Paula Grande y Anna Ferrer: Vega

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Paula Grande i Anna Ferrer
Vega. Càntut, 2020

Càntut, cançons de tradició oral [canciones de tradición oral], nació el 2012 con la intención de —y utilizo las palabras con las que ellos se presentan—: “recoger y difundir el patrimonio musical de transmisión oral de las comarcas gironines.

Para ello han desarrollado su labor en tres ámbitos: El primero ha sido recopilar un cancionero de más de mil de canciones amorosas, picarescas, infantiles, religiosas, históricas, que, dicen: “Han sido recogidas por caçadors de cançons [cazadores de canciones], i cantadas por avis i avies [abuelos y abuelas]”, que han sido los trasmisores de este bagaje cultural que, en muchos casos, se hubiese perdido al desaparecer éstos, porque hasta entonces no se habían recopilado de forma sistemática.

El segundo ámbito es el festival Càntut, que cada año se hace en Cassà de la Selva, durante el otoño, con el objeto de hacer revivir, con actuaciones de diferentes músicos, este repertorio.

Por último, están las producciones de proyectos, con vida propia, que enlazan la tradición oral, con la actualidad.

Y es dentro de estos dos últimos apartados, donde se mueven Anna Ferrer y Paula Grande, con su proyecto, Vega.

Este año, el 2020 tenía que celebrarse la quinta edición del festival Càntut, pero por razones evidentes se ha tenido que suspender un festival que, en la edición anterior, convocó más de 20 actuaciones y actividades. Solo se han podido hacer, de momento, dos conciertos: uno de las hermanas Nedderman, Judith i Meritxell, y, el de Anna Ferrer i Paula Grande, donde presentan el proyecto, Vega.

Anna Ferrer es una cantante y compositora a la que vi por primera vez en mayo del 2009, en Xàvia, —tenia ella entonces 16 años—, formando parte de S’Albaida. Luego fueron, La Fira Mediterranea, o el Auditori de Barcelona en enero de 2016, en un concierto —del que escribí aquí mismo, en su momento—donde se oficializó su incorporación a NewCat Ensamble. Desde entonces la he ido siguiendo en muchos de los proyectos y artistas con los que ha colaborado —Coetus, Clara Peya, Mario Mas, entre muchos otros—. En 2017, publicó su primera grabación en solitario, Tel·luria: “Inspirado en la autenticidad y la pureza de todos los elementos culturales propios de Menorca”, comentaba ella en su momento. Su segundo trabajo, KRÖNIA, ha sido definido como: “Una mezcla del origen mediterráneo, folk y étnico, con el procesamiento electrónico de las voces y de instrumentos no tan orgánicos, que aportan actualidad, juventud, frescura y experimentación al proyecto. Dos trabajos en los que Anna Ferrer no tan solo mostraba su talento como compositora, si no la búsqueda de nuevos caminos para potenciar su música. Todo ello, acompañada, siempre, de excelentes músicos —como excelente es ella misma—, que la ayudan a hacer que brille su personalísima voz y su forma tan personal de interpretar las canciones.yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - Paula Grande y Anna Ferrer: Vega

Paula Grande, la otra integrante de este proyecto, es una cantante autodidacta, principalmente, con un estilo que fusiona el jazz con el hip-hop, pero con pincelas, más o menos gruesas, de soul, música latina y popular. Un coctel que le ha llevado a conseguir un estilo único, basado en su magnífica voz, que la llevó, entre otras cosas a ganar premios tanto en Montreux Jazz Voice Competition —donde luego cursó estudios en la Montreux Jazz Academy—, como en el Jazz Voices de Lituània. Su debut discográfico es en 2016 con, Viatge Interestel·lar, un álbum de estudio, de cocción lenta —seis meses tardó en su elaboración—, donde mezcla canciones de su autoría, con poemas musicalizados, en el que intervinieron un grupo numeroso de invitados. Luego llegó, Sóc , en 2018, donde los temas compuestos por ella, nos transportan, de la mano de esta viajera —que ha visitado muchos países, con su música—, en un recorrido por la música melódica y el rap, por el hip-hop y el pop, todo ello con un regusto jazzístico formando esa  combinación tan especial suya.

