Mariola Membrives & Oliver Haldon

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Mariola Membrives & Oliver Haldon

Artte, 28 de julio de 2016

Mariola después de presentar su proyecto Omega 20,16 con el cuarteto en algunos festivales y salas consolidadas para el jazz o el flamenco, aprovecha estos escenarios más “informales” para poder seguir recordando la música de Morente. En esta ocasión lo hacía acompañada del guitarrista Olive Haldon, otro joven formado como ella en la ESMUC y con un toque muy abierto que le permite a la cordobesa hacer flamenco o acercarse al folklore de Sudamérica que tanto le gusta. Dice mi amigo Daniel, refiriéndose a Dino Saluzzi, que algún día ya no necesitará el bandoneón para hacer música. A mi cuándo escucho a Mariola me ocurre algo parecido, es tal la pasión con que vive la música que interpreta que a veces sobrepasa el contenido de los versos. Esta cualidad a veces hace difícil el trabajo del acompañante, cuándo se trata del contrabajo de Kamaguchi, o la trompeta de Pol Padrós la libertad campa a su aire, pero en algunos palos del flamenco la unión con la guitarra no siempre es fácil. Empezaron con unas peteneras y el recuerdo de Morente al usar sus mismas letras se hacía evidente desde el principio, siguió con unas malagueñas de Chacón y me sorprendió que sólo hiciese una y enseguida rematara con fandangos de Granada, no era problema de voz, a mi entender, ya que la cantaora estaba con una voz formidable, jugando con sus agudos sin problemas. Vino La Aurora de Nueva York y aquí es dónde ocurre lo que explicaba al principio, por mucho que Haldon procure trabajar con la música que Vicente Amigo creó para el poema de Federico, es muy complicada la fusión de ambos músicos y el sentimiento de Mariola se adueña de la situación. Siguieron unas tarantas y aquí Haldon demostró su arte, impresionante. Iba Mariola presentando los temas y llegó el turno de las cantiñas, es curioso lo que pasa con esta mujer, incluso las cantiñas las “entristece” huye una vez más del ritmillo fácil y les da una hondura que no les sienta nada mal. Como no, Pequeño Vals Vienés, de vuelta a Federico y a la libertad de usar poesía grande. Mariola estaba pletórica y al igual que hacía Morente en este tema, le da tanta fuerza a la interpretación que vuelve a superar las palabras, todo el poema se convierte en una fuerza única imposible de separa de la música que te envuelve, un vals hermanado con la música de los derviches. Pasó el tiempo de Morente y llegó el folklore sudamericano, o mejor la música de ida y vuelta. Recordó a Carlos Cano cuándo cantaba aquel Tango de las Madres Locas, quiso Mariola poner palabras para explicar el sentimiento, pero es demasiado discreta para soltar un discurso, prefirió hacerlo a través de sus gestos, de esa manera de cogerse el vestido para no tener que arrancar otras cosas. Siguió con La hija de Juan Simón una milonga que ya inmortalizó Marchena y que, al menos a mí, me dejó con la piel de gallina, enorme el trabajo de Haldon para poder expresarse entre tanta pasión. Y para cerrar Nostalgia (Cobián / Cadícamo 1936) de nuevo las manos de Mariola y ahora todo su cuerpo están diciendo el tango, están diciendo que los sentimientos no se pueden disfrazar y esta mujer huye del camino fácil de fusionar culturas, lo suyo es conocerlas, respetarlas, hacerlas suyas y dárselas al público tal como las siente, ni más ni menos. + info | relacionados | texto Candido Querol        

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