Mariem Hassan

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Mariem Hassan
Shouka: La Espina Saharaui

Representante por todo el mundo de una cultura de tradición arabo-africana milenaria, la saharaui, de la lucha constante por recuperar lo que les pertenece y de la música haul, sólo visible en esta tradición, se encuentra ahora en el momento más álgido de su larga trayectoria tras la publicación de su disco en solitario, Shouka (Nubenegra, 2010), crudo en sus críticas letras, dulce por su tono de blues y actual por su adaptación al tiempo musical que vivimos.
Actualizado con guitarras eléctricas en sustitución de la tinidit, el blues de Mariem Hassan es el puro latido de un Sahara Occidental en plena lucha por la libertad. Hemos querido hablar con ella para saber más sobre su interesante pasado cargado de historia y para conocer más sobre su presente último trabajo marcado por el orgullo y la rabia de su pueblo.

¿Cómo fue tu niñez en relación con la música?
Me sentía atraída por la música y me gustaba cantar. Mi padre tenía buena voz, pero como en muchas familias saharauis, era mi madre la que se animaba a cantar en bodas, nacimientos y fiestas familiares y religiosas. En esto, la mejor de la familia era mi tía Zaina. Cuando había una fiesta, las mujeres hacían palmas para llevar el ritmo y utilizaban ollas como tambores o garrafas de plástico, pues no teníamos tebales, ni guitarras y menos la tidinit. Yo empecé a cantar acompañándome con una garrafa junto a mis amigas. Cuando tenía 15 o 16 años llegué a cantar en alguna reunión clandestina del Polisario. En una ocasión tuve que salir por una ventana porque llegaba la policía española. Todo era muy sencillo, sin nada de técnica. mariem-hassan-pic

¿Cuáles son tus influencias musicales?
Las de mi familia y mis amigas, al principio. Luego, cuando entré en Luali, allí aprendí mucho de los músicos y de los poetas que hacían las letras de las canciones. Mi tío Bushad era poeta. En el Sahara los poetas son muy respetados por todos, componen sus poesías en alguna de las gamas saharauis (escalas) y eso ya determina cómo va a ser la canción, el ritmo, el ambiente que va a tener, etc. Por eso la música y la poesía están tan ligadas entre nosotros. Los dos músicos que más me influyeron fueron Kaziza, guitarrista y Mahfud, cantante y percusionista. Con ellos aprendí la base de la música tradicional saharaui. Kaziza era el motor de Luali, el grupo en el que estuve desde el año 76 al 97. Su trabajo fue fundamental para modernizar el haul, la música saharaui. Mahfud, que se incorporó un poco más tarde que yo, me enseñó los secretos del medej, las canciones religiosas tradicionales.
Con los años he aprendido de otros músicos y cantantes saharauis y cuando he estado en festivales por todo el mundo he visto cómo otros grupos actuaban y he aprendido la disciplina que había en el escenario, algo que los saharauis no teníamos.

¿Cómo recuerdas la Marcha Verde?
Con horror. Fue una experiencia espantosa, la más dura de mi vida. Veíamos que todo se cerraba, que los españoles mandaban a casa a los soldados de las tropas nómadas. Todo eran rumores. Nos enteramos que los marroquíes habían empezado a invadir nuestra tierra. Lo peor era no saber qué iba a pasar. Mis dos hermanos mayores eran militares y tenían coches. Nos llevamos lo poco que pudimos meter en ellos y llevaron a la familia a Mjeriz, un lugar cercano a Tifariti. Y allí empezó el éxodo más aterrador. Dormíamos a la intemperie. Había madres que con sus melfas trataban de hacer una tienda donde proteger a sus niños pequeños. Por las noche oíamos cómo los marroquíes bombardeaban Tifariti, era horrible.

Sólo pudimos descansar cuando los argelinos llegaron con camiones y nos llevaron al desierto, a la Hamada, cerca de Tinduf. Allí nos empezamos a organizar y se montaron cuatro grandes campamentos cada uno con el nombre de una provincia saharaui. Mi familia, como venía de Smara, se estableció en la wilaya de Smara. Y allí sigue mi madre. Tiene 95 años y está muy malita. Lleva 35 viviendo en una tienda de tela en medio de un desierto de piedras.

 

¿Por qué eliges España para vivir?
España es el lugar más común para los saharauis que están en el exilio y desde el que te puedes mover muy bien si desarrollas un trabajo profesional como el mío. En España, a los saharauis se nos quiere, se nos respeta y se nos ayuda. Además, mi marido consiguió un trabajo en Sabadell y sirvió de base para que toda la familia se instalase aquí. Yo tenía a mis 5 hijos repartidos por ahí y poco a poco los he reunido conmigo.

