Orchestra Baobab

baobab.jpg Orchestra Baobab
Joy Eslava, Madrid
16 de abril de 2009

Bien trajeada y con corbata salió a escena la incombustible orquesta africana, para demostrar que tradición y elegancia van de la mano. Esta vez las coloridas túnicas bou-bous quedaron relegadas para otra ocasión. Los años pesan y se adivinan en las arrugas que pueblan el rostro de los músicos, pero no la maestría instrumental ni el saber estar sobre las tablas. Los de Senegal cuentan con el humor del saxofonista Issa Cissokho, un prodigio de las pantomimas y los números teatreros, que demuestra que ela vis cómica no está reñida con el magisterio musical. Sus comedias gestuales con el vocalista Rudy Gomis, sus pícaras y cómplices miradas al público – en busca de mujeres a las que llamar la atención -, así como sus bailoteos cerca de las bambalinas despertaron la simpatía de los congregados. Arrancaron la noche con el clásico Sutu Kun, una canción del repertorio tradicional mandinga que ya interpretaban en sus primeros tiempos antes de que registraran una nueva versión en el disco Specialists in all styles (2002). De ahí saltaron a Pape N´Diaye, otro número imperecedero que forma parte del grueso de su último álbum Made In Dakar (2008), en el que centraron practicamente toda la actuación. A continuación atacaron Jiim ma jiim ma, repleto de ese sabor cubano mezclado con el wolof de las voces. La sección percusiva a cargo de Ndiouga Dieng, a las congas y voces, y Mountaga Koite, a las congas y batería, regó todo el repertorio con potentes descargas en las que se intuían acentos tanto del son cubano como del mbalax senegalés. En el saxo alto estaba Thierno Koite, músico que ha colaborado en numerosas ocasiones con el universal Youssou N´Dour. A las voces contaban con el gran Assane Mboup, un cantante algo denostado por algunos compatriotas debido al timbre tan femenino de sus cuerdas vocales. Pronto se ganó los favores del respetable con su añeja impostación, sobre todo cuando algunos espectadores se acercaron a entregarle dinero, como manda la tradición entre los griots. En un momento del recital recordaron a Laye Mboup, antiguo cantante de la formación fallecido en accidente de tráfico en los años 70. Fue cuando saltó al escenario su hijo Seydina Mboup, un portento de voz con timbre de tenor, que interpretó Ndongoy dara, una canción con cierto aire jamaicano dedicada a todos los huérfanos que pululan sin rumbo fijo por las calles de las ciudades africanas. En el repertorio no faltaron piezas tan imprescindibles como Nijaay, On Verra Ça, Ami Kita Bay, Aline – donde el público intervino al corear el estribillo de "Ça c´est vrai" – Cabral, o Ndeleng Ndeleng, momento cumbre en el que el respetable se animó a base de bien y se contoneó efusivamente. En esta canción se agradeció el duelo de solos que se marcaron el gran guitarrista togolés Barthelemy Atisso y el imparable Issa. Poco antes de finalizar el concierto y antes de los dos bises de propina entre los que se contaba Colette, un tema cargado de groovefunk, Cissokho se marcó un solo de saxo donde desgranó las notas de Summertime, el mítico standard de jazz de Gershwin. A pesar de la escasa audiencia africana, que no blanca, y una cuerda de guitarra rota se pudo disfrutar de un sonido espectacular, el derroche de simpatía a cargo de músicos y público y una recarga de pilas excelente en esta breve pero exultante excursión musical a Senegal. "¡Ñiowel ñu fecc la salsa d´Afrique, sama way!" // Miguel Angel Sánchez Gárate