Mariza

mariza.jpg Mariza
Voll-Damm Festival internacional de jazz de Barcelona
Palau de la Música, 19 de noviembre de 2008

Tras haber escuchado a Mariza en diferentes ocasiones, pero sin profundizar demasiado en su discografía, atraído por el atrayente encanto del fado, el concierto de esta incipiente diva portuguesa me sedujo de principio a fin a causa, no sólo de las canciones, sino de la brillante personalidad y atracción de esta cantante de talla internacional y espíritu universal. En la actualidad Mariza es una de las cantantes de fado más reconocidas en ese particular universo, después de la desaparición de la gran Amalia Rodrigues. Los asistentes al concierto que se celebró en el Palau de la Música pudieron corroborarlo.

El éxito de la cantante, nacida en Mozambique, no consiste únicamente en la forma de interpretar o abordar sus diferentes composiciones, sino más bien en su capacidad para mezclar diferentes tradiciones musicales relacionadas con la cultura portuguesa, y a la vez sazonado de una personalidad acaparadora que la convierte en una auténtica artista global que se apodera del escenario y del público en cuestión de minutos. Si no cantase fado podría dedicarse al hip hop porque su control del espacio escénico, su proximidad, la gestualización de su cuerpo y la utilización de sus brazos para animar al público tienen bastante en común. Hasta el campeón Usain Bolt parece haber aprendido alguna cosa de esta gran artista.
En el transcurso del espectáculo, ella misma, entusiasmada, explicó que alrededor del 60% de la química que se puede generar en un concierto es responsabilidad de la audiencia. Tras la actuación de Mariza uno tiene la sensación de que eso no es así, sino que es ella la que se lleva la mayor parte de esa tarea. Sin contar su voz y su sensibilidad a la hora de interpretar, que se defienden por si solas, Mariza hace gala de una personalidad juguetona y abierta. Si el fado ha sido considerado como algo doloroso, las canciones de Mariza duelen menos, y la variedad de ritmos nos aproximan al baile y a sonreír con sorpresa. El espectáculo que presentaba en Barcelona se centró en los temas de su último disco Terra, pero no olvidó sus grandes éxitos, que fueron acompañados de la continua aclamación del público. Comentó las canciones, explicó historias y conectó visualmente con su audiencia. Incluso detuvo el concierto unos minutos ante el desmayo de una señora como consecuencia del calor. Con aplomo y gracia pidió atención médica y se despidió de la misma, tiernamente, con un beso y un “hasta otro concierto”.
En la despedida, acompañada de dos de sus escoltas musicales, tocando guitarra y laúd, Mariza interpretó sin micro, proyectando su voz con energía y entusiasmo. Luego bajó a la platea, paseó, interpretó con ganas y se dejó acariciar visualmente en el pasillo. Cantó en inglés, también en castellano, en homenaje a su amiga Buika, con quién ha colaborado recientemente. De regreso al escenario saludó a casi todos aquellos que se encontraban en primera fila y acabó el concierto haciendo que el Palau de la Música pareciese un gran estadio tal cual Springsteen comulgando con su público.
Mariza es un espectáculo total que merece una especial atención, y no sólo para los amantes del fado. Cualquier aficionado a la música, sin duda, quedará fascinado por su magnetismo, veracidad y buen hacer. www.mariza.com // Antonio Álvarez