Madredeus

Madredeus-essencia
Madredeus

“Essência”
Sony Music, 2012

 En tiempos como los actuales, tan pusilánimes, comodones, cobardicas y carentes de nervio e imaginación, no es de extrañar que la cartelera cinematográfica esté plagada de secuelas, precuelas y remakes de los éxitos de antaño. Lo mismo le pasa (y le pesa) a la música, donde las viejas glorias vuelven a la carretera para apurar los últimos réditos que les quedan para pagarse una buena lápida, o cuando las jóvenes estrellas se aprovechan de los hits ajenos copiándolos con mayor o menor descaro. Algo así le vino ocurriendo a Madredeus consigo mismo, grupo al que durante años le cayó el sambenito de repetirse hasta el hastío y que tan sólo habría alcanzado el discutible honor de componer nanas para las ovejas más insomnes. Pero, curiosamente, con la marcha progresiva de varios de sus miembros, lo que auguraba una cada vez más mortificante desnudez instrumental y creativa, devino en una mejoría considerable a base de sustituciones y nuevos giros estilísticos, como prueba la interesante metamorfosis con A Banda Cósmica.

De entre los fundadores de Madredeus, ahora tan sólo conserva entre sus filas a Pedro Ayres Magalhaes, secundado por el fiel Carlos Maria Trindade –que vino a suplir la baja dejada por Rodrigo Leao en 1994 y que ya forma parte de la banda por derecho propio–. Essência contiene trece revisiones del propio cancionero, sin ninguna novedad en el frente salvo el estreno de cantante (Beatriz Nunes) tras la fuga en solitario de Teresa Salgeiro. Aunque dotada de bonita voz, ésta carece de los agudos de la original, como se pone de manifiesto en O Paraiso. Pero lo que plantea Magalhaes con esta reconstrucción del pasado no es tan sólo una excusa para exprimir la franquicia sin mucho esfuerzo sino, por el contrario, una reinterpretación estética en toda regla. Alejándose del fado, el guitarrista rehace los temas escogidos (todos de su propia autoría, únicamente compartida en Amanha) imprimiendo una mayor riqueza cromática con el añadido de arreglos de cuerda donde originariamente prevalecían teclados y acordeón. Así, mientras unas piezas se aproximan al paisajismo celta (y hasta a las gigas del Far West, como en Palpitaçao), en otras se van colando formas de habanera, de vals y de polka o detalles oníricos (como un glockenspiel en O Navio), pese a la ausencia injustificable del siempre maravilloso O Pastor. Por desgracia, este intento de rejuvenecimiento llega algo tarde: apenas las diferencias cobran vuelo y significado, y ni atraerán a otros públicos ni contentarán a los fans con hambre de novedad. Esta Essência, pues, se queda en la superficie. | + info | Relacionados | Iván Sánchez-Moreno

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