La Troba Kung-Fú /A La Panxa del Bou

Troba-kung-fuLa Troba Kung-Fú
“A La Panxa del Bou”
LTKF&Chesapik, 2010

¿Cómo empezar la critica de un disco que lleva días y días sin salir casi de tu reproductor alegrándote las orejas, el cuerpo, el espíritu y el alma?. Y cuando digo “disco” me refiero al “disco entero”, porque de sus diez canciones no hay nada desechable, algo extraño desde los tiempos de Led Zeppelin. En esta dinámica de confesiones, admitiré también que, casualidad o no, La Troba Kung-Fú es de las bandas que más veces he visto en directo en este último par de años. Eso hace que cada vez que escucho cualquiera de sus canciones, lo que me viene a la mente son los sentimientos de celebración que se viven siempre en sus fiestas-conciertos, eso aún contribuye más a gozarlo. (Merci Núria por el apunte).

Rebobinaremos un poco para contar brevemente que La Troba Kung-Fú fue un proyecto que nació después de que Dusminguet se disolviera tras más de diez años y tres discos. Posteriormente hubo un largo silencio y no le fue fácil arrancar de nuevo a Joan Garriga (uno de los tres fundadores de Dusminguet). Pero tomando el espíritu musical de los trovadores medievales (similar al de los griots africanos) y uniéndolo a la constancia del Kung-Fú, fue pacientemente (re)construyendo su nuevo universo musical. Gracias a ello y junto a otros músicos cómplices llegó el primer disco, Clavell Morenet (K Indústria, 2006). Cuatro años después, tras múltiples premios de todos los estilos y más de 300 conciertos que les han llevado por todo el estado y por ciudades emblemáticas como Nueva York o México y países como Inglaterra, Bélgica, Holanda, Francia, Alemania, Italia, Hungría, Chequia o Portugal, llega este segundo artefacto sonoro. Joan cuenta que la intención Troba-kung-fu-pic

original era hacer un disco de viaje y grabarlo en un pequeño estudio portátil que se llevaron para la gira. De está forma pretendían aprovechar todas las ideas que fueran surgiendo. Pero no pudo ser así del todo.
Sí que consiguieron grabar un par de canciones nuevas en un subterráneo de Nueva York. En México compusieron otro par. Y en Madrid escribieron otra. Pero el proceso se alargó más de lo pensado.
Lo que sin duda lograron fue meter parte de esas vivencias en sus poéticas letras y en sus músicas.
Algo que también ocurrió, es que las canciones estaban ya trabajadas en directo mucho antes de grabarse y eso se nota en el disco porque, a diferencia del anterior, suena positivamente a banda.
Así que, ante la imposibilidad de grabar durante los viajes, les tocó sumergirse en la “bestia”, meterse en la oscuridad del estudio, ser engullidos por esa “panxa del bou”, esa panza del buey, para poder dar salida a esta nueva obra. Quizá por eso el disco empieza por ese tema llamado Boca que se traga todo y te introduce en el underground de LTFK. Si entras, no sales hasta 40 minutos después y eufórico tras escuchar la evocadora Les Mil i Una Rumba. Como siempre, lo que LTFK hacen es mucho más difícil de definir que de tocar, o incluso de bailar. Hay múltiples etiquetas para intentar definir lo indefinible: rumba urbana, rumbia (rumba catalana y cumbia), dumbia (dub, rumba y cumbia)… si quieres analizarlo y diseccionarlo con bisturí, puedes afirmar que hay cumbia en Maria Hernández, cha cha cha en Y Se Ríe La Muerte, dub y reggae en Take Your Time, ranchera en Yo soy, medios tiempos en la preciosa Flor de Primavera y rumba en Petit Rumbero o en Las Mil Y Una Rumba, pero lo llames como lo llames, todo está hecho con escrupuloso cuidado y es fruto de un gran trabajo. Puedes oír canciones en castellano, catalán o inglés, o todo mezclado, y es que como canta Joan en Subway Walk: “me dijeron que era muy raro lo que mezclaba, pero yo vi bailar Madrid, Guanajuato, León…” y ahí está una de las máximas de la realidad de LTKF, que canten en el idioma que canten e independientemente de donde lo hagan “si le pones ritmo la Troba-kung-fu-pic1gente baila”.

A todo esto hay que añadir que Joan Garriga es un gran letrista, gran cantante y gran compositor de canciones, de los mejores de la actualidad. Tiene la virtud de sintetizar en unos pocos versos, la cotidianidad, los enigmas de la vida o los sentimientos más profundos y convertirlo todo en pura poesía. Entiendo que quizá es más fácil de apreciar para aquellos que conocen la realidad de la cultura catalana (el cuento del Patufet, el sentimiento boletaire, etc.), porque abundan los guiños locales e incluso las complicidades entre la banda y sus más cercanos colaboradores. Pero así construye ese universo particular, al cual es muy fácil acceder. Herencia sin duda de Gato Pérez, Sisa, Peret y muchos otros, aunque Joan tiene evidentemente su propio camino. Y de justicia es nombrar a la banda que le acompaña al completo. Joan se encarga de cantar (cada vez mejor) y de acariciar ese acordeón que marca y mucho el sonido de LTKF, pero eso no sería igual sin la guitarra ventilador de Muchacho, el bajo de Maríà, la batería de Pep, la percusión de Flor y la guitarra eléctrica de Luis. Todos ellos, junto a su incondicional Toti a las mesas de mezcla, Jordi Musquera al diseño grafico (a él se le debe ese increíble diseño del disco con esas esplendidas fotos que muestran esa “panxa del bou”) y Oriol a la supervisión general, forman el equipo completo.
He intentado no hablar mucho de sus canciones, porque dada la facilidad con que se puede conseguir su música, estoy convencido que lo mejor es que lo escuchéis, y si os convence, os metáis de lleno en esa “panxa del bou” donde ni nieva, ni llueve, pero se disfruta de la vida. / http://www.latrobakungfu.net/ / Relacionados // Miguel Amorós.