Me he querido extender en la presentación de ambas cantantes —con el peligro de que para quien ya las conociera, podría sobrar—, porque cuando me enteré de la propuesta que presentaba Càntut, con ellas dos como protagonistas, mi curiosidad fue máxima, pensando, no en el resultado final, que conociéndolas seguro que iba a ser excelente, como así ha sido, sino en la forma que iban a encajar sus respectivos estilos, para adaptarlos a este proyecto, basado en canciones populares, relacionadas, de alguna manera, con la tradición oral.

Paula Grande y Anna Ferrer, en Vega, partiendo del cancionero de Càntut, han  enlazado esa tradición folk, con elementos como la electrónica, la música latina o el rap, y así, desde esa factura formal, poder explorar el papel de la mujer en los últimos dos siglos. Su papel en la casa —las tareas del hogar, la cocina, la maternidad, el cuidado de los hijos—; los controles de la sociedad sobre ellas —la religión, la iglesia, la familia, el matrimonio—; y el aspecto más personal —su vida íntima, su sexualidad, las relaciones sociales—; que han definido su situación durante los dos últimos siglos, es sobre lo que han querido reflexionar, de alguna manera, a través de las canciones tradicionales: «Queríamos saber qué se cantaba, y que se cantaba sobre las mujeres. Queríamos seguir contando estas historias que muchas veces son muy crudas y hacen referencia a realidades que todavía estamos viviendo, pero cambiando el punto de vista y el foco«, explican las mismas artistas.

La elaboración de este trabajo ha sido larga y laboriosa. Una preparación de dos años para escoger los temas que lo componen. En el disco encontramos  diez canciones —se han reservado otras más para los directos—, que iremos repasando una a una con la ayuda de ellas mismas. Una selección de temas que ellas tuvieron que hacer para encontrar las canciones dedicadas al papel de la mujer que buscaban. Para hacerlo han contado con la colaboración, del contrabajo de Vic Moliner —que junto a Pau Brugada hizo la grabación del  proyecto—; de los teclados y los sintetizadores de Paula Vegas; y de las percusiones y la electrónica de Juan Rodríguez Berbín; junto a Laia Vallès, como soporte en la composición. Una curiosidad: ellas dos, de hecho, se conocieron preparando este proyecto —Vic Moliner, que trabajaba con ambas, fue quien las puso en contacto, y fue, por otro lado, sus experiencias con la electrónica lo que les ayudo a coordinarse para poder hacer, Vega.

El disco empieza con Tango. Nos explican que eligieron este Tango de la puñalada —el título original— , por ser una canción de taberna y que, reflexionando sobre si las canciones de antes hablaban de los mismos temas que las de ahora, encontraron a ese hombre abandonado que culpa de todo a la mujer, cosa, aún hoy, muy frecuente. Ellas le han dado un tono distinto, resaltando que sea ella la que hace lo que quiere y él, quien: “Se haga cargo de sus dolores”. Parten de la versión cantada por Maria Teresa Pellicer, de l’Escala, que se grabó en 2008. Ya desde un primer momento, el disco apuesta por esa forma de interpretar las canciones antiguas, con todas las influencias de las que hablábamos, y aunque si bien en este caso no se refiere tanto a la voz, sí que lo vemos en los  arreglos por la intervención de la electrónica y los sintetizadores. Un tema trágico, al que ellas le han dado ese tono irónico, divertido y reivindicativo que buscaban.

Pepito, es una canción de picaresca que la escogimos para que fuera un momento en el que la gente pudiera bailar y reír, con un estribillo que se engancha mucho”, comentaban.  Joan Frigola i Masbernat, de Banyoles la cantaba como, Pepito, amaga el pito [Pepito, esconde el pito]. Como había un momento en que el cantante se perdía y no sabía seguir el tema, lo que hicieron ellas es incorporar unos pasajes rapeados para recordar ese hecho y, también, acercarse a la idea global de su disco. Un divertidísimo tema que en los directos puede dar mucho juego. Las dos están francamente inspiradas en sus intervenciones dialogadas durante la canción.

Cambio absoluto de registro con A quí puc [A quién puedo]. ¿A quién puedo compararos, de quien buscaré un parecido, Oh Hija de Jerusalen?, dice el texto de esta plegaria que cantan Paula Grande y Anna Ferrer a dos voces, y a capela. Una ocasión inigualable para comprobar lo que comentábamos sobre la calidad de sus voces. Es un tema, que las enamoró desde el primero momento. El registro en audio que ellas escucharon era de dos señoras del Cor Filles de Maria, de Sant Hilari de Sacalm. Dos viejecitas que se acordaban de los arreglos de las voces, lo que las emocionó y que, por ello, quisieron incorporar esta canción en su disco. Puede que una parte del proyecto final quede reflejado aquí porque en el libreto están las fotos de las abuelas de Anna Ferrer y de Paula Grande, cuando eran jóvenes y también ya de mayores, como dedicatoria a las mismas, y, por extensión, a todas esas personas que han sabido guardar las tradiciones.

Absolutamente distintos son los tres temas, que como si de uno solo se tratara, forman Paròdia: “Es una especie de suite que hemos dividido en tres partes: Paròdia I, Paròdia II y Paròdia III, aunque cada una de estas partes, de hecho, incluye varias canciones —dicen ellas—. Queríamos que hubiese una serie de letras, pero no nos interesaban las canciones enteras, puede que no nos gustaran melódicamente o porque nos interesaba una parte muy concreta de los textos.

La Parodia I, incluye La filla del marxant [La hija del marchante], a partir de la versión de Isabel Expósito i Martí, de Les Planes d’Hostolets, que explica la historia de una mujer presuntamente violada, que no quiere al hijo y lo tira al rio. Para ellas, la frase estrella de la canción, es: “Puncella n’era i mare ja som” [Doncella era y madre ya soy]. Repetirán este mensaje —el embarazo no deseado y el poder que ha de tener la mujer para decidir—, al final de la Parodia III

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La Parodia II, Un que volia [Uno que quería], parte de las versiones que hace Maria Teresa Pellicer de las canciones, La dona de tothom [La mujer de todos], y, Un que volia casar-se [Uno que se quería casar]. En esta última, un amigo le pide consejo a otro respecto al matrimonio, y el casado le intenta disuadir, explicando todas las maldades que las mujeres utilizan en esa circunstancia: “Especialmente la mujer te priva de la libertad como en una prisión”, viene a decir. En La dona de tothom, no se entiende a la mujer como liberada, sino como puta.

La Parodoia III, Totes volen [Todas quieren], habla del paso de los años. La mujer —dice la letra—, pasa de ser una botella de champan exquisito, a una botella de vinagre. Una texto durísimo que se basa principalmente en la versión, corta, de Totes volen hereu [Todas quieren a un heredero], cantada por Maria Teresa Pellicer, y en el poema, La mujer y los vinos, que recitaba, Salvador Claret I Naspleda, de Sils, y a  los que ellas, siguiendo en su idea burlesca, han dado ese aire de parodia, para poder: “Mostrar unas letras que son extremadamente machistas”, dicen.

Siguiendo en esa línea de textos tremendos, donde la mujer es absolutamente vejada, encontramos, Catarineta, que si bien no es un tema totalmente de la tradición de Girona, pues si Maria Gironés i Sala la cantaba en Banyoles, Anna Ferrer también conocía la versión que incorpora, que el grupo de Menorca, Traginada hiciera en su momento. Son dos melodías que ellas combinan, con una letra similar. Un texto tremendo, que nos explica que Catarineta quería ir al baile y es su padre quien la mata para impedirlo: “Ai mares que teniu filles, no les deixeu festejar” [Ay madres que tenéis hijas, no las dejéis festejar], acaba el tema. Una de las canciones más intensas del disco, que ellas refuerzan con la música, utilizando la electrónica con mayor incidencia. Una canción infantil que dice —aunque parezca mentira—, que las niñas no han de ir de fiesta; y no que los padres no han de matarlas, si lo hacen…