¿Por qué crees que tu repercusión es mayor en el extranjero que en el propio país donde vives?
En España he actuado muchísimo y se me conoce bastante, sobre todo en el ambiente pro-saharaui. Fuera sólo se me conoce por mi música y mis canciones. Con Luali tocamos en muchos festivales y fiestas políticas, pero yo, como Mariem Hassan, fuera de España he actuado sobre todo en festivales de músicas del mundo, como WOMAD, que hemos hecho Australia, Nueva Zelanda, Inglaterra, Sicilia, Cáceres y Canarias, Etnosoi en Finlandia, el de Ostrava en la República Checa, Africa Festival en Alemania, Sines en Portugal, Afro-Pfingsten en Suiza, Hertme en Holanda, y muchos teatros, clubs y centros de cultura en Austria, Luxemburgo, Bélgica, Francia, etc.

En todos estos sitios presento mi música, me doy a conocer como artista, pero al mismo tiempo doy a conocer la cultura saharaui. En algunos sitios se presenta mi documental, La Voz del Sahara, y luego la gente me hace preguntas sobre lo que ha visto. Hacemos talleres de baile o de percusión, o como en Frigiliana (Málaga), donde nos pasamos todo el festival en una jaima hablando con la gente, con veladas poéticas o de medej y hasta preparando té o enseñando cómo se prepara un plato de comida saharaui. Demostrando que tenemos una cultura propia, genuina, muy diferente a la de Marruecos.

mariem-hassan-pic-1Hablame de Medej, el disco con las mujeres saharauis.
Fue un empeño de Manuel Domínguez, que quiso que grabáramos entero un disco de Medej saharaui. El Medej son cantos espirituales, cantos de alabanzas al profeta. La mayoría son muy antiguos y están íntimamente ligados en lo musical al haul saharaui. Se necesita una técnica muy especial para cantarlos. Manuel aprovechó que yo iba con las mujeres saharauis al festival de Mërs en Alemania para trabajar un par de días en el estudio de Hugo (Axis) y grabar de corrido un montón de medjas (canciones). Estaban las mejores voces saharauis del exilio: Jeirana, Faknash, Shueta y también Nayim Alal.

Tu carrera en solitario se confirma en WOMEX, ¿cómo te sientes en ese momento?
Mi primer concierto tras la operación del cáncer de mama fue en Vic. Conseguí cantar cuatro o cinco canciones y, aunque muy cansada, me sentí mucho mejor, como en paz conmigo misma. El WOMEX se celebró seis semanas más tarde en Newcastle, Inglaterra. Esa era una cita mucho más comprometida. Allí iban a estar periodistas de todo el mundo, organizadores de conciertos, productores. ¡Madre mía! Cuando salí todos estaban sentados en el suelo. Se hizo un gran silencio y cuando yo empecé mi mawal (canto libre a capella), el público encogió la respiración. Fueron apenas dos minutos. Al terminar estalló un gran aplauso que aún resuena en mi cabeza. Luego todo fue muy bien. Aguanté los 45 minutos del showcase y cuando estaba descansando en el camerino entraron emocionados varias personalidades del mundo de la música para felicitarme por el gran éxito obtenido.

Tus canciones son prohibidas en tu tierra natal, ¿te permiten tocar en este lugar?
Yo no puedo entrar en mi país, en el Sahara Occidental ocupado. Marruecos no me deja y mucho menos poder dar un concierto o cantar en una boda o en el Ramadán. Si pudiera sin duda lo haría, lo estoy deseando. Me falta mi tierra. Pero si intento entrar me van a detener. Los saharauis de los territorios ocupados se tienen que conformar con tener mis canciones en sus móviles y verme en internet. Hay muchos vídeos míos en YouTube. Para ellos he compuesto Maatal-la, unos de mis temas de mi último disco.

¿Por qué SHOUKA como título a tu último disco?
Shouka en hassaní, mi lengua, significa espina; la que llevamos clavada los saharauis tras las palabras de Felipe González en el 76, justo un año después de la invasión marroquí. La canción es para él y para todos esos políticos que cuando están en el poder cambian de postura, como ahora Trinidad Jiménez.

Si tienes que elegir una canción de este, ¿cuál y por qué?
Ahora mismo yo elegiría 2 canciones, Tefla madlouma y Maatal-la. Son las dos canciones de Shouka dedicadas a mi gente en los territorios ocupados por Marruecos. Tefla madlouma cuenta la historia de una niña saharaui maltratada por marroquíes. Es un caso real que por desgracia ha ocurrido en más de una ocasión. ¿Dónde está la ley? Me desgañito gritando en la canción. Maatal-la es el barrio saharaui más luchador de El Aaiún ocupado. Ahí donde una y otra vez se levanta la intifada saharaui actual. Una canción en honor de los bravos saharauis que no dudan en poner en peligro la vida por mantener en alto su dignidad. Relacionados | Raúl Álvarez | (Entrevista publicada en la revista Ritmos del Mundo, número 22, edición marzo-abril.)

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