Matthew Herbert en el festival de Jazz de Barcelona

herbert.jpg Matthew Herbert Big Band
Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona
Palau de la Música Catalana,
13 de Noviembre 2008

Nunca había sido tan provechoso recibir una "proposición indecente" para asistir a este evento (Gracias Antonio). Obviamente no hubo tormenta, ciclón o marea que impidiera mi asistencia.

Expectación ante la actuación de uno de los artistas más singulares de la escena musical contemporánea. El 40 Festival Internacional de Jazz de Barcelona, el emblemático Palau de la música Catalana y Matthew Herbert que presentaba su segundo trabajo con su Big Band, There’s me and there’s you (!K7 2008), repitiendo su colaboración con la selección de músicos que tan buenas críticas recibió con Goodbye swingtime (Accidental 2003), eran elementos más que suficientes para el reclamo de un público de lo más variopinto que fue congregandose en el Palau minutos antes de la actuación.

Con puntualidad inglesa, empezó la actuación deleitando al respetable con los sonidos de su último trabajo, donde unas introducciones a base de samplers pregrabados en lugares tan insólitos como el British Museum o el Parlamento Inglés, de manera no menos convencional, usando condones arrastrados por el suelo o un centenar de personas diciendo "Yes" se entrelazan con sonidos de la banda de jazz, que a pesar de haber dicho adiós al swing en su anterior trabajo, estaba más presente que nunca.

La primera sorpresa de la noche, fue cuando Matthew empezó a leer la prensa. Ciertas caras de incredulidad entre el público desaparecieron cuando finalmente dijo leer una publicación de tendencia política no muy respetada por estas tierras. Pitidos y algún que otro abucheo fueron oídos en la sala. Lógicamente, seleccionó dicha impresión buscando la reacción del público antes de disponerse a repartir más ediciones a sus compañeros de escenario y empezar a romperlos mientras iba grabándolos, transformandolo e interpretando en directo. La banda acompañó tocando sus instrumentos y destrozando los diarios hasta el punto de dejar el escenario repleto de la publicación hecha trocitos.

Por si no hubiera sido poco, Matthew dando muestras de sus cualidades artísticas y técnicas nos deleitó con una canción con los ojos vendados sin abandonar ni por un instante la sintonía con la banda. Esto no es más que un fiel reflejo de lo prodigioso y singular que es este artista, que sin el uso de uno de los principales sentidos, sin el cual un servidor no sería capaz ni de dar dos pasos, él, continuaba tocando para sorpresa de los presentes.

Hay que destacar que el conjunto sonoro en ningún momento fue desequilibrado por los recursos que Herbert utilizó en directo, que siguiendo su propio manifiesto de trabajo (P.C.C.O.M.) usa sonidos pregrabados por el mismo de fuentes externas, capturando con el micrófono los sonidos de los instrumentos o la voz de la cantante y procesándolos a su gusto, hasta el punto de llegar a samplear las voces del propio público, deformándolo hasta llevarlo a la tonalidad marcada por el pianista y crear una melodía que coordinaba a la perfección en la composición acústica de la banda.

Todo este entramado sonoro culminó con una parte del público enloquecido en sus asientos al oír las notas de Foreign Bodies y de The Audience de su aclamado álbum Bodily Functions (!k7 2001). Después de realizar dos bis, recibir los intensos aplausos de un público en pie, agradecerlo y confesar que se sentía como en casa, los músicos volvieron a salir al escenario para sorpresa del protagonista, que incrédulo confesó que no tenían nada más preparado e improvisaron otra versión de sus trabajos anteriores, para disfrute de aquellos que no podían resistir levantarse de la butaca y ponerse a bailar.

Maravillosa velada, por ser una apuesta arriesgada de la organización, por permitir acercar el jazz a un público más amplio y humanizar un poco más la música electrónica, consagrándola como música de culto, como se merece. Dejando de lado experimentos sonoros, fusiones o mestizajes, las fronteras estilísticas se diluyen y se hacen inapreciables ante propuestas con tanta creatividad, calidad y originalidad. Imposible expresarlo en palabras. Hay que verlo, oírlo, sentirlo en directo para poder creerlo ¡Viva la música! ¡Viva la tangente! //Fotos y textos: Pablo Castro