Pedro Guerra

Pedro Guerra
"Vidas"
BMG / Ariola, 2008

Tras casi cuatro años de alejamiento del panorama musical, el pasado mes de enero el canario Pedro Guerra (es natural de Güimar, Tenerife)  publicó su nuevo disco Vidas, que el propio autor define como “quizá el más coherente” de su carrera, una larga trayectoria desde que allá por el año 94 empezara a regalarnos sus primeras canciones. Ese fue el año en que recibió el Premio Ondas a la mejor canción por Contamíname, que convirtieron en todo un himno Víctor Manuel y Ana Belén. De hecho, la aparición de Pedro Guerra, junto a otros colegas, significó la eclosión de una nueva generación de cantautores, palabra denostada durante más de una década. Y después de catorce años (cuatro de parón oxigenante) y ocho discos publicados, los catorce temas que componen Vidas vuelven a significar un soplo de aire fresco en el panorama musical. Porque Vidas es Pedro Guerra en estado puro, por la inspiración y altura poética de sus textos y por la sencillez y naturalidad de las melodías. El propio Guerra ha confesado que incluso el título del disco fue algo que se le ocurrió de forma totalmente espontánea, un día que estaba trabajando en el estudio de grabación, y que en Vidas ha querido dejar de lado todo lo superfluo: “Musicalmente tenía una idea clara del sonido. Con el tiempo creo que aspiro a hacer canciones al modo tradicional. Las letras vuelven a cierta intimidad, a la introspección. No hay compromiso social. He buscado la pureza y lo que me pide el cuerpo es hacer canciones lo más bonitas que pueda”. Y podría decirse que lo ha conseguido; las melancólicas canciones de Vidas nos hablan de antiguos zagüanes y de puertas secretas (Íntimo), otras están inspiradas en ritmos populares (Madurar el amor), las hay que hacen preguntas sin respuestas (Quisiera saber), poéticos y emocionados aires con aromas caboverdianos (Se enamoró de un río) o portugueses (Corazón enfadado), temas de mayor balance rítmico (Jamás, Humo), músicas sinuosas inspiradas en noticias que se convierten en amores eternos (5.000 años), acercamientos a Brasil (El pescador, Huellas), dos temas maravillosos dedicadas a sus hijos (Lara y Cuando Pedro llegó), o canciones que podrían ser tangos argentinos que hablan de tiempos pasados y mágicos (Casas antiguas)… Lo dicho, Pedro Guerra directamente “en vena”.//Omar Jurado

 

El propio Pedro Guerra habla abiertamente de lo difícil que le resultó dar con las canciones que integran su nuevo disco, al tiempo que manifiesta su satisfacción por el resultado final. Tras decidir tomarse un tiempo para sí y los suyos, el de Güímar ha sumado finalmente tres años sin grabar y dos sin subirse a los escenarios, motivos por los que confiesa haberlas tenido que trabajar y mucho, porque la creación es constancia y hasta rutina (porque la inspiración es una entelequia).

Lo primero que te sorprende de Vidas cuando lo escuchas es que lo haces de un tirón y hasta varias veces, cómodamente, quizás porque está más cerca de la simplicidad y la coherencia estética que de la dispersión mestiza de cuantos trabajos lo preceden. No es éste un disco rítmico, danzarín, como lo fue Raíz, del que es casi un contrario. Vidas es una entrega rica en armonías, repleta de tonos mayores (aunque se escuchan también aires de fado, milonga y habanera), pero pausados, aletargados, con letras de amor en construcción, que atienden más a las ramas internas que a la raíz común y compartida: ahora es otro también el momento vital de Pedro Guerra. Éste es un disco escrito en primera persona y para terceras personas, concretas unas y otras anónimas, pero un disco de rostros –de vidas-, protagonistas de un discurso que mira más hacia adelante y se regocija poco en recordar (salvo alguna excepción, como es Casas antiguas). En Vidas se habla de huellas y de rastros, de cuanto será recuerdo, aún sin serlo. Ése es el pasado en este disco y eso lo aleja del Pedro que conocíamos. En cuanto a las técnicas, cierto es que se repiten recursos definitorios en su música: desarrollo clásico estrofas-estribillo (y repetición de este último), rima no sólo al final de verso sino también al comienzo (Madurar el amor como ejemplo más elocuente), poca narración, con la enumeración y la repetición como constantes (escúchese el final de 5.000 años), o las distintas formas de un mismo verbo en una sola canción. Compuesta, programada, arreglada y coproducida por el propio Guerra, Vidas es una obra de maduración, con un desnudo cuarteto por base instrumental, donde el piano, en las manos de Luis Fernández, alcanza un protagonismo hasta ahora inédito en la música de Pedro. Y aunque encontramos también alguna letra excesivamente evidente (Lara), en Vidas escuchamos la muestra quizás más redonda de un creador empeñado en dar con el nombre verdadero de las cosas (Deseo, La chica que baila, Daniela, Miedo), un pop de autor que parece haber encontrado al fin su desarrollo y lugar exactos. // Javier Jiménez