MasiMas Festival: Alfonso Vilallonga & Marco Mezquida


MasiMas Festival: Alfonso Vilallonga & Marco Mezquida

Born Centre Cultural. Barcelona 29 de julio de 2017

Aunque es ahora, posiblemente, cuando está más de moda aquello que podríamos llamar cocina de contrastes, especialmente en esas tapas imposibles que ofrecen algunos bares, o en los postres con elementos innovadores; en nuestro país, y en todo el mundo, desde siempre se ha buscado la conjunción, a veces imposible aparentemente, de elementos que no parecen ligar entre sí, pero que ofrecen resultados muy interesantes, e incluso, a veces, se convierten en clásicos, como el famoso Mar i Montanya, unión de carne y pescado en un mismo plato, toda una institución. Es la gastronomía lo que une a todos esos elementos que se combinan de forma creativa y con resultados positivos.

En este caso es la música la que une a unos interpretes sino diametralmente opuestos, porque no es así, sí de características, a priori, muy diferentes. Alfonso Vilallonga es lo que en términos comunes se conoce como un cantautor, pero de hecho la definición le queda corta, porque es además un compositor de obras para cine, teatro, y también un intérprete de composiciones ajenas. Marco Mezquida es por definición un pianista de jazz, pero también su trayectoria va mucho más allá, tanto en su faceta de compositor como de intérprete. Y ellos dos son los que, como en una receta de cocina revolucionaria, unen sus fuerzas para ofrecernos J’ai deux amours, el espectáculo con se inauguraba el MasiMas Festival de este año.

Lo más interesante de esta conjunción es que no recurren a ingredientes extravagantes, sino que lo hacen con elementos cotidianos, aparentemente simples, que ellos elevan a niveles sutiles. Y lo hacen con su presencia en el escenario, creando un entorno en el que las canciones, las interpretaciones y, por supuesto, los monólogos dialogados, forman parte del concierto, todos ellos de forma fundamental.

Aparecía en escena Alfonso de Vilallonga, con esa manera suya tan especial de situarse ante el piano, vestido como siempre de una forma peculiar —no podían faltar los zapatos iguales pero de diferente color que siempre lleva—, para interpretar en solitario el primero de los temas suyos que iba a ofrecer durante la noche, Ja t’embrasse a l’envers, de su disco Alphonsphore Variations. Una declaración de amor tangible, dentro de esa tradición francófona fuente de inspiración para el artista.

Entraba Marco Mezquida en el escenario y tras un divertido rifirrafe entre ellos dos, con el piano, interpretaban dos temas emblemáticos, uno tras otro. Primero era la canción que popularizó Joséphine Baker en su momento, Je deux amours, su país y París, nos decía, igual que lo hacía ahora Alfonso Vilallonga; una melódica y nostálgica canción que daba paso a una Madeleine de Jacques Brel, frenéticamente interpretada, especialmente en su tramo final donde el cantante se unió al pianista, para concluir el tema, en un duelo a cuatro manos. Tras ello, después de los entusiastas aplausos del público que ya tenían, como aquel que dice, en el bolsillo, llegó el primer irónico parlamento que comenzó diciendo, en francés, que no iba a utilizar ni el español ni el catalán por todo el jaleo que había actualmente.

Ya estaban sentadas las base de lo que iba a ser un concierto que se iba a desarrollar con esas premisas de temas propios, versiones, especialmente francesas, y humor, pero con un trasfondo nada frívolo, aunque la envoltura si lo pudiera parecer.

Llegaba Georges Brassens y La femme d’Hector, la historia de la gran amiga de los amigos de su marido a los que ayudaba en todo. Y mientras Alfonso Vilallonga había empuñado la guitarra para acompañarse, tras él y de una forma al principio insinuada, llegaba el piano de Marco Mezquida para demostrarnos lo que significa acompañar a un cantante sin robarle ni una pizca de protagonismo, pero ejerciendo su trabajo de forma absolutamente brillante potenciando el tema que acompaña en cada momento. Sería durante toda la noche una constante de comunicación entre ellos y el complemento ideal.

Luego era el tema Jardin d’Hiver, una de las canciones más bonitas que se han escrito en los últimos tiempos. Una canción de Benjamin Biolay y Keren Ann que popularizara el recuperado en su momento Henri Salvador en uno de sus últimos trabajos antes de dejarnos. Sensibilidad a flor de piel la que demostraban en su versión, ambos intérpretes.

Dentro de sus comentarios con el público llegaba una broma, que se resolvería luego, sobre Ne me quitte pas, tema que dijo no iba a interpretar porque la odiaba y era muy pesado… A cambio hizo, Si me dejas, otro tema suyo —para ganar algo con la SGAE, aclaró—, que es como el contrario del denostado Ne me quitte pas, que le sirvió para hacer cantar a los presentes como si, decía, la escena ocurriese a bordo de un barco en un musical americano.

Seguía con sus jocosas historias, hablando de gente que había conocido en algún momento, para introducirnos un tema del musical Aloma, de Dagoll Dagom, del que escribió las canciones. Para él era el mejor tema del espectáculo pero, claro, fue eliminado en el montaje final, ironizaba; interpretado con un ritmo tropical que le servía a Marco Mezquida para acercarnos a esos pianos latinos tan estimados.

Tras explicar una historia sobre su famoso tío —«¡Que se había pegado el lote con Audrey Hepbur!», destacaba— le dedicó a aquel el tema Je suis snob, de su admirado Boris Vian, que trataron inicialmente como un estándar americano, hasta darle un toque a lo Maurice Chavalier, acabando con unos scat’s imposibles, que también introduciría en otras canciones.

Entre anécdotas de Perelada, Juliette Binoche, e Isabel Coixet, introducía ahora el tema Filing lonely and the Sunday afternoon, escrito para la última película de la directora catalana, —muy inglesa, de aquí, comentaba: «Toma el té con rodajitas de butifarra catalana»—. Una preciosa melodía que nos recuerda a los años 50 y 60, cuando transcurre Bookshop, la película a la que se refería.

Más anécdotas para introducir Le poinçonner des Lilas, de Serge Gainsbourg que habla de los revisores del metro, nuevamente los dos al piano, esta vez jugando con el mismo, con un Marco Mezquida demostrando su potencial, con su estilo inconfundible, manipulando directamente, como hace muchas veces, el arpa del piano. El siguiente tema era Décalage, una composición de Alfonso Vilallonga que daba título al espectáculo en el que le vimos junto a la quebequesa Fabiola Toupin hace un tiempo en el festival Temporada Alta de Girona.

Entonces el cantante se nos transformaba y con una barba postiza rubia y unas gafas que incorporaban dos pequeñas jarras de cerveza, nos interpretó el tema de Agustín Lara, Granada, con un marcado acento alemán y una potente voz que, de alguna forma, descolocaba inicialmente a los espectadores. Y siguiendo con el tema alemán, ya despojado del disfraz y armado con su acordeón, una canción de Mikis Theodorakis, Sto Perigale, con la letra del nobel griego Yorgos Seferis, traducida al alemán, con un espíritu conciliador entre los dos países, volvía a ironizar.

Nuevamente Henri Salvador, esta vez en su faceta de autor, con Cherche la rose, que han cantado desde Marlene Dietrich a Caetano Veloso, pasando, entre otros por Ives Montand. Sentado cerca del público, interpretaba Alfonso Vilallonga este precioso tema con el piano de Marco Mezquida acompañando, de forma inspiradísima, las preciosas palabras del tema.

Acababan, oficialmente con el tema de Charles Aznavour, For me Formidable, en versión inglesa, lleno de fuerza, con un final que, bromeando, repitieron tres veces hasta que les salió como querían, para regocijo del público. Luego otra de las curiosidades de la noche: You’ll Never walk Alone, una canción de Rodgers y Hammerstein correspondiente al musical de los años 40, Carrusel. Un tema que cantaron desde Frank Sinatra a Elvis Presley, y que recuperaron Gerry and the Pacemakers en los años 60 convirtiéndose entonces en el himno oficial del equipo de futbol del Liverpool; aquí en una interpretación por parte de Alfonso Vilallonga a pleno pulmón.

Llegaba el guiño de la noche con un Ne me quitte pas, de Jacques Brel, antológico por parte de ambos intérpretes, lleno de sentimiento y sensibilidad, muy lejos de ese tema aburrido del que nos hablaba al principio del concierto el cantante, que fue acogido con bravos y extensos aplausos por los asistentes.

Y acababa tras más de hora y media de concierto, con otro divertido tema suyo, Polka del compromiso, igualmente de su disco Alphonsphore Variations, donde se compromete ante una dama aunque, dijo, fue un intento fallido en su vida.

Una noche en la que pudimos ver a dos artistas en estado puro, en una de sus múltiples facetas, pero en la que ambos se sienten a gusto, relajados, divertidos, transmitiendo esas mismas sensaciones a los  espectadores, cosa que se agradece, porque si los músicos disfrutan, el público disfruta y eso se nota. Los ingredientes contrastados que se unían por la calidad en el repertorio, tanto de temas propios como ajenos; calidad en las interpretaciones;  complicidad entre ellos; y humor e ironía a raudales —pero, como había dicho Alfonso Vilallonga en una entrevista que le hicieron: «Si vas a hacer una astracanada para reír, tienes que ser riguroso con el trabajo, pero no serio»—. Y eso sí que transpiraba todo el recital: compromiso y rigurosidad por parte de ambos artistas, demostrando que Marco Mezquida es uno de los mejores pianistas de nuestro panorama y que Alfonso Vilallonga es un verdadero showman, en el mejor sentido del término. Contraste de elementos sobre el papel, pero que en escena se complementan de forma extraordinaria. Juntos, se prodigan poco por nuestros lares, pero si podéis ir a ver J’ai deux amours, no os lo perdáis. +Info | Relacionados | Texto y Fotos:  Federico Francesch | DESAFINADO RADIO 

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