Pascal Comelade & Les Limiñanas

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Pascal Comelade & Les Limiñanas
“Traité de Guitarres Triolectiques”. Because | Discmedi, 2015

Pascal Comelade es uno de los músicos más prolíficos de la actualidad. Sólo en los últimos años ha ocupado su tiempo en la edición de varios discos –El pianista del antifaz (Because, 2013), Avis aux inventeurs d’épaves (Because, 2013), Mosques de colors (Discmedi, 2013), éste compartido con el mítico Pau Riba–, la BSO para una película de Boris Mitic (Adiós, ¿cómo estás?) y para una coreografía de Cesc Gelabert (Sense fi), además de organizar un particular homenaje al cancionero de Bob Dylan junto a una orquesta tradicional birmana (Saing-Waing).

Ahora Comelade vuelve a la carga acompañado por Les Limiñanas, dúo punk-garajero de Perpinyà que ya han tenido el gusto de codearse con Primal Scream, Jack White, Franz Ferdinand y hasta ex–miembros de Bauhaus. La primera colaboración entre Comelade y los Limiñanas se remonta a la grabación del citado Pianista del antifaz y de A Freak Serenade (Because, 2009), en los que Lionel Limiñana intervenía arañando la guitarra. A su vez, Pascal aportaba su granito de arena en la composición de I’m Dead, pieza incluida en el álbum Crystal Anis (HoZac Records, 2012) del dúo que recuperan para la ocasión en forma de bonus track.

Escritos en conjunto o por separado, los 16 temas que integra este Traité de Guitarres Triolectiques –subtitulado À l’usage des Portugaises Ensablées– beben sobre todo de la base clásica de rock (guitarra, bajo y batería) a cargo del dúo Limiñana junto a los teclados (pianos y órganos) a cuenta de Pascal. Si bien es el rock más pedestre y primitivo el que aquí impera –acelerado, crudo, neurótico y machacón, con algunas dosis mínimas de distorsión noise–, se hacen patentes otras influencias que son sin duda aportación del maestro Comelade. Los riffs de guitarra insistentes y repetitivos pueden remitir a White Stripes, pero también a la Velvet Underground de John Cale y a los Grinderman de Nick Cave. También hallaremos reminiscencias del minimalismo más primigenio (el de Terry Riley, por ejemplo, a las antípodas del estilo más rimbombante de Philip Glass) y del lenguaje entre lisérgico e histérico de Robert Wyatt. Al respecto, no es casualidad que se atrevan con una casi irreconocible versión de Soft Machine (Why are we sleeping?). Los guiños no acaban ahí. En este Traité de Guitarres podemos encontrar aires à la Cramps (Carnival Of Souls), de surf (A Wall Of Perrukes) y de la épica trasnochada de los spaghetti Westerns (Black Sabata), además de algún apunte cercano al universo estético del gran Captain Beefheart (You’re never alone with a schizo).

Encadenados uno tras otro y sin descanso, entre estos 16 cortes se cuelan contribuciones esporádicas de amigos varios, como los solos marcianos de Iván Telefunken en El Vici Birra-Crucis y la trompetería desbocada que suena en Ramblin’ Rose. Pascal se muestra especialmente feliz en este trabajo, como prueba el histriónico pasaje de piano que engalana One Of Us, One Of Us, One Of Us y que recuerda al que el insustituible Mike Garson introdujo en el Aladdin Sane de maese Bowie. Que este Traité de Guitarres Triolectiques pretende romper los propios moldes singulares del rock no sólo se hace evidente en la larga lista de tentáculos que extiende más allá de toda frontera categórica o estilística, sino de modo más manifiesto en la portada del disco, una creación del propio Pascal en la que se banaliza la imagen más estereotipada del rock’n’roll: un iconoclasta retrato de Elvis Presley que muta en Mickey Mouse a causa del impacto cultural que supuso a nivel mundial el hit Louie Louie de Chuck Berry. + info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno