujeres vivan dentro de su cuerpo de una forma plena, libre, consciente, sin miedos, sin complejos, protagonistas del mundo que las rodea. Fue con esas premisas como pudo hacer trabajos como el citado Nacer, renacer; Erótica mística, un espectáculo de música y danza que mezclaba canciones de las tres culturas de nuestra península, y que inauguró el Festival de Música Mística que ella misma dirigió durante las dos temporadas que se hizo; La danza del alma, que subtituló, Meditaciones en movimiento, donde decía que estaba pensado para que: “Quienes lo escuchen y quienes lo vean tengan muchas ganas de cantar y bailar y sientan que no es necesario saber”; y, por supuesto, su anterior trabajo, el magnífico, A la luz de la risa de las mujeres, cuya intención, ella explicaba, era: “Hacer un disco para las mujeres, que se sintieran gozosas de ser mujeres.” Esas mujeres que ella concibe en libertad, como cuando, junto a sus primeros trabajos sobre el repertorio sefardí, del cual es una experta estudiosa, mezcló la tradición árabe y la cristiana para acercarse a esa libertad que emana de la fusión de culturas y de la ausencia de absurdos y excluyentes fanatismos.

Con estos antecedentes, Cuando se caen las alas del corazón, este sincero e íntimo disco, si se puede calificar así algo que se expone públicamente, y del que ella dice que: “Está hecho con mis lágrimas”, rezuma eso, sinceridad, intimidad, presencia humana, no solo por los temas escogidos; ni por el tratamiento de los arreglos musicales del magnífico Eduard Iniesta; ni por las interpretaciones de la cantante. Rezuma todo esto porque, como siempre, Rosa Zaragoza nos canta desde el corazón y nos transmite toda la sabiduría que la vida le ha ido concediendo.

Como es normal en sus últimos trabajos, los trece cortes del disco beben de diversísimas fuentes, desde la autoría personal, a la adaptación de temas de la más variada procedencia, como veremos haciendo un repaso de cada uno de ellos:

La Tristeza, es la primera canción del cedé. Una canción compuesta por ella misma que es como una declaración de intenciones, o mejor de sentimientos, los sentimientos que nos va a ir trasmitiendo a partir de ahí. Como explica, la música está inspirada en un Stabat Mater napolitano, para la que ha compuesto una letra, desde sus interior, que canta junto a Gabriela Ahumada.

Bel amour, es uno de los temas de la banda sonora de la película La Délicatesse, de David y Stéphane Foenkinos, compuesta por Émile Simon. Una canción de amor y entrega que cuenta, en su interpretación, con la colaboración del cantante de Guinea-Bissau, Mu.

Es ahora, Elegía, la poesía de Miguel Hernandez, llena de rabia y a la vez de ternura, ante la desaparición de un ser querido, que musicó Joan Manel Serrat, y que, como explica Rosa Zaragoza, escuchó más de cien mil veces cuando murió su padre, teniendo ella 15 años. Una versión, la que hace aquí, extraordinaria, más siendo una canción tan conocida y tan cantada, imprimiendo ella su personal visión de la misma, logrando uno de los momentos culminantes del disco.

Romaria es una canción tradicional brasileña en la que también se acompaña de Mu, mientras nos hablan de una vida frustrada, llena de momentos tristes, pero en la que se atisba, al final, un rayo de esperanza.

Giuseppe de Marzi es un compositor y director de corales italiano que entre sus más de cien canciones de inspiración popular, compuso esta Signore delle Cime [señor de las cimas] que nos trae aquí Rosa Zaragoza, y que canta junto a Cristina Falcinella. En un momento determinado se oyen unos lloros infantiles de fondo, que, como explica la cantante, proceden de Ada, el bebé de la italiana que ella tenía en brazos mientras cantaba y que se enfadaba todo el rato por no poder coger el micrófono.

Non potho reposare, es una de las canciones más bonitas escritas en lengua sarda.  Compuesta a principios del siglo XX por Salvatore Sini y Giuseppe Rachel, se hizo muy famosa en la versión del desaparecido cantante sardo Andrea Parodi, acompañado por el guitarrista estadounidense Al Di Meola. Es un tema de amor que ella, con el añadido de una estrofa que la cantante sarda Maria Carla hizo en su momento, convierte en un canto de amor perdido. Aquí es la cantante ampurdanesa Rusó Sala, la que la acompaña.

