Rokia Traoré

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Rokia Traoré

“Beautiful Africa”, Warner Music 2013

Desde su  tercer disco Bomboi (2003), Rokia Traoré ha mantenido tres constantes en su obra. Desde el punto de vista musical, no ha olvidado en ningún momento sus orígenes ni las enseñanzas de Alí Farka Touré tan importantes al principio de su carrera. Tampoco, en ese aspecto, ha querido ser ajena a la realidad que la rodea en un mundo alejado de sus raíces y que ella, desde muy pequeña, ha conocido, y por ello siempre ha buscado una complicidad con artistas y músicos de ese entorno. El tercer aspecto se refiere a la temática de sus composiciones: sus letras siempre han tenido y tienen un contenido y una intencionalidad que la ligan a la realidad en que vive y sobre la que opina e intenta contribuir a cambiar, desde la cultura. Y sobre estos tres pivotes, Rokia Traoré construye su carrera. Musicalmente en sus primeras etapas se decantaba más hacia lo tradicional; ahora está experimentando preferentemente con lo que podríamos decir, para entendernos, estructuras musicales más occidentales. Respecto a los textos, se mantiene e incluso se incrementa, si es posible, su necesidad de transmitir sus ideas a aquellos que, bajo su criterio, pueden reflexionar a partir de  sus palabras.

El título del disco, Beautiful Africa, nos da una pista sobre el posicionamiento de Rokia Traoré.  Dice la cantante: “Nunca llamaría así a un disco si Malí no hubiera estado en esa situación, pero necesitaba escribir, salir de alguna forma del espíritu que me envolvía en ese momento”, refiriéndose a la expansión de los rebeldes islamistas de la región de Azawad por el norte de Malí a principios del año pasado. Y aunque Beautiful Africa es una canción compuesta en el último momento, a raíz de las luchas en su país, todo el disco transpira ese espíritu rebelde y reivindicativo que da ella a sus trabajos. Además, confiesa que ha perdido aquel primitivo pudor que le impedía hablar de los demás, porque le daba la sensación de meterse en sus vidas, de decirles que decisiones tenían que tomar, que ahora con la edad: “Se gana en confianza, sabe una de antemano hacia dónde va, y los pudores y los miedos desaparecen

Desde el punto de vista musical Rokia Traoré quería profundizar en aquel sonido que ya se intuía en sus anteriores trabajos, especialmente en Tchamantché (2008), como explicaba Miguel Amorós al comentar el disco en estas páginas. Pero en Beautiful Africa la cantante quería ir un poco más allá y por eso contactó con el productor inglés John Parish, conocido por sus colaboraciones con P.J. Harvey, entre otras, porque, explicaba: “Necesitaba trabajar con alguien cuya cultura natural se basar en este género”. Pero, y esto es fundamental para entender a esta artista, ella no está hablando ni pensando en fusiones ni mezclas más o menos acertadas. Lo que quería, lo que quiere, es buscar su forma personal de transmitir la música de Mali, pero sin ninguna ruptura entre su cultura y la de occidente: “Cuando se conoce la música africana, lo que es interesante es darse cuenta de que sus raíces están en todos los tipos de música, (…) y por eso me da tanto placer escuchar rock”. Una declaración de principios que hacía la artista y que nos ayuda a comprender esa forma personal que tiene de entender el hecho musical. En esta unión entre músicas, entre ritmos que se empujan unos a otros desde diferentes perspectivas, la voz de Rokia Traoré brilla por encima del sonido que se ha creado a través de una mezcla de músicos malienses (Mamah Diabaté al n’goni, Fatim Kouyaté y Bintou Soumbounou haciendo los coros) e instrumentos europeos (Stefano Pilia, guitarrista italiano, el contrabajista danés Nicolai Munch-Hansen, el batería británico Seb Rochford) y un percusionista vocal (el beatboxer australiano Jason Singh)

Casi cinco años ha tardado Rokia Traoré en traernos su nuevo álbum. En parte ha sido por los trabajos que ha ido haciendo en este tiempo, como la música de una Desdémona de Toni Morrison y Peter Sellers, una colaboración con l’Orchestre National de Jazz, una gira de homenaje a Billie Holiday, y su fundación, la Fundación Passarelle que creó con la idea original de ayudar a dieciséis jóvenes a prepararse en el mundo de la canción, de la danza, de los escenarios… Pero además de a esta frenética actividad, la tardanza se debe también, comentaba, a que ella: “Quería rodar el disco antes de grabarlo para que desprendiese la misma energía que en sus directos”.

