Proscritos DF

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SFB El Dorado, 3 de abril de 2014

Antonio Montiel a la guitarra, zanfoñía y loops, y Raúl Cantizano desde la batería, trompeta y cajón son dos músicos que trabajan el flamenco pero desde las fronteras. Se presentaban en  la Sociedad Flamenca El Dorado para demostrar que los límites del flamenco solo debe marcarlos el buen gusto. En una tarde lluviosa y con poco público pero selecto y agradecido nos ofrecieron un repaso por su primer trabajo “El don del exilio” Producciones Baratunig, 2011 y algunos temas de lo que será su segundo trabajo, ya grabado pero todavía en busca de editor. Empezó la cosa con Montiel a la zanfoñia y Cantizano a la batería, bulerías y seguidillas para dejar claro de qué iba el asunto. Una pared medianera (cortina  apaciguadora de bombo) entere los dos para evitar confusiones sonoras, y permitir una conjunción de miradas, necesaria en todo proyecto de creación inmediata.
Van alternando instrumentos, ahora guitarra batería, guitarra trompeta con o sin sordina, y van presentando su música. En el tema Ventilador nos enseñan cómo funciona un ventilador pequeñito de cuatro aspas para conseguir el tremolo flamenco o para qué sirve un pedal “cazador”  de loops en un Huésped que busca la misma idea que el inquilino del señor Diego Carrasco. En la segunda parte del tema todos los aromas de Smash y Pata Negra empiezan a invadir los recuerdos de algunos de los presentes. Nos presentan Viento y la trompeta de Raúl Cantizano empezando sorda acaba hurgando en los recuerdos de Miles Davis. Empiezan unos tientos Un poco más y algo menos y poco a poco se van a la libertad creadora de dos músicos sin fronteras.Aun volvería Montiel a la zanfoña para la genial Marxa, con una rítmica aplastante de Cantizano (de lo mejor de la velada) En lugar de un fin de fiesta de Jerez, se colocan con dos panderetas indias y nos sueltan un Tatekietoya que acaba por meterse en el bolsillo a los pocos asistentes que todavía no lo estaban, una fiesta de percusiones y voces. Aun vendría un homenaje al percusionista cubano Mongo Santamaría, su maravilloso Afro blue y ante los aplausos del público deciden premiarnos con Bolinga ahora sí, unas bulerías de fin de fiesta con guitarra, trompeta y efectos que cerraron una noche arrabalera (léase arrabal como barrio fuera de las murallas). + info | relacionados | Candido Querol