Mamadou Diabate

mamadou-diabate Mamadou Diabaté
"Douga Mansa"
World Village / Harmonia Mundi, 2008

Al escuchar Douga Mansa no pude evitar pensar en In the heart of the moon, aquel genial mano a mano entre el gran maestro Toumani Diabaté y el malogrado Ali Farka Touré, donde departían como solo dos sabios pueden hacerlo. Un diálogo de proporciones íntimas en el que el candor y el arrullo de la kora y la guitarra pintaban un fresco evocador y frágil. Como la débil llama de un quinqué en las penumbras de la noche africana. Solo que en el caso que nos atañe Mamadou Diabaté aquí se bate como un valiente Gary Cooper con las cuerdas de su instrumento como únicas armas. Hay que decir que se hace un poco cuesta arriba enfrentarse a un disco de kora en solitario. Pero cuando se escuchan las cristalinas y acrobáticas filigranas que este grande de Mali imprime a las veintiuna cuerdas de su arpa africana, uno cae rendido ante su evocadora y generosa desnudez. El virtuoso instrumentista ya había trabajado arropado por un grupo de instrumentistas en discos como Tunga (2000) y Heritage (2006). En esta ocasión una de las razones que le han llevado a elegir el formato minimalista, como él mismo precisa en las notas del libreto interior, es porque "la kora tradicional es muy independiente". Así, libre de las ataduras que implican la subordinación a los dictados de una orquesta, el éxtasis y la mística africanas dibujan hipnóticas estelas que revolotean como delicadas mariposas en el subconsciente del oyente. Douga Mansa, en lengua mande, puede traducirse como "el buitre del rey". La figura del carroñero alude a su virtud como paciente cazador. En esta compleja pieza homenajea la sintonía radiofónica escrita por su padre, y que servía como cortina del noticiario de las seis de la mañana en Radio Mali. A lo largo de las doce generosas canciones que conforman el disco también se rinde pleitesía a figuras como Soundiata Keita, el primer rey del poderoso Imperio Mande allá por el siglo XIII; y a El Hadji Omar Tall, un afamado guerrero de la etnia fulani, que en pleno siglo XIX unificó gran parte del Oeste africano. No faltan tampoco las canciones que narran escenas de la vida cotidiana (Joufalassa), donde se homenajea a los antiguos comerciantes que vendían mercancías tan preciadas en estos pagos como son las nueces de kola, el oro y la sal. O se dedican a leyendas ancestrales, como la procedente de Gambia en la que se cuenta como una mujer que es cantante es obligada a casarse por la fuerza (Taabaara). El grueso del cancionero aquí presente es de cosecha tradicional, mientras que piezas como Diyabarana, Bolomabory y Donsoke son autoría del excelso Diabaté. La única pieza en la que comparte autoría con N´fa Diabaté, su progenitor, es la que da título al disco. Al final de la escucha uno se da cuenta de que no hace falta armarse de la paciencia, que detenta la alada criatura, para poder disfrutar de estas adictivas rapsodias.www.mamadoukora.com // Miguel Angel Sánchez Gárate