Odisea Negra | La Chimera & Eduardo Egüez

Odisea-Negra
La Chimera

“Odisea Negra”
Naïve, 2011

Odisea Negra nace del casual encuentro de dos paisanos muy lejos de su tierra, concretamente en París a finales del siglo pasado. Pero ante todo aclaremos el matiz: son paisanos porque se identifican con el paisaje que fue su cuna. Ni Iván El Negro García ni Eduardo Egüez provienen del mismo país (venezolano uno, argentino el otro), y de definirse por una nacionalidad, firmarían en la casilla de “cosmopolita” por adopción vital. A ambos les une la mitad más bonita de América que se coló en la médula de su alma a través de todos los sentidos, porque la identidad no se lleva ni en la sangre ni en los documentos que le adjudiquen a uno con el arbitrario amor por los himnos y las banderas de turno. Por el contrario, la identidad se siente a través de los mediadores que la cultura ofrece diariamente: el aroma de una especia, el sabor de una comida, un característico apretón de manos, esa canción popular, o la idiosincrática forma de mirar al interlocutor.Odisea-Negra-Eduardo

Pero no se confundan, el disco que nos ocupa no es un canto de añoranza. El proyecto de Egüez y amigos pretende explicar el concepto de “mestizaje” sin apenas mediar las palabras y procurando en todo momento evitar compararlo con ese irritante término que es la “globalización”. Las diferencias no son nada inocentes ni sutiles, pues lo segundo comporta aceptar la homogeneización de la diversidad cultural con aborregado conformismo y en beneficio del canon occidental anglosajón, para más inri. El mestizaje que fundamenta la línea estética del álbum es muy contrario también a la falaz idea de “pureza”, esa falsa moneda que es, en el fondo, un invento político. De todo ello habla el excelente texto de Luis Toledo Sande que presenta el libreto interior, centrado en la historia de las “canciones de vuelta” y en la lectura racial que en muchas ocasiones –y no siempre sin querer– la musicología europea proyectó en ellas.

A tal fin se han reunido 19 piezas americanas que resumen cinco siglos. Nótese que el uso de la cursiva remarca unas reservas, ya que decir americana tiene connotaciones muy plurales. De ahí que Odisea Negra ofrezca desde poemas musicados de Nicolás Guillén a covers del Trío Matamoros, músicas antiguas con instrumentos modernos como la marimba o prestados de otras latitudes (como la kora) entre otros más ancestrales (como el laúd, la tiorba o la viola de gamba), ritmos africanos que asoman en la base del joropo o del merengue, etc. En efecto, de formas musicales de auténtica “negritud” como las negrillas, los guineos o las jácaras barrocas derivan otros géneros folklóricos, algunos autóctonos del Caribe (como el son, la habanera y el bolero) y otros más extendidos por el lado sur del continente. Por otra parte, es Odisea-Negra-Ivandeseo de Egüez que se reivindique con este disco el legado musical que los esclavos mandingas trajeron consigo a América.

La propia cantera de La Chimera, el grupo que le acompaña, ya es toda una declaración de principios, con miembros de Senegal, Italia, Cuba, Argentina y Venezuela. Sin embargo, la propuesta musical de Egüez, que en apariencia parece seguir la misma senda de otras formaciones similares como las de Infinimúsica, L’Arpeggiata o el Hespèrion XXI del maestro Savall, incluye también temas más contemporáneos o de propia autoría, aunque arreglados según estilos de antaño. No en vano, Egüez es un experto en la obra bachiana, como prueban sus dos volúmenes de The Lute Music Of J.S.Bach (2000-2002, M.A.Recordings). Al respecto, Odisea Negra no sólo borra las fronteras geográficas a través de la música, sino también las temporales, y eso lo convierte en un trabajo genuino. Baste escuchar las preciosas Mariposita de primavera y Ali (esta última escrita e interpretada por Ablaye Cissoko), los juegos polifónicos de Eso rigor e repente de Gaspar Fernandes (de su estancia en Guatemala entre los siglos XVI-XVII), esa Wouloukamala a medio camino entre Dead Can Dance y Philip Glass, o el Ogguere que El Negro Iván adaptara para su disco de debut –Traigo de todo (2009, Duradisc / Actual Records)–, aquí en una versión sustancialmente distinta de aires jazzísticos que recuerda a la atmósfera épica de las grabaciones de Yma Sumac.

La odisea de Ulises finalizó al descubrir que el más bello suelo era aquel que había dejado atrás, y al cual regresaba después de toda una vida buscándose a sí mismo. Odisea Negra –subtitulado significativamente El mar de las memorias–, más que un ajuste de cuentas con los conquistadores castellanos, es un agradecido abrazo a los esclavos que literalmente levantaron de sus ruinas la esperanza. Eso que justo ahora más falta nos hace a este lado del Atlántico. | www.eduardoeguez.com | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno