Orgasmic quintet

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Orgasmic quintet

El Soulògic de Jordi Mestre. Quadrant Records, 2016

Jordi Mestre es un joven guitarrista de Lleida que, como muy bien explica en las notas interiores del libreto, al tener que escoger una línea de trabajo para su proyecto final de carrera y delante de la situación actual del jazz que vive un momento de investigación continua, Mestre decidió volver al blues de los sesenta o más concretamente al soul jazz de aquellos fantásticos tríos de órgano. El resultado este Soulògic interpretado por un Quinteto Orgasmic. Los componentes del quinteto son: Al Hammond Llorenç Barceló, a la trompeta Pere Navarro,  a la batería Gerard Masip, al saxo Eva Fernández y a la guitarra y compositor de todos los temas Jordi Mestre. Arrancan con Mestre Bogaloo y ya es toda una declaración de principios, la guitarra se muestra juguetona desde las primeras notas, los vientos clavan el tempo, la guitarra tiene mucho espacio para ser libre, la cadencia de la batería es lo único que le delimita, mientras no se salga de ahí puede hacer lo que quiera, el saxo le sustituye como solista y después lo hará la trompeta de Navarro, ambos son músicos con una sonoridad limpia y potente, Navarro lleva tiempo en el negocio y la joven Eva Fernández no ha parado de crecer desde que la “descubrió” Chamorro. Son temas largos con mucho espacio para todos. El Hammond de Barceló será el último en hablar dejando un regusto a funky que enamora. Bungalow blues es el segundo tema, empieza el trío y es fácil imaginarlos en una bungalow o en cualquier espacio dónde tres músicos disfrutan de una sesión de blues atemporal, el hammond y la batería ejercen de sección rítmica y la guitarra de Mestre explica sin cesar historias, largos solos increíbles que se retroalimentan tal como van surgiendo. En la segunda parte del tema es el hammond quién asume el liderazgo, cascadas interminables de notas negras, al final solo de batería de Masip y cierre del trío, pues eso, un blues, no más ni menos. Matusalén, ahora tenemos un cambio de ritmo, los vientos entran desde el principio y un estribillo claro nos advierte que si Matusalén vivió 989 años, por que no va a poder hacer lo mismo el jazz. El saxo de Eva Fernández viaja hasta encontrarse con Cannonball Adderley, la guitarra de Mestre trabaja nota por nota, hay un trabajo continuo, nada de acordes pegadizos, ni de distorsiones gratuitas, notas y más notas, excepto cuándo deja delante al hammond. Siguen con Behind the Steps, el tempo se ralentiza al máximo, el hammond parece convertirse en un órgano de una iglesia, suena escondido, profundo, Masip, desliza las escobillas como si temiese romper el encanto del momento, los vientos son angelicales y la guitarra de Mestre tiene ahora un discurso diferente, menos notas, más silencios creativos, dejando que los ecos y el silencio sean igual de importantes que el sonido, la trompeta de Navarro aprovecha para llorar en una esquina, (como hacía el viejo Miles) ya lo anuncia el tema Detrás de los pasos, de los pasos de aquellos que hicieron grande el jazz. To be or no to bop, de nuevo Mestre usa el humor para exponer sus dudas sobre el estilo a defender, el bop, con regusto al jazz manouche toma fuerza. La trompeta de Navarro no trae ecos de Dillespie, y el mundo parece un poco mejor. Para cerrar, la única versión, We sall overcome una canción popular afroamericana, una introducción preciosa de Mestre que te hace sentir toda la soledad de los viejos guitarristas del sur, pero de repente entra la banda como si se tratase de una orquesta de las que acompañaban en los funerales y el góspel se cuela en tu salón. La guitarra y el hammond tienen un duelo magistral, echando mano de músicas de variadas procedencias, casi canciones populares internacionales, la trompeta  con sordina de Navarro se suma al duelo y como colofón final Eva Fernández después de su espacio ceremonial con el saxo deja que el hammond diga su parte y cuando menos lo esperas al final de este disco instrumental aparece una voz angelical para volver a los orígenes de todo, precioso el final apoteósico, preciosa la voz de Eva Fernández y admirable el haber guardado esta voz sólo para cuándo ha sido necesaria y no usarla como reclamo en diferentes espacios del disco. A eso se llama tener las ideas claras. + info | relacionados | Candido Querol