Miguelanxo Prado

MiguelanxoPrado Ardalen
Miguelanxo Prado
“Ardalén”, Norma editorial, 2012

ArdalenUn año ha tardado Papa Noel en traerme el último trabajo de Miguelanxo Prado. Si conoces su obra, ya tardas en conseguir este grandísimo trabajo, si no es el caso, intentaré transmitirte el sentimiento que produce. Prado es guionista y dibujante, pero muchas veces ambas cosas van tan entrelazadas que es difícil saber qué es lo que más nos impresiona.
Ardalén, viento templado y húmedo que sopla desde el mar hacia la tierra, procedente del suroeste, en las costas atlánticas europeas. Será la excusa perfecta para que el autor juegue a buscar lo ocurrido en Cuba hace muchos años y traerlo a la aldea gallega.  Para escribir y dibujar sobe la memoria, sobre el tiempo y sobre la necesidad que tenemos los seres humanos de los recuerdos.
Sabela, buscando información de su abuelo encontrará a Fidel, que no recuerda muy bien quién fue, pero que tiene un mundo de ballenas que desfilan entre eucaliptus para compartir. Rosalía tiene todo el aroma de La Habana que nunca olvidará quien tuvo la suerte de probar una vez en su vida. La aldea gallega resumida toda en un bar, único lugar con vida, donde las vidas no cambian de estación, es el teatro necesario para cualquier tragedia atemporal, y los pequeños apuntes reales de definiciones sobre el Hipotálamo o los certificados y telegramas, irán incrustando en el relato, las realidades necesarios para que la historia te atrape sin dejarte levantar del sillón. Pero (ahí la grandeza del cómic) siempre hay un momento en que los ojos  de Celia detrás del mostrador son más importantes que párrafos enteros de un libro.
Siempre hay guiños de delfines trabajados a navaja o de ballenas (quizás las mismas que poblaron De Profundis, aquella película de dibujos que creó en 2007) surcando montañas de eucaliptos que sólo algunos “navegantes” pueden ver y sobre todo escuchar. Guiños que te adentran en el universo de este gallego que merece un sitio especial dentro de tu colección de comics. Otro detalle más a destacar en el trabajo de Prado, las viñetas, aun que sigue siendo clásico en su estructura, cada vez más el lenguaje cinematográfico está presente y pequeños enfoques de situación en el plano secuencial o recursos de escenas muy bien acotadas se van colando en el ritmo del relato y consolida la obra como una película que a nadie se le ocurriría ver fraccionada, así pues resérvate un par de horas y a disfrutar. + info I Candido Querol