Pedro Burruezo

Misticisssimus
“Misticísssimus. 10 ensayos, 10 canciones”

Satélite K, 2011

Coincidiendo con el inminente estreno del film documental Las tres vidas de Pedro Burruezo, dirigido por José López, el protagonista del mismo está disfrutando de una intensa proyección nacional. Pongamos al lector en antecedentes.

Pedro Burruezo, otrora líder de la banda de culto Claustrofobia en los años ’80, regresó a la escena musical al frente de la Bohemia Camerata, grupo en el que contaba con el guitarrista del citado grupo (Jovic Sagristà). Burruezo y su nueva formación publicaron tres discos –Barcelona Intimíssimo Café (2006), Multaqa Antigua Contemporània (2008) y Misticísssimus (2011), todos ellos editados por Satélite K– con colaboraciones de lujo como las de Cathy Claret, Ramunet, Silvia Pérez de Las Migas, etc. Con el añadido del músico sudanés Wafir S. Gibril, el estilo de Burruezo y la Bohemia dio un giro significativo: del formato acústico típico del café cantante, que mezclaba un ecléctico repertorio basado en copla, havanera, ranchera, bolero, fado, son cubano y hasta vals criollo, pasaron a desarrollar un particular estilo que podríamos denominar como “medievalismo mestizo”, y que baraja sin pudor la música sufí y sefardí con la rumba y el flamenco.

PedroBurruezo MisticisssimusEl éxito del último trabajo agotó todos los ejemplares y propició su posterior reedición, esta vez en forma de disco-libro: Misticísssimus. 10 ensayos, 10 canciones. En lo musical, el CD incluye una decena de piezas más un bonus track –en su mayoría de carácter melódico y de temática amorosa (Hesiquia, Intimad, Medievalia, Aman Aman, Al-Haqq)–, cantadas en árabe, latín, catalán, italiano, castellano antiguo y galaico-portugués, sustentadas sobre bases armónicas de guitarra, laúd, piano, chelo, percusión y órganos y campanas de iglesia. Con tal sonoridad dibuja Burruezo cuadros bucólicos sobre textos clásicos de Rûmi, San Juan de la Cruz, Nicolás de Cusa y las profecías de San Malaquías, entre otros. En otras ocasiones, las canciones se apoyan en un sobresaliente trabajo rítmico, como es el caso de la personal revisión que hace Burruezo de las Cántigas de Santa María atribuidas a Alfonso X el Sabio (Meravellosos), o la asaeteada siguiriya flamenca en clave de procesión de Semana Santa con instrumentación árabe, muy del gusto morentiano (Zagüiya). Los aires moriscos y hebraicos se combinan por doquier con requiebros de cante jondo; de ahí la importancia que tienen los susurros, jadeos y melismas que Burruezo fuerza engolando la voz. Sirva de ejemplo la peculiar fusión que convive en El Call de Girona: el célebre Haba Nagila con Te estoy amando locamente de Las Grecas.

En cambio, en momentos como el crescendo que cierra Tribulationibus –donde Burruezo parece denunciar el ruido urbano y la agresividad que engendra la vida comunitaria en la gran ciudad–, el autor esgrime la otra faceta que le ha dado fama, y es su contribución al activismo medioambiental como editor de la prestigiosa revista The Ecologist. Es ahí donde brilla el disperso contenido del libro, el cual puede leerse con total independencia del disco como una colección de ensayos alrededor de temas muy diversos, aunque siempre en relación con el autodidacta universo filosófico del autor.

Los diez artículos que integra el libro –bellamente editado por Satélite K y con portada de Pablo Gallego– giran en torno a cada canción, una excusa que da tanto de sí como para llenar un capítulo entero para todas ellas. Acercándose a veces al tono iniciático de un libro de autoayuda (sobre todo cuando se pone tremendista), Burruezo reivindica antiguos valores del medievo –en ocasiones incluso algo retrógrados, como apuntan ciertas opiniones sobre el aborto, el divorcio o el sexo anal–, las excelencias del sufismo y sus lazos con el budismo y el taoísmo, las virtudes del sexo tántrico, etc. Uno de los mejores textos es el atinado y bien argumentado estudio sobre San Juan de la Cruz –cuya obra conoció a través de Morente– desde la perspectiva de la literatura sufí. No obstante, y ateniéndonos a su ácrata voluntad, Burruezo podría estar más avenido con la poética de Jesús Lizano, como se desprende de sus apocalípticas exequias respecto al fin de los tiempos que aún nos quedan por (sobre)vivir.

Las críticas de Burruezo se extienden también hasta la deshumanización materialista de la medicina y las neurociencias actuales, así como a los males de la contaminación acústica y ambiental. El músico ve un principal foco de ello en la masificación poblacional de las urbes, confesando a bien su deuda con el pueblo de Sant Feliu de Guíxols donde fue tan bien acogido cuando abandonó el ruido barcelonés. Del ejercicio de introspección tras su exilio rural nació un trabajo tan hermoso como este integrado y recuperado Misticísssimus que sin duda no dejará indiferente a nadie. +info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno