Quinteto Leopoldo Federico

Sinestesia, 1 de noviembre de 2017

Por si no lo sabes, Leopoldo Federico (1927-2014) fue uno de los compositores y bandoneistas más importantes del tango argentino. Tanto es así que cinco músicos colombianos decidieron en 2011 formar este quinteto para homenajear a Federico y de alguna manera seguir investigando sobre el folklore argentino y como no, colombiano. Sacan su primer trabajo, Bogotá –Buenos Aires, Hoot Wisdom recordings LLC, 2015 con la clara intención de homenajear al tango de Federico o al de Piazzolla, en 2017 vuelven con Pa’ que más con la misma discográfica, siendo en ambos casos nominados para el Grammy latino al mejor álbum de tango. Aprovechando que estaban de gira por Europa con una compañía de tango, tuvimos la suerte de poder escucharlos en la sala Sinestesia. Un quinteto muy joven, contentos de poder presentarse ante un público reducido pero comprometido con la música en vivo. Giovanni Parra al bandoneón y dirección con su camiseta del Barça (libres de los trajes de gala y de los compromisos que suponen) Alberto Tamayo al piano, concentrado en su instrumento, devorando las partituras de una música compleja y atractiva,  Kike Harker al contrabajo, trabajando continuamente con el arco y la mano (con la dificultad de mantener siempre el arco dispuesto para aportar detalles) Daniel Plaza al violín, un violín que gritaba con fuerza y pasión, y Francisco Avellaneda a la guitarra, una guitarra que casi siempre saliendo de una sombra, se iba instalando en el discurso del quinteto y proponía fraseos preciosos. Un quinteto que como todos los grandes quintetos, sean de jazz o de tango cuenta con unos músicos que trabajan conjuntamente para desplegar una música que no quiere líderes de solos increíbles, sino músicos hermanados alrededor de una preciosa canción. Empezaron con Milonga del Ángel y otra canción de su primer disco, no recuerdo el título, pero enseguida se dedicaron a recorrer su segundo trabajo, que se centra en la música de compositores de Colombia y que Parra iba explicando con anécdotas divertidas, Pa’ que más, bromeando sobre el café que cultiva el pianista Tamayo. Un bambuco titulado Don Giovanni Parra, un pasillo, Bellavista una dedicación a Jaime Llano González titulada  Antioqueñito, y con mucho cariño, Parra nos iba adentrando en un mundo (nuevo para mí) de músicas preciosas que al tener la suerte de escucharlas en una sala pequeña rodeado de un público que elogiaba cada tema con largos aplausos que dejaban maravillados a los cinco jóvenes músicos, todavía aumentaba más la sensación de estar asistiendo a una ceremonia mágica. Mientras me maravillaba de la modernidad de la presentación (los cinco iban preparados con tablets que les mostraban las partituras, sin necesidad de pasar las hojas) no podía dejar de mirar como en este Antioqueñito, Plaza golpeaba con el arco la madera del violín queriendo marcar con más fuerza ese baile que me traía imágenes de bailes andinos que nunca vi pero mi imaginación intuía con claridad. Vino un bambuco dedicado a Piazzolla Gato Zurdo (usando dos de sus sobrenombres) y una rumba con la que pretendían terminar, La cucharita de Jorge Velosa, verdadera joyita que cerraba una noche redonda. Pero como suele ocurrir en estas noches especiales, como el público también es especial siempre hay alguna amistad a quién invitar, y salió Vicky y a pesar de los problemas del micro (decidió cantar a pelo) nos ofreció un tango que puso la guinda en ese pastel que había sido la noche del quinteto Leopoldo Federico. + info | dibujos. Pedro Strukelj