Oumou Sangare

oumou sangare Oumou Sangare, la vida es bella

Durante estos últimos cinco años la diva mali Oumou Sangaré ha tenido tiempo para reencontrarse con su hijo, abandonado entre giras y grabaciones. Y también se reconcilió con su ya difunto padre, que la abandonó cuando apenas contaba dos años. "Seya" (World Circuit / Nuevos Medios), su nuevo álbum, recoge toda la excitación y la alegría que ha servido para redimir tantos males.

¿A qué se ha dedicado Oumou Sangare en estos cinco años de silencio?

Tenía que parar después de quince años de gira. Me he dedicado a mi hijo de catorce años, al que tenía practicamente olvidado. Le he dado todo la afección que no ha tenido en todo ese tiempo. También me he mantenido ocupada con el hotel que tengo cerca del aeropuerto de Bamako, donde he empleado a muchos jóvenes que terminaban su carrera. Y además he participado en la creación de una gama de vehículos 4X4, que llevan mi nombre.

"Seya" significa alegría ¿De que está satisfecha Oumou Sangare?

Estoy feliz tras haberme reecontrado con mi padre. Se fue a vivir a Costa de Marfil después de haberme abandonado de niña. He vivido todos estos años con una imagen equivocada de él porque le tenía como otra persona. Pero al verle cara a cara y pedirme perdón he descubierto a otro hombre. Quise que mi padre se desplazara a Bamako y que se reconciliara también con mi madre. Este reecuentro me ha servido de mucho para aparcar toda la agresividad que tenía guardada hacia él. Debemos aprender a perdonar en esta vida.

El multi-instrumentista Cheikh Tidiane Seck ha sido el productor del disco ¿Cómo resulta su trabajo?

Es un músico que vive entre dos mundos y sabe como mantener el equilibrio entre lo tradicional y lo moderno. Era la persona indicaba que buscaba y no puso ningún inconveniente para trabajar conmigo.

En la canción Donso habla de los cazadores de la región del Wassoulou y Soumsoumba trata de un matrimonio forzado entre una niña y un adulto ¿Qué otras temáticas abordan las demás canciones?

Además de tocar temas tradicionales, quería agradecer a todas las costureras que han confeccionado los vestidos con los que actúo. Ellas se merecen todo mi respeto por su gran dedicación.

¿Con qué músicos ha trabajado en Seya?

La lista es demasiado larga pero podría decirte que con el flautista Magic Malick, el batería William Calhoun (Living Colour), el saxofonista Pee Wee Ellis, por nombrar unos cuantos. Se trata de músicos a los que he conocido en los grandes festivales en los que actuado.

¿Cree que Oumou Sangare ha cambiado mucho desde que editó su primer disco Moussoulou?

Más que un cambio he vivido una evolución al estar sobreexpuesta al contacto con tantos músicos. Grandes artistas con los que he coincidido en mis giras y que de una manera u otra han influido algo en mi forma de entender la música. Todos han aportado algo a mi background.

Hace unos años usted llegó a recriminar personalmente al rey de Swazilandia por su poligamia ¿Cúal es su opinión ante esta costumbre tan arraigada en Africa?

La poligamia es la hipocresía del hombre ante la mujer. Es lo más bajo que puede ocurrirle a una mujer porque no se trata de amor. Pero la respeto cuando es una opción libre de la mujer y no se ve forzada a ello.

¿Sigue ejerciendo a día de hoy su cargo como embajadora de la FAO?

Estoy con la FAO porque además de luchar por el hambre también contribuye en cierta forma a la lucha por la mujer en Africa, algo que me preocupa mucho. Una mujer se desvive por sus hijos y lucha por que tengan que llevarse algo a la boca. Una mujer está intranquila si su hijo no puede dormir, mientras que el hombre se desentiende de ese tipo de inconvenientes.

A día de hoy la ablación es una práctica muy extendida en Africa ¿Qué puede decirnos de esta tradición tan cruel?

Yo he sido circuncindada cuando era un bebé. Entonces no tuve conciencia de ello. Pero durante un viaje a Italia pude ver en la RAI un documental sobre el tema. Lo más curioso es que llevaba como banda sonora mi música. Fue algo aterrador ver esas imágenes de una niña sujetada por los pies y por las manos mientras una matrona le cortaba. Era tremendo escuchar los gritos y sentir en aquellas imágenes su impotencia y su dolor. Es una brutalidad. // Miguel Angel Sánchez Gárate