Minino Garay y los Tambores del Sur

minino-garay.jpg Minino Garay y Los Tambores del Sur
"Qué lo parió"
Naïve Records / Naïve, 2009

La música de Minino Garay respira la misma jovialidad y aires de fiesta que la de sus compatriotas Bersuit. También comparte algunas afinidades formales con Toto y La Momposina, en cuanto a la utilización de la percusión como elemento básico en su discurso. Aunque Minino no tira solo de tambores como los colombianos sino que se sirve de toda suerte de instrumentos en los que se incluyen metales, guitarras y piano. Sus letras ocurrentes y el desenfado de sus melodías invitan a colocar estas canciones en la perennidad de una jukebox a la que poder recurrir de cuando en cuando para insuflar de ánimos al espíritu. La gran virtud de Minino Garay es la de disponer de una vasta cultura musical que le permite escarbar en géneros del folklore local como las zambas, milongas o chacareras. Su procedencia de Córdoba, ciudad del interior argentino, unida a una efervescente curiosidad que le ha llevado a colaborar con músicos de jazz como Dee Dee Bridgewater, el camerunés Richard Bona, o el mali Cheick Tidiane Seck, reafirma ese cóctel explosivo que se trasluce en la colisión de distintas culturas propias del país sudamericano (no olviden la oleada de emigrantes italianos que recaló en el país y dejó su marcada impronta en géneros musicales como el tango). Que lo parió llega justo tres años después de Kilombo, la anterior piedra angular de la orquesta gaucha. Hay marchita en la canción que da título al disco, en la sonsoneante Amor licuado (con una letra ocurrente que recuerda a las del panameño Rubén Blades), en París chaviré o Un mundo diferente. Pero no todo es jolgorio en este encuentro, ahí están los arreglos de jazz de la balada Tierra cuna, con un recitado y un espíritu combativo similar al de la malograda Mercedes Sosa; los aires afro de Yo toco solo bombo, o Como se dice en cordobés, con un delicioso fragor de metales de inspiración yoruba. El trote del cajón peruano y el bombo leguero deja resultados magistrales en Por ahí cantaba Garay, perfecta en su conjunción de melodía arrebatadora, ritmo rotundo y un tratamiento cercano al ska. A Minino lo apodan “El Terrible” y razón que tienen en colgarle semejante alias. Sabe cuando darle marcha al cuerpo y replegarse en las esquinas interiores con un exquisito sentido de los arreglos. Su elaborada orquestación  toma mucho del jazz, y en la parte lírica donde firma líneas geniales a la altura de las de históricos como Discépolo. El disco lo despide una crepitante canción titulada Adiós tierra mía, con una demoledora sensación de desarraigo y cuya letra podría estar firmada por el mismísimo Eduardo Galeano. Y que destila unos versos de lo más conmovedores. “Adios pampa mía. Le llegaron al indio sin su permiso, le cambiaron el rumbo a este paraíso. Adiós pampa mía. En la hondura del barranco hecho pedazos el sueño del abuelo gringo está sepultado. Adiós tierra mía. La memoria está en receso, en funeral la justicia, las vaquitas son ajenas y la pampa ya no es mía“. Sencillamente brutal. www.mininogaray.com // Miguel Ángel Sánchez Gárate