Orchestre National de Jazz: Piazzolla!

Piazzola
Orchestre National de
Jazz:
Piazzolla!
Harmonia Mundi, 2012

 

Picasso es a la pintura lo que Piazzolla es al tango: ambos hicieron suyo el lema destruir para construir, dinamitando primero los cánones clásicos de su arte para, de las ruinas, levantar luego su propio credo. Incomprendidos en su momento, alcanzaron progresivamente el reconocimiento y el respeto de todo el mundo con esfuerzo y tesón, hasta ser por fin asimilados por el gusto del público. Al respecto, la obra de Piazzolla, quien apenas disfrutó del puesto de músico de culto en vida, se ha visto subvertida (cuando no plagiada) casi veinte años después de su muerte por infinidad de artistas de estilos y lenguajes sonoros de lo más diverso.

El disco que nos ocupa está por suerte a las antípodas de reconversiones acomodadas de chill-out como las de Gotan Project y otras bandas afines al movimiento gafapástico. Piazzolla! (así, con admiración) es un tributo que le rinde la Orchestre National de Jazz al compositor argentino, bajo la dirección artística de Daniel Yvinec y con arreglos de Gil Goldstein. El álbum en cuestión sigue las sendas antes exploradas/explotadas por Miles Davis & Gil Evans (reinterpretando al maestro Joaquín Rodrigo), Jacques Loussier (haciendo lo propio con Bach), Uri Caine (à la page con Wagner y Mahler) o la Afrodisian Orchestra (con respecto a Satie). Se trata de un trabajo de fusión, en el sentido re-creativo del término. No se contentan aquí los músicos con mezclar géneros y punto, sino en trascender las piezas originales a otra dimensión estética, sin por ello perder la esencia del tema primigenio. O sea, transformar el cuerpo sin trastocar el alma. Más o menos lo que logró Picasso mediante el cubismo, resaltando la mirada subjetiva más allá de la superficie figurativa de la realidad.

Así lo ponen de manifiesto tanto la introducción del disco como los varios medley que componen el repertorio de Piazzolla!, destacando de entre todos ellos el de Soledad / Vuelvo al Sur por su revestimiento de melancólicos aires impresionistas. Como si fuera una declaración de principios, el CD se abre con una pieza vetusta de Carlos Gardel, un tango “clásico” al que a continuación dan réplica las desconstrucciones del género por parte de Astor Piazzolla. A partir de ahí, Piazzolla! va derivando por agitadas aguas del free jazz. Chiquilín de Bachín / Balada para un loco gira alrededor de la elegancia y el ruidismo, casando ritmo y disonancia, mientras que Tres minutos con la realidad se desarrolla experimentalmente en clave electrónica. Por su parte, en Libertango se remarca el protagonismo en los vientos (saxos, flautas, trompetas y clarinetes), al tiempo que los teclados tejen sedosamente el ambiente. Y así hasta cruzar el ecuador del disco –Flores Negras–, un breve interludio a cargo de Roberto Di Filippo con un solo de bandoneón, antes de seguir con una bucólica reinvención de Mi refugio, otro hit de la vieja escuela tanguera.

Lo mejor viene luego, Adiós Nonino, que es sin duda la más interesante de las (per)versiones aquí incluidas. Dotada de un acelerado swing que subraya una batería nerviosa, unas ráfagas de guitarra à la Ribot y unos chorrazos de saxo histérico à la Zorn, la pieza transcurre impredeciblemente para, en ocasiones, orillar por sorpresa un sensible soul. Finalmente, tras un diálogo improvisado entre saxo y bajo eléctrico a pelo (Pantaleón), el disco se cierra con un engañosamente lánguido Sunny’s Game, que de repente estalla en un luminoso y agresivo crescendo a tutti. Si creían que Piazzolla es el mejor fondo acolchado para beberse el té en un local fashion con olor a incienso y pachuli, éste no es su disco. Pero si de veras aman la música piazzolliana, ¿a qué están esperando para hacerse con él? +info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno