Meritxell Naranjo

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Meritxell Naranjo
Me considero en tierra de nadie

El de Meritxell Naranjo era un nombre ya conocido en los circuitos pequeños de la música urbana y en los tablaos de poesía amateur antes de ingresar en Les Nits de l’Art –las mismas que amamantaron también a Dani Flaco, Rafa Pons, Alejandro Martínez, El Sobrino del Diablo, entre otros–. Su paso por la revista La Musa Araña, colaboraciones y deseos con Tiza, Santi Noriega, Víctor Naranjo o Yuri Mykhaylychenko, de la Orquesta de Cosmonautas, y sus memorables concierto-monólogos en el Teatre LLantiol, de Barcelona, y El Búho Real, de Madrid, acrecentaron poco a poco su merecida fama y una hueste fiel de fans (muchos) y amigos (más) a su alrededor. A fuego lento, como más sabrosos son los buenos platos, Meritxell se ha tomado un período de casi 10 años para madurar su puesta de largo: el disco Cero (La Produktiva Records, 2011), que el pasado 6 de octubre presentó en la sala Cabaret Berlín, de Barcelona.

La primera pregunta es obligatoria: ¿por qué tardaste tanto en debutar discográficamente?
Grabé otro disco antes que éste, pero el resultado no fue el que yo me esperaba. Aquello que hice entonces no reflejaba mi mundo, a nivel de producción. Ni siquiera me sentía identificada con mi voz, que habían procesado mucho. A eso se añade que el estado anímico con el que lo grabé no era el más idóneo, precisamente. Desde entonces ha pasado mucho tiempo, pero me ha servido para reflexionar críticamente sobre mi propio material y creo que la espera ha valido la pena.

Pues todo sea dicho, Cero se hace corto. Algunas piezas son tan breves que parecen haikus.
En principio iba a ser un EP, pero el productor (Alex Soler) se enamoró de muchas canciones de mi repertorio que acabaron añadiéndose al disco, hasta completar las once. Claro que también se quedó mucho material fuera. Si he tardado tanto en “estrenarme” es porque he querido ser muy estricta con el repertorio y darle una forma definitiva con la que me sintiera satisfecha. Desde luego la gestación del disco me generó mucha ansiedad por ese afán de perfeccionismo…

¿Por qué ese título, Cero?
Como cualquier otro momento de la vida, a partir de este disco empieza el resto de la mía. Podría haber escogido este mismo instante, o el siguiente, da lo mismo. Para mí, lo importante es darle un valor a cualquier punto de partida que escojamos libremente como algo significativo. Aunque no lo parezca, es un título muy positivo, en cuanto que el cero siempre marca un punto en la nada, lo cual ya es algo. La portada ya intenta reflejar eso: en la imagen se ve una habitación oscura y destartalada donde todo parece estar flotando, roto o inundándose por una intensa lluvia (o lo que Andrés Rodríguez, responsable del diseño, denomina “un hacedor de vendavales internos”). Pero, pese a todo, yo me estoy riendo en esta foto. Cuando abres el libreto, te percatas de que yo ya no estoy ahí, porque he decido marcharme de todo eso.

Canciones como Harta o Te pido perdón pueden hacer pensar lo contrario…
En cambio, otras como Mi vida es mía y Marta alada transmiten una rabia sana que reivindica la necesidad de un cambio personal ante la crisis existencial o de pareja, un viraje hacia la mejora. Muchas de estas canciones están planteadas como una comunicación conmigo misma para animarme, como si dijera: “Tranquila, no pasa nada, disfruta de la vida, de las cosas pequeñas, de lo que ya tienes…”. De ahí el título del disco, porque parto hacia alguna parte sin expectativas prefijadas. Eso justifica que no quisiera editar finalmente mi disco anterior: mucha gente estaba apretando para que lo hiciera, pero renuncié a ello por principio; creo que eso debería ser motivo más que suficiente como para reafirmar la autoestima, ¿no?