Y con estas premisas, tras una portada en la que la vemos descalza, con sombrero y un vestido con tinte tie-dye (anudado y teñido), sentada sobre un amplificador y con su característica y emblemática guitarra francesa Lâg Roxane junto a ella, cuyo sonido estará presente en todo el álbum; empieza el disco con un ritmo de batería, sin adornos, seguido de la guitarra, el n’goni y la voz de Rokia Traoré, todo ello como una invitación para que nos adentremos en ese mundo que han creado. Es Lalla (Tal vez), primer tema del trabajo que ya nos sitúa en el discurso con contenido que Rokia Traoré extenderá por todo su disco. “La certeza es relativa / la humildad suaviza las convicciones” explica solemnemente al hablar de la incertidumbre de los hombres al tener que tomar decisiones.

Rokia-Traore-Beautiful-AfricaLuego es Kouma (Discurso) a ritmo de seis por cuatro, muy marcando, y con protagonismo de los coros, mientras la cantante nos dice cosas como: “La palabra es una brasa ardiente,  / que se suaviza en la boca del erudito / quema la lengua del inculto / y se enciende entre las manos del imprudente”.

En Sikey (Hablar abiertamente) dice que lo que quiere es proclamar la felicidad de dedicarse a la música. Empieza con un groove sincopado y enérgico que se transforma, casi a la mitad del tema, en una melodía más pausada. “Yo soy artista, / Tu opinión no me importa, / Mi camino está trazado: / La música, el escenario!” reivindica.

Ka moun kè es un tema de amor, donde una mujer le dice a su amado que le explique qué es lo que quiere que haga por él.  Rokia Traoré es bambara, y el bambara es una lengua con una música con tonos muy diferente a la de la cultura mandinga, que tiene sus propias tonalidades que ella no dominaba. Estuvo estudiando la música clásica griot para un proyecto, Damu, que se basaba en un cuento que ella misma había escrito inspirado en la cultura mandinga. Este proyecto la permitió comprender mejor la tonalidad mandinga hasta llegar a hacer esta canción de amor, Ka moun kè (¿Qué puedo hacer?). Una melodía aparentemente simple, donde se pregunta con alegría: “¿Qué puedo hacer por ti mi amor? /¿Qué es lo que deseas, qué quieres de mí?” Imprescindible una versión del tema que interpreta la cantante con la única ayuda de las percusiones vocales de Jason Singh (video adjunto).

Mélancolie (Melancolia) es la única composición cantada exclusivamente en francés. Un homenaje a esa: “Melancolía, / compañera fiel de mi soledad”, a la que canta, con un n’goni protagonista evidenciando el virtuosismo de Mamah Diabaté con el instrumento.

N’Téri (Querido amigo) es un canto a la amistad, donde explica los deberes y la grandeza que esta comporta. Con el acompañamiento de su guitarra, la percusión, el n’goni y sutiles punteos de fondo de otra guitarra, va explicando sus ideas de forma pausada con estrofas cargadas de suntuosidad en la extensa letra que forma el texto, con un consejo final: “Querido amigo, / aprovechemos el tiempo” para el que se permite acelerar el ritmo, y contar con las voces del coro para reafirmar su idea.

Tuit Tuit (Pío, Pío) es un homenaje a la belleza de las aves migratorias, con un optimismo que se transmite musicalmente. “La angustia no lleva a nada, / la impaciencia es fútil (…) / Solo cantan para mí / la vida es bella, bella, bella…” explica, mientras ella y sus coristas imitan los sonidos de los pájaros.

Como hemos explicado, la canción que da título al álbum, Beautiful Africa, fue un tema añadido a última hora, por los acontecimientos descritos, y en ella combina el bambara con el francés y el inglés, posiblemente para que su mensaje llegue mejor a todo el mundo. “El conflicto no es la solución” y “África, te amo” son frases que se repiten a lo largo del tema, con un final súbito, que nos deja la sensación de que esta situación ha de pararse de golpe. Puede que sea en este  tema donde notemos más la influencia de John Parish, posiblemente por estar escrita en dos días y con la urgencia de la grabación. Rokia Traoré dice: “En lugar de cantar  letras amargas, quería expresar algo hermoso en el fondo, el amor que siento por mi país y mi continente”.

Acaba el disco con Sarama, una preciosa balada, que es una oda a la gracia y el coraje de las mujeres de Bamako y a las de África en general: ”Cada día se visten como una reina, / con vestidos azules, rojos, amarillos. / Las mujeres de Bamako son hermosas (…) Cada día se enfrentan a su destino / sin camisa, descalzas, bajo el sol. / Las mujeres de África son fuertes”.

Rokia Traoré es una maliense que pasó gran parte de su vida fuera de Mali, aunque luego volvió a su país. Y en su música, en sus letras, es evidente esa identidad cultural que ella se ha creado partiendo de lo que su familia le transmitió, pero también de lo que los diferentes países donde vivieron la aportaron. Tuvo que estudiar su lengua, su cultura, que no conocía lo suficiente, hasta lograr su proyecto: “Hacer música contemporánea maliense”. Llevar su cultura a occidente y la cultura occidental a su pueblo es el camino. Una mujer que siempre está creando, con una gran diversidad de frentes abiertos, consciente de que no quiere hacer lo mismo dos veces, de que: “Cada proyecto es una nueva experiencia y una oportunidad de aprender cosas nuevas”. Que piensa que: ”La música es posiblemente la mejor manera como los africanos pueden mostrar lo que es para ellos África. Con la música y el arte, la cultura en general, que puede hacer que estén más seguros y confíen más en sí mismos y en su propia capacidad”.

Rokia Traoré es, desde el punto de vista musical, un puente entre África y occidente, pero sin la obligación de que tenga que perder uno de los dos participantes en el intercambio. Sin que una cultura engulla, colonice a la otra. “No somos nada sin el otro, pero hemos de hacer un equilibrio con otro concepto: ser uno mismo” Y así, de esa voluntad, de ese respeto mutuo, surgen su música y sus ideas, que plasma en trabajos tan magníficos como este Beautiful Africa. + Info | Relacionados | Escucha el programa Federico Francesch | DESAFINADO RADIO

Rokia Traoré
“Beautiful Africa”, Warner 2013

Desde su  tercer disco Bomboi (2003), Rokia Traoré ha mantenido tres constantes en su obra. Desde el punto de vista musical, no ha olvidado en ningún momento sus orígenes ni las enseñanzas de Alí Farka Touré tan importantes al principio de su carrera. Tampoco, en ese aspecto, ha querido ser ajena a la realidad que la rodea en un mundo alejado de sus raíces y que ella, desde muy pequeña, ha conocido, y por ello siempre ha buscado una complicidad con artistas y músicos de ese entorno. El tercer aspecto se refiere a la temática de sus composiciones: sus letras siempre han tenido y tienen un contenido y una intencionalidad que la ligan a la realidad en que vive y sobre la que opina e intenta contribuir a cambiar, desde la cultura. Y sobre estos tres pivotes, Rokia Traoré construye su carrera. Musicalmente en sus primeras etapas se decantaba más hacia lo tradicional; ahora está experimentando preferentemente con lo que podríamos decir, para entendernos, estructuras musicales más occidentales. Respecto a los textos, se mantiene e incluso se incrementa, si es posible, su necesidad de transmitir sus ideas a aquellos que, bajo su criterio, pueden reflexionar a partir de  sus palabras.

El título del disco, Beautiful Africa, nos da una pista sobre el posicionamiento de Rokia Traoré.  Dice la cantante: “Nunca llamaría así a un disco si Malí no hubiera estado en esa situación, pero necesitaba escribir, salir de alguna forma del espíritu que me envolvía en ese momento”, refiriéndose a la expansión de los rebeldes islamistas de la región de Azawad por el norte de Malí a principios del año pasado. Y aunque Beautiful Africa es una canción compuesta en el último momento, a raíz de las luchas en su país, todo el disco transpira ese espíritu rebelde y reivindicativo que da ella a sus trabajos. Además, confiesa que ha perdido aquel primitivo pudor que le impedía hablar de los demás, porque le daba la sensación de meterse en sus vidas, de decirles que decisiones tenían que tomar, que ahora con la edad: “Se gana en confianza, sabe una de antemano hacia dónde va, y los pudores y los miedos desaparecen

Desde el punto de vista musical Rokia Traoré quería profundizar en aquel sonido que ya se intuía en sus anteriores trabajos, especialmente en Tchamantché (2008), como explicaba Miguel Amorós al comentar el disco en estas páginas (http://www.b-ritmos.com/disco-recomendado/rokia-traore) Pero en Beautiful Africa la cantante quería ir un poco más allá y por eso contactó con el productor inglés John Parish, conocido por sus colaboraciones con P.J. Harvey, entre otras, porque, explicaba: “Necesitaba trabajar con alguien cuya cultura natural se basar en este género”. Pero, y esto es fundamental para entender a esta artista, ella no está hablando ni pensando en fusiones ni mezclas más o menos acertadas. Lo que quería, lo que quiere, es buscar su forma personal de transmitir la música de Mali, pero sin ninguna ruptura entre su cultura y la de occidente: “Cuando se conoce la música africana, lo que es interesante es darse cuenta de que sus raíces están en todos los tipos de música, (…) y por eso me da tanto placer escuchar rock”. Una declaración de principios que hacía la artista y que nos ayuda a comprender esa forma personal que tiene de entender el hecho musical. En esta unión entre músicas, entre ritmos que se empujan unos a otros desde diferentes perspectivas, la voz de Rokia Traoré brilla por encima del sonido que se ha creado a través de una mezcla de músicos malienses (Mamah Diabaté al n’goni, Fatim Kouyaté y Bintou Soumbounou haciendo los coros) e instrumentos europeos (Stefano Pilia, guitarrista italiano, el contrabajista danés Nicolai Munch-Hansen, el batería británico Seb Rochford) y un percusionista vocal (el beatboxer australiano Jason Singh)

Casi cinco años ha tardado Rokia Traoré en traernos su nuevo álbum. En parte ha sido por los trabajos que ha ido haciendo en este tiempo, como la música de una Desdémona de Toni Morrison y Peter Sellers, una colaboración con l’Orchestre National de Jazz, una gira de homenaje a Billie Holiday, y su fundación, la Fundación Passarelle que creó con la idea original de ayudar a dieciséis jóvenes a prepararse en el mundo de la canción, de la danza, de los escenarios… Pero además de a esta frenética actividad, la tardanza se debe también, comentaba, a que ella: “Quería rodar el disco antes de grabarlo para que desprendiese la misma energía que en sus directos”.

Y con estas premisas, tras una portada en la que la vemos descalza, con sombrero y un vestido con tinte tie-dye (anudado y teñido), sentada sobre un amplificador y con su característica y emblemática guitarra francesa Lâg Roxane junto a ella, cuyo sonido estará presente en todo el álbum; empieza el disco con un ritmo de batería, sin adornos, seguido de la guitarra, el n’goni y la voz de Rokia Traoré, todo ello como una invitación para que nos adentremos en ese mundo que han creado. Es Lalla (Tal vez), primer tema del trabajo que ya nos sitúa en el discurso con contenido que Rokia Traoré extenderá por todo su disco. “La certeza es relativa / la humildad suaviza las convicciones” explica solemnemente al hablar de la incertidumbre de los hombres al tener que tomar decisiones.

Luego es Kouma (Discurso) a ritmo de seis por cuatro, muy marcando, y con protagonismo de los coros, mientras la cantante nos dice cosas como: “La palabra es una brasa ardiente,  / que se suaviza en la boca del erudito / quema la lengua del inculto / y se enciende entre las manos del imprudente”.

En Sikey (Hablar abiertamente) dice que lo que quiere es proclamar la felicidad de dedicarse a la música. Empieza con un groove sincopado y enérgico que se transforma, casi a la mitad del tema, en una melodía más pausada. “Yo soy artista, / Tu opinión no me importa, / Mi camino está trazado: / La música, el escenario!” reivindica.

Ka moun kè es un tema de amor, donde una mujer le dice a su amado que le explique qué es lo que quiere que haga por él.  Rokia Traoré es bambara, y el bambara es una lengua con una música con tonos muy diferente a la de la cultura mandinga, que tiene sus propias tonalidades que ella no dominaba. Estuvo estudiando la música clásica griot para un proyecto, Damu, que se basaba en un cuento que ella misma había escrito inspirado en la cultura mandinga. Este proyecto la permitió comprender mejor la tonalidad mandinga hasta llegar a hacer esta canción de amor, Ka moun kè (¿Qué puedo hacer?). Una melodía aparentemente simple, donde se pregunta con alegría: “¿Qué puedo hacer por ti mi amor? /¿Qué es lo que deseas, qué quieres de mí?” Imprescindible una versión del tema que interpreta la cantante con la única ayuda de las percusiones vocales de Jason Singh y que encontrareis en youtube.[http://youtu.be/WL9RsoOka3w]

Mélancolie (Melancolia) es la única composición cantada exclusivamente en francés. Un homenaje a esa: “Melancolía, / compañera fiel de mi soledad”, a la que canta, con un n’goni protagonista evidenciando el virtuosismo de Mamah Diabaté con el instrumento.

N’Téri (Querido amigo) es un canto a la amistad, donde explica los deberes y la grandeza que esta comporta. Con el acompañamiento de su guitarra, la percusión, el n’goni y sutiles punteos de fondo de otra guitarra, va explicando sus ideas de forma pausada con estrofas cargadas de suntuosidad en la extensa letra que forma el texto, con un consejo final: “Querido amigo, / aprovechemos el tiempo” para el que se permite acelerar el ritmo, y contar con las voces del coro para reafirmar su idea.

Tuit Tuit (Pío, Pío) es un homenaje a la belleza de las aves migratorias, con un optimismo que se transmite musicalmente. “La angustia no lleva a nada, / la impaciencia es fútil (…) / Solo cantan para mí / la vida es bella, bella, bella…” explica, mientras ella y sus coristas imitan los sonidos de los pájaros.

Como hemos explicado, la canción que da título al álbum, Beautiful Africa, fue un tema añadido a última hora, por los acontecimientos descritos, y en ella combina el bambara con el francés y el inglés, posiblemente para que su mensaje llegue mejor a todo el mundo. “El conflicto no es la solución” y “África, te amo” son frases que se repiten a lo largo del tema, con un final súbito, que nos deja la sensación de que esta situación ha de pararse de golpe. Puede que sea en este  tema donde notemos más la influencia de John Parish, posiblemente por estar escrita en dos días y con la urgencia de la grabación. Rokia Traoré dice: “En lugar de cantar  letras amargas, quería expresar algo hermoso en el fondo, el amor que siento por mi país y mi continente”.

Acaba el disco con Sarama, una preciosa balada, que es una oda a la gracia y el coraje de las mujeres de Bamako y a las de África en general: ”Cada día se visten como una reina, / con vestidos azules, rojos, amarillos. / Las mujeres de Bamako son hermosas (…)  Cada día se enfrentan a su destino / sin camisa, descalzas, bajo el sol. / Las mujeres de África son fuertes”.

Rokia Traoré es una maliense que pasó gran parte de su vida fuera de Mali, aunque luego volvió a su país. Y en su música, en sus letras, es evidente esa identidad cultural que ella se ha creado partiendo de lo que su familia le transmitió, pero también de lo que los diferentes países donde vivieron la aportaron. Tuvo que estudiar su lengua, su cultura, que no conocía lo suficiente, hasta lograr su proyecto: “Hacer música contemporánea maliense”. Llevar su cultura a occidente y la cultura occidental a su pueblo es el camino. Una mujer que siempre está creando, con una gran diversidad de frentes abiertos, consciente de que no quiere hacer lo mismo dos veces, de que: “Cada proyecto es una nueva experiencia y una oportunidad de aprender cosas nuevas”. Que piensa que: ”La música es posiblemente la mejor manera como los africanos pueden mostrar lo que es para ellos África. Con la música y el arte, la cultura en general, que puede hacer que estén más seguros y confíen más en sí mismos y en su propia capacidad”.

Rokia Traoré es, desde el punto de vista musical, un puente entre África y occidente, pero sin la obligación de que tenga que perder uno de los dos participantes en el intercambio. Sin que una cultura engulla, colonice a la otra. “No somos nada sin el otro, pero hemos de hacer un equilibrio con otro concepto: ser uno mismo” Y así, de esa voluntad, de ese respeto mutuo, surgen su música y sus ideas, que plasma en trabajos tan magníficos como este Beautiful Africa.

Texto: Federico Francesch