Llega uno de los momentos más líricos del trabajo, con La Mare [La madre], que recogieron de la versión que hiciera, Josep Cruells i Santamaria, de Banyoles. “La Mare la escogimos sin saber, al principio, cuál era su significado. Era una canción que la llevaba muy dentro, desde Menorca —nos explica Anna Ferrer—, y quería, con Catarineta, que hicieran de puente entre el Principat y Ses Illes.” Pero al leerla con atención se dieron cuenta que es la historia de una madre que tiene un hijo drogadicto, de quien explica su vida: desde que era una bebé, hasta que entra en esa espiral de la droga. Una canción necesaria para ellas, donde se ve ese incondicional amor eterno de madre. Un tema que te deja algo descolocado, porque empieza como una nana, preciosa, al que la han dado una aire como de habanera, lo que aún aumenta esta sensación de desconcierto al ir escuchando lo que nos va explicando la letra. Tremenda.

Marinero es, realmente, esta sí, una habanera que se basa en El marinero enamorado, que recuperaran de la versión de Dolors Planella, de Ridaura. La escogieron por esa idea del mar, tan presente en Anna Ferrer, menorquina, y de Paula Grande, de l’Escala. Es la historia del marinero que muere y su mujer va cada noche con su hijo, a la orilla del mar, a llorarle. Lo que han hecho es buscar la parte más cubana de la habanera, con un primer momento más clásico, mientras se van introduciendo a los ritmos más tropicales, diríamos. Y así, a pesar de la historia que nos explica, ellas le dan ese tono más cercano que buscan en todo su trabajo. El final donde juegan y ríen con el estribillo, es un ejemplo de lo que digo.

Vega es un disco que hemos de entender como si se tratase de una actuación de taberna, en el mejor sentido del término, tanto por la variedad de los temas escogidos como por su tratamiento. Ya he explicado que la parodia, el contraste en el tratamiento de la canción y del contenido de la misma, la proximidad con el espectador, aparece constantemente en su trabajo. No hemos visto aún su directo, que está pensado como un espectáculo, con un montaje de alguna manera teatral, gracias a la labor de dramaturgia que, junto a ellas, ha hecho Clàudia Cedó. Pero todo lo anterior dicho es lo que da coherencia al trabajo.

Acaba el disco con Tres Minyonets [Tres muchachitos]. “La escogimos para dar ligereza al concierto y al disco, porque todas las canciones tenían un mensaje muy bestia y una carga muy potente, y necesitábamos un poco de aire”, nos decían. Un tema para mover el cuerpo, después de todo lo oído anteriormente, con un ritmo entre Brasil, los sonidos más tradicionales y las intervenciones más electrónicas, para transmitir esa idea de fiesta con la que acaba, Vega.

Paula Grande y Anna Ferrer, para Vega, han escogido una fórmula —ciertamente arriesgada, pero que les ha dado un resultado excelente—, que compagina los temas de textos muy duros, con un tratamiento musical deliberadamente muy oscuro, para acentuar, aún más, lo terrible que son las historias que cuentan; pero alternándolo con ese aire de parodia que les permite mostrar su punto de vista crítico, con una engañosa ligereza. De esa manera consiguen obtener un trabajo redondo, lleno de significado, que los arreglos de las canciones, junto a su cuidada interpretación musical, llena de sutilezas, sentido y saber hacer, potencian de principio a fin.

No quería dejar de señalar un hecho que demuestra el cariño y el cuidado que se ha puesto en este disco. En el mismo, además de las fotos de sus abuelas, que ya he comentado, encontramos, de cada canción que ellas utilizaron para hacer sus versiones, de donde provienen, de quien se grabaron y, ¡detalle fantástico!, un código QR de cada una, con las interpretaciones originales recogidas en el archivo de Càntut. +Info | Relacionado | DESAFINADO RADIO | Escucha el programa de radio | 

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