Pere Cabaret

PereCabaret
Pere Cabaret ‘Hoy tu pluma brillará’

Sala Fènix, Barcelona.
1 de mayo de 2014

Salir del armario puede ser a veces un acto tan serio que obligue a vestir de riguroso negro. Así es como salió a escena Pere Cabaret (alter ego de Pere Borrell) secundado por los músicos Martí de Borja y Joan Trabal. El espectáculo presentado, Hoy tu pluma brillará –el cual repite segunda temporada en la Sala Fènix– estaba planteado como una revista cabaretera en la que, a lo largo de doce canciones propias, el artista se desnudaba metafóricamente confesando su sexualidad. Como homenaje estaría más cerca de los recitales golfos del Foyeur liceísta y de los cafés-teatros que de los bodeviles trasnochados de astracán y lentejuelas típicos del music-hall del Paralelo barcelonés. En consonancia con el marco que nos ocupa, en cambio, asomaba a menudo la formación clásica del autor en citas a Stravinsky, Tchaikovsky, Mussorgsky y préstamos musicales de Mendelssohn, Liszt, Beethoven y Offenbach. Pero, en consecuencia, el tono general también rebajaba el acento crítico que se esperaría de un espectáculo de tales características.

Las referencias en las letras de las canciones eran claras alusiones a una sensibilidad abiertamente gay, aunque el cariz fuera tan blanco como políticamente correcto. No faltaron los comentarios sobre el prejuicio social, los matrimonios de conveniencia, los/as amantes mantenidos/as, la promiscuidad sin compromiso, las esporádicas visitas al cuarto oscuro, los suicidios con glamour, y hasta un estriptís “inverso” jugando con un sutil fetichismo al calzarse un zapato al inicio. Apenas una boa rosa de plumas como único aderezo y los ademanes divinos y afectadamente paródicos de Pere Cabaret –a quien ya habíamos visto en el aclamado Cabaret Victoria en esta misma sala– situaban en el contexto apropiado. Sin duda, la simpatía de Cabaret se ganó la complicidad del público, a lo que contribuyó la natural sintonía con sus acompañantes, dos músicos solventes que se revelaron como divertidos actores que le seguían el juego al cantante.

No obstante cabe remarcar que aunque entre los referentes citados en el espectáculo se colaban los nombres de Sara Montiel y Marlene Dietrich, los de literatos como Joe Orton y Oscar Wilde, o las comparaciones con divas clásicas del cine negro –“Prefiero ser Norma Desmond bajando hacia el manicomio que sucumbir al matrimonio”, rezaba uno de los versos–, lejos queda Hoy tu pluma brillará del estilo más despiadado y de la mala leche de Jean Genet o de Rainer Werner Fassbinder. Si bien la iniciativa podría nutrirse de forma más evidente de los shows cabareteros del Berlín de entreguerras, la asepsia lastró lo que a priori habría supuesto un valiente impulso por visibilizar a través de la música la problemática en cuestión desde una perspectiva menos condescendiente y más orgullosa con sus ideales. Entre la frivolidad y la arrogancia, prevaleció la primera, lo que tal vez no hubiera sido lo más consecuente con la estética del cabaret. Al respecto, quizá se agradecería incluir más interludios narrativos y autobiográficos entre canción y canción para conducir al espectador hasta el descubrimiento pleno de la sexualidad del protagonista.

En cuanto al plano sonoro, no tenemos nada que objetar, sino todo lo contrario. Interpretada con agilidad y desparpajo, el repertorio de Pere Cabaret se enriquecía con ingeniosas rimas que harían reír de emoción al mismísimo Ramón Gómez de la Serna. Piano y clarinete arropaban la buena voz de Cabaret, destacando en temas como Pánico, El águila imperial o El can-can de las ladillas (peculiar travestismo del Orfeo en los infiernos), piezas picaruelas como las que en otras épocas se llevaron a nuestras abuelas al huerto y que hoy se echan tanto de menos por sus dobles sentidos y candor. Montserrat Bonet se encarga del 50% de la dirección escénica y Miriam Blanco se desdobla como co-autora del libreto y en el papel de Pamela Morley, la “mártir del diván” y amiga de confesiones de las cuitas sentimentales del protagonista.

Pero la noche del 1 de mayo fue también una despedida. En concreto, la de Joan Trabal, músico polifacético proveniente del jazz, el dixie y el manouche y colaborador de diversas orquestas clásicas como la OCCA de Carles Altayó. A partir de la semana siguiente, y hasta finales del mes de junio, será sustituido por Cristina Pérez, bien integrada en la coña de la compañía. De hecho, apuestas como las de Cabaret dependen tanto del cariño de los amigos como de la camaradería con la audiencia, y el recital en cuestión fue una buena muestra de ello. +info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno