Marcelo Mercadante Quinteto

mercadante Marcelo Mercadante Quinteto 
La Garriga, Teatre El Patronat 
28 de febrero de 2009

Con un pie en Argentina y otro en Barcelona, Marcelo Mercadante hace tiempo que muestra a todo aquel que le quiera escuchar (seguro que más de uno y de dos de los lectores de este webzine siguen la pista de este músico) sus capacidades artísticas: mentalidad abierta, trabajo detallista en las composiciones propias, capacidad de adaptación para participar en proyectos diversos… Tres discos como solista, un montón de apariciones en grabaciones de otros y sus intensos conciertos avalan su propuesta. En el teatro de la localidad catalana se presentó en formato de quinteto, acompañado de tres músicos con los que ya hace tiempo que trabaja (Gustavo Llull, piano, Andrés Serafín, contrabajo, y la siempre brillante Olvido Lanza, violín) y un fichaje de última hora (Marcelo Velante, guitarra eléctrica, sustituto del titular Javier Feierstein). Con las partituras delante para interpretar una música compleja y llena de tensión, los cinco músicos, vestidos de riguroso negro, no necesitaron mucho tiempo para enchufarse y para enchufarnos al concierto: con En la esquina y el candombe Rajá turrito rajá ya nos dejaron claro que la noche traería olor al Río de la Plata. Mercadante mezcló temas propios y versiones de clásicos, presentó tangos, milongas y valses criollos, hizo hablar a su bandoneón y nos ofreció, de vez en cuando, pequeñas lecciones de historia tanguera. Durante el concierto, compartió protagonismo solista con el violín de Olvido Lanza, con quien, después de tantos años de compartir escenario, forma una combinación instrumental que parece que camina sin ningún esfuerzo y siempre en su sitio. Y no olvidó Mercadante, evidentemente, la cita imprescindible con Astor Piazzolla, el hombre que mediado el siglo XX cambió la perspectiva del tango y de buena parte de la música popular. Del genio argentino escuchamos Libertango (en el bis), Milonga del Ángel y Adiós, Nonino, en una interpretación en la que Lanza hizo llorar a su violín y Mercadante estiraba y estiraba hasta el límite su bandoneón para encontrar las notas de una composición que hace callar incluso al mismísimo silencio. Y así disfrutamos el concierto aquella noche: con un respeto que dice mucho del poder de esta música. // Jordi Urpi