Es verdad que parecen canciones que hablan de tú a tú, se nota que estás fogueada en los recitales de corta distancia. Quizá eso justifica esa manera de contar y cantar casi con un susurro.
Es que la queja es muy cansina, y eso que siempre me estoy quejando… (Ríe) Últimamente procuro no hacerlo tanto, y por suerte he aprendido a exteriorizarla menos. La queja es lo que muchas veces nos impide avanzar. La canción Harta trata justamente de eso, provocándote con esta cuestión: ¿de veras te aburres de ti misma? Es un toque de atención. Lo bueno que tienen todas las canciones es que siempre reflejan estados de ánimo o momentos de tu vida. En ese sentido, Te pido perdón no es una disculpa por algo que hice, sino por lo que provocó aquello. No es que me arrepienta de mi acción, sino de la decepción que ocasionó en otras personas.

Eso responde a la lógica de la acción y la consecuencia, ¿no?
Sí, pero a veces no puedes evitar lo segundo, y no te queda más remedio que tomar uno de los dos caminos que te ofrece la vida aunque sepas de antemano que ni hay vuelta atrás ni ninguna de las dos opciones dejará indiferente a nadie, empezando por ti mismo.

¿Es que te has sentido alguna vez como La Reina de la Panacea, como reza una de las canciones? ¿Ha rodado alguna cabeza a tus pies?
Uy, sí, la reina de nada… ¡o de un país de mierda, ya ves tú! (Ríe) Y si han rodado cabezas, ha sido principalmente la mía. Aunque, con humildad, cuando he decidido ser la más miserable de mi reino, ha aumentado mucho el censo (Ríe).

Meritxell-Naranjo-entrevista-picCuriosamente, hablas de un reino sin bufones.
Bueno, en uno de los versos le confío el poder a mi albacea. Pero no hace falta bufón con una regente como esa, que es ególatra, miserable y una histérica que quiere decapitar a todo el mundo…

¿Quién es esa gente extraña que te acompaña?
En el disco están acreditados Alex Soler, Alejo Carrizo, Rafael Enrique Ugueto y Ernesto Briceño, que son miembros de la banda de Salvarez. Pero en los directos cuento en bajo y batería con Charly Hinojosa, del grupo de mi hermano Víctor, y Miguel Ballester, que ha colaborado con gente como Carlos Ann y Daniel Higiénico, entre otros.

¿Fue Víctor Naranjo un referente para tu carrera musical?
En mis inicios fue inevitable, porque él me enseñaba a tocar la guitarra, pero luego fui por libre. Nuestras respectivas trayectorias han ido muy separadas, y aunque siempre manifestamos respeto por la obra del otro, también hemos mantenido sonadas discusiones a la hora de crear canciones, construir un discurso ético y artístico coherente, etc. Pese al apoyo familiar y los consejos recibidos, he vivido mi carrera como una tarea muy solitaria. Por supuesto que la presión por las expectativas está siempre ahí, pero no se trata de tener que demostrar nada, prefiero pensar que me lo he currado yo sola durante tantos años sin temor a no conseguir el éxito. Para mí, el éxito es al revés de cómo lo definía Janis Joplin: decía que cuando tocaba para miles de personas era como hacer el amor con todas ellas… pero en mi opinión, al acabar el concierto, siempre volvía a casa sola. Podría creerme que lo correcto es haber llegado a mucha gente, pero aunque eso no funcionara, el mero hecho de sentirme feliz por haberlo intentado ya es para mí un verdadero éxito.

¿Te molesta la etiqueta de cantautor?
Pues no sé, porque yo me considero en tierra de nadie. No lo digo ni con alegría ni con resignación. A muchos, lo de ser cantautor les sienta como un cliché, cuando en el fondo deberían sentirse privilegiados por poder interpretar sus propias canciones. En mi caso, ni formo parte del underground de los bares de copas, ni encajo con el estereotipo, ni mi temática tampoco es combativa…

Se suele pensar que el cantautor casi siempre es de izquierdas, mientras que los artistas pop son más bien de derechas.
Ah, ¿sí? (Ríe) Es un tema complicado. A ver, pongamos por ejemplo a David Bowie. Él compone e interpreta sus canciones y tiene un control absoluto de su imagen y de su obra, al margen de ser un producto para una industria que le sea ajena a sí mismo. Y sin embargo nadie lo enmarcaría en el mismo cuadro que a un cantautor.

Es cierto, a veces las etiquetas estilísticas imponen fronteras muy arbitrarias, más que definir a los artistas. Supongo que eso explica la variedad de géneros que comprende Cero.
En realidad no partía de una línea establecida a priori para el disco. Se fue decidiendo sobre la marcha, probando qué formas le irían mejor a cada canción y en qué orden. La que más me gusta es precisamente La Reina de la Panacea por su aire desenfadado y juguetón, con arreglos de klezmer. Mi vida es mía contiene una guitarra dobro que le da una textura country muy interesante. Quisiera subrayar que en Cero no existe una idea aglutinadora que dé continuidad al disco, sino que se rige por el azar y los múltiples cambios que engarzan cada canción. Como venía de patearme muchos escenarios pensando que mis canciones se bastaban con mi voz y cuatro acordes de guitarra, descubrí nuevos planteamientos estéticos al experimentar con ellas en un estudio de grabación al lado del productor, escogiendo el repertorio, retocando cada detalle, perfilando el sentido de cada tema. Me sentí como un niño con juguetes nuevos.

En tal caso, ¿es la figura del productor más importante que la del autor?
En absoluto. Vayas donde vayas con un proyecto musical, si no hay un público delante no te sirve para nada. En cuanto a los músicos que te secundan, si no hay feeling entre ellos en los ensayos o en el escenario, el asunto deja de ser divertido. Y desde luego, la idea que hay en la mente del autor es la chispa de todo eso, por eso es tan importante que el compositor sea también intérprete y responsable de su propia obra.

Entonces, ¿cómo concibes la música?: ¿cómo medio de evasión, o de concienciación?
Ambos. Lo uno no quita lo otro: puedes entenderla como un ejercicio de goce durante el cual tomas conciencia de ti mismo, pero puedes también servirte de ella como algo hedonista, y punto. No sé, déjame que lo piense… mmm… No sé si me interesaría que fuera una evasión, porque eso significa huir de algo. Tal vez lo más adecuado es comprenderla como un distanciamiento: de una emoción, de una obsesión que te mortifica, de ti mismo… Si me permites la metáfora, la audiencia del cantautor es como un montón de psicólogos a los que les confesamos nuestras frustraciones, nuestros dilemas, nuestras preocupaciones. Les estás contando cosas personales que, aunque no esperas que te las solucionen, te consuela el hecho de que simplemente haya alguien que las escuche y empatice contigo. Siendo así, la música podría ser una forma de disensión, sí. Habrá artistas que usen su arte para crear y difundir nuevos pensamientos críticos, y otros que estarán en esto por la pasta, o por el placer que les reporta.

¿Y tú?
No sé si tener un mensaje sobre la sociedad es beneficioso o no para el artista. Particularmente, yo siempre haré lo que me apetezca, no lo que me vea obligada a hacer. No por ser artista voy a tener la responsabilidad de convertirme en modelo para nadie. No niego que no sea importante que la gente se posicione, pero conviene que todo el mundo tenga muy en cuenta cómo quiere utilizar su influencia. Por el contrario, ofrecer un espectáculo lúdico no debe ser entendido como un inconveniente, si acaso eso es lo que se busca sin traicionar por ello los propios valores. Pero en cambio estoy de acuerdo en que subir a un escenario ya denota una actitud, porque estamos –aunque no lo queramos– inmersos en una realidad política.

En música, el público es un consumidor más, así que nadie es libre de pecado.
Desde luego, en este mundillo no se puede ser ingenuo. Me pregunto si, de tener yo el poder mediático de denunciar a través del micrófono aquello que me encendiera la sangre, acaso lograría evitarlo. No sé, es muy complicado. Como no detento ese poder, tan sólo puedo soñar… www.meritxellnaranjo.net | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno | Fotos:
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