Pablo Castaño Quartet

A-la-láa, Acentral Folque, 2018

Tres palabras vienen a mi mente tras una semana de escuchar este primer trabajo del saxofonista Pablo Castaño. Respeto, valentía y humildad. Respeto hacia un folklore musical (el gallego) que Castaño conoce de cerca (su abuelo ya le animaba a ser músico) y además cuenta con arreglistas / amigos como Marcos Pin, que saben lo que llevan entre manos. Valentía por combinar música tradicional de artesanos (zapateros, herreros) con el jazz y con la voz tan personal de Ugia Pedreira, una de esas voces que te sobrecogen. Lo de la humildad viene a cuento porque en ningún momento Castaño pretende liderar el sonido del grupo, sabe que el cuarteto es muy potente y que él es uno más. Empieza el disco con O pé que baila na moa. Primera parte de la trilogía referente a los zapateros que ha arreglado Marcos Pin. La línea del contrabajo de Demian Cabaud mantiene con precisión una estructura rica en matices los otros músicos van mostrando sus armas. En la segunda parte de la suite, Auga para a seitureiro, el saxo de Castaño, ahora sí, inicia un solo, como el que canta en la madrugada de camino al trabajo, con respeto entra el piano de Yago Vázquez, las dos manos parecen venir de extremos alejados pero no tardaran en encontrarse, la sección rítmica se va colando y ya el cuarteto derrama sobre el horizonte la bella melodía atemporal. De rosa a negro es la tercera parte que cierra la suite, el bop entra con seguridad, el soprano de Castaño frasea con soltura, la batería de Iago Fernández impone el ritmo alegre que pronto secunda el piano, el tema crece seguro. Los Alalás son melodías que entonan los montañeses del noroeste de A Coruña, el primero es Alalá do vento, la voz terrible de Ugía Pedreira se instala por derecho por encima de todos, algún detalle del piano y del contrabajo por detrás para el que esté muy atento, una voz que no conocía y que no será fácil de olvidar. Más adelante encontraremos el segundo alalá, De estrela e da lúa. De nuevo la voz de Pedreira transportándonos a otros tiempos a otros lugares, el piano de Vázquez hermoso como una flor de alta montaña (uno de los momentos en que te quedas extasiado) el dúo piano, voz vuelve a dejar claro que a veces uno se olvida hasta del estilo musical que está escuchando, la música como arte sobrepasa estilos. El único tema original de Castaño es Castaño in Brown (juego de palabras entre colores y músicos en referencia a Cliford Brown) ahora sí que hablamos de bop americano que les permite a los gallegos dejar claro que además de conocer su folklore pueden tocar jazz en cualquier festival del mundo. Completan el disco Non te namores meniña, un clásico arreglado por el mismo Castaño (basándose según el propio autor, en la versión que hiciese famosa Milladoiro) el soprano se pasea dulcemente por paisajes y sentimientos, el contrabajo vuelve a ser una referencia continua, este Demian Cabaud es el único músico del cuarteto que no conocía, pero habrá que seguirlo de cerca. Y siguen otras tres composiciones tradicionales arregladas por Castaño, Tempo perdido, una balada larga con mucho espacio para que el piano de Vázquez nos pasee sin prisa, la batería dibuje simetrías en el aire y cuándo entre el saxo alto todos le dejen el sitio que merece, no por ser el líder sino porque tiene mucho que explicar. O Ferreiro, sigue Castaño con el alto, aun que a veces parece un soprano. Es muy interesante la combinación de los dos saxos, consiguiendo matices diferentes que enriquecen más si cabe el trabajo. Un final frenético nos conduce hasta el último tema, Shiny falls, dónde Castaño ha jugado con el folklore tradicional y un tema de Frank Foster consiguiendo que el viejo swing de Foster le permita a Vázquez otro momento mágico que completa Castaño, con este mágico dúo termina un disco que puede atraparte todo el verano. Yo aviso. + info | relacionados