Robert Fripp & The Orchestra of Crafty Guitarists

yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Robert Fripp & The Orchestra of Crafty Guitarists Robert Fripp & The Orchestra of Crafty Guitarists
Teatro La Unió, Sant Cugat del Vallès, Barcelona
27 de febrero de 2009

Alejado de los grandes escenarios, rehuyendo entrevistas y siendo la figura mítica que llevó a King Crimson a la cumbre del rock progresivo y la experimentación, todavía recordado por las nuevas huestes de músicos con inquietudes, Robert Fripp aterrizó en el Teatre La Unió de Sant Cugat con bastante discreción. Como es lógico pensar, su presencia no tenía ninguna relación con Crimson, grupo del que se cumple ahora 40 años, sino con un proyecto que inició justo cuando se daba conclusión a la banda en la que figuraba como máxima jerarquía decisoria. El proyecto no era otro que The league of crafty guitarists, una especie de escuela, o de seminarios musicales, en torno a la guitarra, en el que participaban músicos de todo el mundo. Hace un año aproximadamente, la formación actuó en la Sala Apolo 2 bajo la dirección del también guitarrista Hernán Núñez, y la última presencia de Fripp con estos discípulos se remite al 2007 en una actuación en el Palau de la Música. En esas dos ocasiones, la formación estaba constituida por unos 15 músicos, todos tocando a la vez. Ahora, el grupo, transformado en orquesta, reúne a cerca de 50 músicos, incluyendo al maestro.

Si en las anteriores visitas, la liga de los astutos guitarristas nos enseñó lo que eran capaces de hacer, en esta ocasión, parece como si se hubiese querido ir más allá, tocando e interpretando de una forma bastante alejada de la comprensión humana. Hace un año ya pudimos disfrutar de las circulaciones en las que cada músico tocaba una sola nota, en orden, componiendo un tema totalmente líquido, vivo y en movimiento. Era realmente espectacular, porque además intercambiaban esas rotaciones con la interpretación de diferentes temas, perfectamente conjuntados, y con el sabor progresivo de Crimson. Sorprendía contemplar la eficiencia, la concentración y el sentido del silencio entre quince guitarristas. En esta ocasión, la experiencia comenzaba igual, y provocaba las mismas sensaciones, pero la reiteración, la sencillez y quizás un exceso de grandilocuencia con el número de músicos ha hecho reducir la sorpresa. Interesante fue también el aviso de no grabar el espectáculo de forma audiovisual por parte de los asistentes bajo la necesaria demanda de Robert Fripp. Para ello contó con doce de sus músicos, que en sus doce respectivos idiomas informaban de la petición e invitaban al disfrute.

Eran las diez de la noche cuando los músicos entraron en el recinto del teatro, caminando en fila de a uno, con ritmo perfecto, sentándose en el centro de la sala en dos círculos concéntricos, con Fripp en el punto central. El público en silencio, sentado en el perímetro que rodeaba los músicos se disponía a ser sorprendido. Con un silencio y una postura casi religiosa Fripp ordenó el inicio y se retiró a un punto externo del círculo mientras sus músicos (de diferentes edades y conocimientos musicales, y con tan sólo dos mujeres) comenzaron a hacer de las suyas haciendo sonar sus cuerdas muy lentamente, creando una especie de silbido de aves que iba creciendo y desarrollándose sin aparente tiempo ni compás. El tema finalizaba con Fripp otra vez en el escenario, conjuntándose con sus guitarristas y zanjando la pieza con un rasgueo final.

Así se fueron procediendo diferentes actos hasta que los guitarristas desaparecieron de la sala, sin hacer ningún comentario o explicación sobre lo que estaban tratando de hacer. El espectáculo siguió con la actuación en el escenario teatral del trío argentino japonés ZUM, encabezados por Luciano Pietrafesa, también miembros de la liga, cuya actuación aportó un tono más musical y menos experimental. La formación desgranó temas propios y algunas versiones de canciones conocidas de la música popular del siglo XX.

El concierto continuó con la aparición de la orquesta rodeando al público y formando un gran círculo. Robert Fripp ordenó y los guitarristas comenzaron a realizar las circulaciones de notas haciendo que las guitarras, de nueva afinación, produjeran casi dos notas, en lugar de las únicas que realizaron al principio. A su término, tras la aparente reiteración, ZUM volvió a actuar para dar tiempo a que los músicos se situaran en el palco, ocupando el gran círculo desde las alturas para poder volver a realizar más circulaciones de ida y vuelta, y dando por concluido el espectáculo sin que nadie se diese por enterado.

El interés despertado por la actuación pareció esfumarse al término de la primera media hora cuando una vez visto el potencial de experimentación, la música y el espectáculo se mostraron reiterativos. No obstante, proviniendo de un genio, esa situación no debe de ser peyorativa, porque Fripp ya demostró estar adelantado a su tiempo en los 70 y quizás ahora pase igual, aunque hubiese sido un gesto amable, ofrecer una pequeña explicación sobre los seminarios y los objetivos de la performance. // Antonio Álvarez