Y es precisamente una canción de esa cantante, Mantra de l’adéu [mantra del adiós], la que oímos a continuación. Un tema que Rusó Sala compuso a raíz de la muerte de su abuelo y que canta aquí junto a la propia Rosa Zaragoza.

Es ahora de Henry Purcell, el compositor barroco inglés, del que oímos el tema Dido’s lament [ lamento de Dido], de la que fuera realmente su única ópera, Dido y Eneas. Un momento previo al suicidio de Dido, donde reflexiona sobre el dolor que va a causar a su amiga Belinda, que se ha constituido como una de las arias más famosas de la ópera, y que aquí es cantada de forma no operística, por lo que pide disculpas, por una inspiradísima Rosa Zaragoza.

Negra Sombra, es una poesía de la gallega Rosalía de Castro, que musicó Xoán Montes a finales del siglo XIX. Un tema lleno de tristeza y melancolía que aquí Rosa Zaragoza interpreta en gallego, mientras el poema habla de la resistencia a olvidar y a aceptar la pérdida.

El tema tradicional sefardí, uno de aquellos con los que la cantante empezó su carrera artística, Árvoles lloran por lluvias, así, con uve, es un compendio de amor y desespero por el desarraigo que la huida comporta. La ha unido, al final a una tristísima melodía que, como ella dice: “Conocen bien los judíos” y que interpreta con su voz.

Otra canción compuesta por la cantante, esta vez la letra, sobre un tema del compositor israelí de origen ucraniano, Mordechaï Zeïra, es, La muerte cuando esperas vida. Nos habla de la terrible experiencia de la pérdida de un bebé, también con un mensaje de esperanza, al final de la misma.

Ahora es una canción popular catalana, Anima morta [ánima muerta]. Esta vez, junto a la cantante mallorquina, Miquela Lladó, interpretan esta especie de romance donde el enamorado, cuando vuelve de la guerra, encuentra a su amada muerta y enterrada, y se acerca a la tumba para mantener una conversación con ella.

Finalmente, Tanto tiempo, que es un regalo, como explica, que le hizo Laura Aguirre, su compositora, que también canta junto a ella, en tiempos muy dolorosos para ella y que fue un bálsamo maravilloso en su momento. Pura sensibilidad, para acabar el trabajo.

Aunque realmente no acaba aquí, porque para cerrar el libreto, Rosa Zaragoza ha seleccionado tres poemas que, como dice: “Me llegan al corazón”. Son los de Mercè Ubach, recordando la muerte de su padre; Aurora Saura, en memoria de su abuela Aurora; y el conocido soneto, A Mercedes en su vuelo, que compuso Federico García Lorca, dedicado a la hija de unos conocidos, que acaba así: “Que nosotros aquí de noche y día/ haremos en la esquina de la pena/ una guirnalda de melancolía”.

Cuando se caen las alas del corazón es un disco muy especial, tanto por su temática como por su intención y su contenido. Un disco que va más allá del puro placer estético, aunque éste está presente en todo momento, gracias a la intervención de Eduardo Iniesta como productor y arreglista; a las cantantes y al cantante que la acompañan, y que hemos ido citando, inspiradísimos todos ellos; a los músicos, Dolors Almirall, Manolo Martínez del Fresno, Johannes Nästesjö, Jordi Rayo, Cati Terrassa, y el coro infantil de la Coral de la Escuela Concertante, dirigidos por Francesc Pagès; a las composiciones elegidas; y, por supuesto, a la propia Rosa Zaragoza, que con una voz fresca y expresiva, nos va cantando y contando las canciones. Nos decía Eduard Iniesta que, a lo mejor, no era éste un cedé para vender miles y miles de copias, posiblemente por el tema que trata; nosotros pensamos que, a lo mejor por eso mismo, por un tema, el de la muerte, presente en la vida de todos, sería una grabación que no debería faltar en ninguna de nuestras discotecas. + Info | Relacionados | Escucha el programa | Federico Francesch | DESAFINADO RADIO