Minino Garay y los Tambores del Sur / 2009

minino-garay.jpg Minino Garay y los Tambores del Sur
Sala Clamores, Madrid
15 de diciembre de 2009

Con sus aires a medio camino entre Sandokan y Corto Maltés con fondo de armario gaucho, Minino Garay derrocha labia a raudales. Y ese sentir cómico que también llevan en los genes artistas como Les Luthiers. Así se explican sus jugosas alocuciones y chascarrillos que sirven de introducción a sus canciones. Para el cordobés –  si fuera andaluz de salero andaría sobrado – hay distintos tipos de amor. El amor brujo, según el front-man , lo personificarían Romeo y Julieta. El amor rojo vendría representado por el sexo, “que cuanto más lo haces más te vuelves loco”. Y el amor negro, el que viene del brazo de Miguel Ballumbrosio, moreno señor del cajón y percusiones varias. Una pieza de ajedrez de los Tambores del Sur que ocupa un privilegiado lugar ensartado en las flechas de Cupido. Este fue el curioso preludio que bosquejó el líder antes de encarar Paris chavire, tema con ciertos guiños a Frank Zappa, tanto en los arreglos de saxo de Leandro Guffanti, como en los divertidos rapeados y los satíricos coros. Y es que la música de Minino es un auténtico batiburrillo de géneros que fluctúa entre el jazz, una buena variedad de palos del folclor argentino (murga, zamba, chacarera…), y el acento afro-latino que impregnan sus percusiones. Venía el cordobés a desplegar la artillería de su último disco: Que lo parió! (Naïve, 2009) . Y ni corto ni perezoso atacó este tema vestido de murga y cierto deje a lo Bersuit. Las referencias a la banda de Gustavo Cordera llegan por la sorna que gasta la orquesta de nuestro protagonista. La susodicha pieza fue dedicada a “todos los políticos de este mundo. Especialmente a los argentinos, campeones de la corrupción política”. Y así sin abandonar la vis humorística gastó estribillo simpaticón en Modelos argentinas, chicas “que andan  por la pasarela con falsos bikinis”, una polaroid hiperrealista sobre la trata de blancas encubierta. En Yo solo toco bombo, recital de tambores donde los hubiera, se unió el baterista español Daniel García Bruno (Pablo Arrieta Trío, Chema Sáiz Cuarteto), que no tuvo reparos en compartir con Minino el sillín, con un solo sin demasiados alardes y mucha diversión. La vena zappiana volvió a relucir en Como se dice en cordobés, tema que surgió a colación de una ininteligible maqueta que Garay envió a su compatriota Kevin Johansen. Los juegos de palabras entre el español, el inglés y el francés dejaban entrever la ironía: “I love you baby, tu lo sé”.  Entre la formación de siete músicos se encontraba Carlos Buschini (Gaia Quatro, Tango Negro Trio), sustituto del bajista original, Fabrizio Fenoglieto. Es este un músico afincado en Milán, que se mueve en los círculos del jazz italiano, y que gasta sobriedad y sabiduría. No faltó en el show una demostración de claqué, a cargo del percusionista peruano Miguel Ballumbrosio, que se lució de lo lindo con su percusivo y acelerado zapateado. En la despoblada sala Clamores, apenas treinta y pocas almas componían el fantasmal aforo, sonaron piezas indispensables como Por ahí cantaba Garay, con un efusivo Lalo Zanelli al piano;  Amor licuado, “con ritmo de sambayón”; Corazón sin amor; o la emotiva balada Adios tierra mía, dedicada a la Pampa y a la falta de entendimiento entre hermanos. Carencia que combate eficientemente la festiva y contagiosa música de este entrañable argentino afincado en París. Relacionados . www.mininogaray.com //  Miguel Ángel Sánchez Gárate