Natalia M. King

NataliaM.King
Natalia M.  King
“Soulblazz”, Jazz Village | Harmonia Mundi, 2014

Tengo que reconocer que no conocía a esta joven afroamericana con asentamiento y gran predicamento en Francia. Buena compositora, hábil guitarrista y excelente vocalista, gustará a esos seguidores con buen gusto de cantantes como Madeleyne Peyroux, Cassandra Wilson, Diana Krall o Stacey Kent, por citar unas pocas destacadas entre un amplio surtido de ellas.
Su historia vital tiene tela. De origen dominicano nació en Brooklyn y estudió Sociología e Historia. La música le tiraba y tras vagar por los más diversos y humildes oficios acabó en Los Ángeles y tocando en un combo más o menos blues como los Mojo Monks. No pasó nada y decidió emigrar hace ya 16 años a París para probar suerte e intentar vivir en la ciudad en que se apreciaba la música de sus ídolos del blues y del jazz como Miles Davis o Josephine Baker. Tras tocar en el metro y en la calle le llegó su billete de la suerte cuando teloneó de repente a Diana Krall en el Olympia. Firmó por Universal Jazz y creó tres exitosos discos en el país vecino. Tras una limpieza espiritual de 6 años regresa con este cuarto disco más centrado en sus raíces jazz y blues.  
Cuenta con un excelente trío como banda base en el que destacan el teclista Vladimir Ivanovsky (también se sale con la slide guitar en Stronger than I aportando un elegante aire entre Hawai y Chris Isaak) y el bajista y contrabajo Yves Torchinsky. A este cuarteto base se le suman en otras canciones hasta 4 destacados músicos franceses entre los que destaca sobremanera el trompetista, ya consagrado también en solitario, Stéphane Belmondo, que en destacadas baladas como I’ve changed o I need to see you again, muy bien apoyado por el piano de Ivanovsky, te hacen recordar a los más desgarradores temas de Chet Baker. Sólo se marca dos dispares versiones. Una es para el standard You don’t know what love is con esos buenos vientos franceses y la otra para el Today I sing the blues de Sam Cooke, que todavía resuena casi más sensual en la voz de Natalia. Ring ding dingaling tiene el ritmo vivo de los años 40 y en ella hace estragos el piano de Vladimir. Lady of the night es una extraordinaria torch-song con una historia que le va como anillo al dedo. En Nutty revisited los vientos dan un aroma mucho más jazz al tema y en el cierre con Love and leave me kind nos sorprende con su dura y agresiva Fender Stratocaster. Luego fusiona esto con los aires folk-blues del clásico góspel final que es Amazing grace. Todo, grabado en directo en el estudio y con la magia de una actuación en un pequeño y humeante garito nocturno. +InfoTxema Mañeru