La visita de la vella dama


La visita de la vella dama
Temporada Alta. Teatre de Salt 11 d’octubre de 2017

Para poner en escena la obra de La visita de la vella dama, de Friedrich Dürremat, la compañía Farrés Brothers i cia., han contado con cuatro elementos con los que han querido, de alguna forma, personalizar su espectáculo. Tres de ellos forman parte indiferenciable de su forma de trabajar: las marionetas y los decorados, muy cuidados ambos. Dos elementos que tienen un gran protagonismo durante toda la representación. El tercero es la música, con Adrià Bonjoch, a la guitarra y Pep Coca al contrabajo, que no solo son utilizados como instrumentistas, sino que, en algunos momentos llegan a formar parte de la trama, con algunas intervenciones muy divertidas y adecuadas.

Por último, el cuarto elemento, es la incorporación de una de las actrices más interesantes del panorama teatral en la actualidad: Vicky Peña, una actriz de largo recorrido que hemos visto tanto en teatro como en cine y televisión y que siempre garantiza una calidad en todos los papeles que interpreta, como ocurre aquí.

Esta es la segunda obra que la compañía monta para espectadores adultos —después de Equilibristes al 2011—, dedicando su actividad, de forma principal, durante sus quince años de andadura, a los espectáculos pensados para todo el  público, jugando siempre con elementos mágicos, como son sus espectaculares marionetas, los decorados, la iluminación, con textos divertidos e historias que se salen, generalmente, de las habituales en ese tipo de teatro.

Aquí, en esta vieja dama que vuelve de visita al pueblo de donde tuvo que partir repudiada, embarazada, sin dinero ni perspectivas de un futuro esperanzador, y que propone una generosísima donación pecuniaria, gracias a la fortuna que ha conseguido a lo largo de su vida, a cambio de la muerte del hombre del pueblo que más la humilló, los recursos utilizados tienen, a nuestro parecer, una incidencia irregular.

El decorado, de Xavier Erra, formado por unas tarimas que, al estar horadadas por un lado, permite utilizarlas de diferentes maneras, si bien visualmente tienen un impacto positivo y su utilización es ingeniosa, llega un punto que, por la manipulación constante de las mismas y los cambios de posición, llegan a ralentizar el transcurso de la trama, y además, una vez vistas tanto físicamente como por sus posibilidades de manipulación, se llegan a convertir en un elemento reiterativo.

Pasa otro tanto con las marionetas. Si bien, al principio, su magnífica realización por parte de Eduald Ferré y Alfred Cases, vestidas, igual que los actores, por Nídia Tusal, con esa mezcla de muñecos extremadamente realistas, junto a los soportes de los mismos que utilizan elementos cotidianos, llama la atención y crea, por contraste, una atmósfera irreal para presentarnos el tema; al estar manipulados por actores que, sin dejar de serlo, se esconden tras ellas, crean, por momentos, situaciones confusas que no hacen avanzar la obra y que, nuevamente, ralentizan los acontecimientos.

Punto y aparte es la interpretación de Vicky Peña, el gran acierto del montaje, ya que ella, a nivel actoral, es la que lleva todo el peso de la obra, notándose extraordinariamente su intervención en escena, o no, siguiendo el texto de Dürremat. Porque en realidad ese texto que nos habla de venganza, pero no solo de ello; que nos hace reflexionar sobre temas como la ambición, la colectividad como un ser interesado, la envidia o la manipulación; y que lo hace desde una perspectiva llena de humor negro transcendiendo más allá de lo que explica; aquí no sabemos si ha encontrado el vehículo adecuado, porque la obra en sí ya tenía la suficiente enjundia para, aunque fuera en un escenario pelado, con actores sin artilugios que pudieran dar la réplica adecuada a la protagonista, trasladarnos esa tragicomedia que se desprende de unos hechos terribles que, la persona que los ha sufrido, quiere vengar a toda costa hasta conseguirlo.

Junto a la actriz, están Xavier Capdet, como el antiguo amor de ella, al que quiere eliminar; Ireneu Tranis, que también se añade a los músicos como tal, en algunos momentos; los actores Jordi Farrés y Pep Farrés; moviéndose bajo la coreografía de Montse Colomer, una coreografía importante por la disposición del escenario, que en algunos momentos queda algo forzada; y todos ellos bajo la dirección de Jordi Palet.

Hay una frase del mismo Dürremat, que comentaban en su presentación: “Yo describo hombres, no marionetas”; una frase que ellos han querido subvertir, con esa irreverencia respecto a las ideas del autor, utilizando sus marionetas. A pesar del cuidado trabajo y el esfuerzo evidente que, por otro lado, la compañía ha invertido en ello; es ahora cuestión de gustos pensar si el montaje es adecuado; si potencia la obra o la enmascara; si ese acto de irreverencia, como dicen, que hemos podido ver este año en Temporada Alta, ha sido alguna cosa más que eso. +Info | Relacionados | Texto: Federico Francesch | DESAFINADO RADIO