La terra è liberata: Apollo e Dafne HWV 122

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2n Festival Vespres d’Arnadí: Händel a Barcelona

Esglèsia Sant Felip Neri. Barcelona 6 de julio de 2017

Desde que Gian Lorenzo Bernini inmortalizara la historia de Apollo e Dafne en el conjunto escultórico que lleva este nombre, alrededor de 1625, hasta que Georg Friedrich Händel lo hiciera en su cantata La terra è liberata: Apolo e Dafne HWV 122, en 1710, habían pasado más de 100 años. Algunos historiadores hablan de que es posible que en su viaje a Italia, el compositor viera la obra del escultor antes de crear la suya propia, pero no está del todo confirmado. Lo que sí es cierto es que la influencia de la mitología clásica está presente en las obras de Händel, especialmente en las vocales, con personajes y protagonistas como Orfeo, Arianna o Acide e Galatea, entre otros.

Bien es verdad que la obra de Bernini corresponde al momento considerado de plenitud del arte plástico barroco, mientras que la de Händel, aunque mucho más tardía, corresponde a un barroco musical considerado también en su máxima plenitud. Mientras Bernini toma los modelos clásicos de la escultura greco-romana, aunque dando más libertad a las formas; Händel adopta la forma de cantata, una fórmula musical que alterna recitativos y arias, con el fin primordial de explicar una historia, en este caso sacada de Las Metamorfosis de Ovidio. Aquí se prescinde, como en otras ocasiones, del coro y son dos cantantes, un barítono y una soprano, los que la narran a través de nueve recitativos, ocho arias y dos duetos, que se van alternando.

Nos decía Dani Espasa, antes del recital que él iba a dirigir, que la obertura, una parte de la obra de la que se ha perdido el original, lo habían sustituido por el Concerto Grosso en Sib M HWV 313, añadiendo también durante la obra, como un intermedio y un final; la Ouverture en  Sib M HWV 336 y la Suite en Sib M HWV 352, ambas en la parte central, y la Chaconne d’Il Pastor Fido HWV 8b, para finalizar el concierto, con la voluntad de darle una estructura más operística al mismo.

yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - La terra è liberata: Apollo e Dafne HWV 122Vespres d’Arnadí es una orquesta barroca que organiza este año el segundo Festival que lleva su nombre, dedicado en 2017 a Händel. Está dirigida por el propio Dani Espasa, actuando a la vez como bajo continuo con el órgano y el clave, formada para este concierto por los violines de Adriana Alcaide, Elisabeth Bataller, Pavel Amilcar, Alba Roca, Kathleen Leidig y Josep Martínez; la viola de Natan Paruzel; el cello de Oriol Aymat; el violone de Mario Lisarde; los oboes de Pere Saragossa y Daniel Ramírez; y el fagot de Carles Vallés. Comenzaban con los cinco movimientos del Concerto Grosso para crear la atmósfera necesaria previa a la cantata, uno de los momentos de lucimiento del conjunto que lo interpretaba de forma precisa y matizada.

E inmediatamente sonaba el recitativo de Apolo, La terra e liberata, donde se presentaba el barítono Josep-Ramón Olivé para explicarnos de que manera ha liberado a la tierra de la serpiente Pitón que ha matado con su arco. Comenzaba entonces su primera aria, Pende il ben dell’universo, donde pide que su arco sea venerado como garantía de futuro para el universo, con momentos donde la música nos recuerda el sonido de las flechas al ser lanzadas. Una primera intervención donde el joven cantante ya marcaría lo que iba a ser su actuación en la obra, con una bonita voz que sabia controlar en todo momento, tanto en las arias, los duetos como en los recitativos, ofreciendo una interpretación sobresaliente.

Tras el recitativo, Ch’il superbetto amore, donde explica como las flechas del Dios Amor tocan el corazón de los amantes;  era en el aria, Spezza l’arco e getta l’armi, cuando representa la lucha con el Dios Amor, arrebatándole su arco y sus flechas, lo que provocará la venganza de este último, origen de la tragedia.

Es ahora Dafne la que interviene con la bellísima aria, Felisissima quest’alma. Una Maria Hinojosa inspiradísima, con esa forma suya de interpretar la música, en el más amplio sentido de la palabra, tanto vocal como gestualmente, que hace que su preciosa, y precisa, voz se potencie gracias a la puesta en escena que ella misma crea de su personaje. Esta bonita aria que está dedicada a la felicidad de ser libre, se constituyó en uno de los momentos más interesantes del concierto —por cierto, de forma poco ortodoxa, Maria Hinojosa fue premiada con encendidos aplausos al finalizar la misma—.

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Y empieza el conflicto entre los personajes cuando, en el recitativo que ambos interpretan, Che voce! Che beltà!, uno se enamora de su belleza y la otra se asusta al oír la voz de él, como se refleja en la misma partitura. Una angustia que continúa con el aria, Ardi Adori, que corresponde al personaje de Dafne, donde explica la angustia que siente ante la presencia de Apolo. Una angustia que transmitía la situación conflictiva que narra −volvemos a la faceta interpretativa de la cantante−, tanto con la voz, ayudada por una melodía cantada al unísono con el oboe y el violín, como con el gesto.

Recitativo a dos voces, Che crudel!, donde Apolo se desespera ante la negativa de Dafne,  preludio del dueto, Una guerra ho dentro il seno, donde los cantantes utilizan las mismas figuras musicales e incluso el mismo texto del principio del aria, para ver su estado contradictorio ante la misma situación, que tanto Maria Hinojosa como Josep-Ramon Olivé hacían creible con su interpretación.

Era el momento para la Ouverture en Si bemol y la Suite, igualmente en Si bemol, que iban no solo a prolongar de alguna manera el concierto, sino a darle ese aspecto operístico que nos comentaba su director. Volvían a lucirse, como protagonistas, Vespres d’Arnadí, en cada uno de los temas que interpretaban sin solución de continuidad, destacando especialmente la cuerda, sabiamente dirigida.

Volvía nuevamente el personaje de Apolo, en su recitativo, Placati al fin, o cara, donde intenta apaciguar la tensa situación, para seguir con el aria, Come rosa in su la spina, que habla de la frugalidad de la belleza, y que desemboca en el recitativo de Dafne, Ah ch’un Dio non dovrebbe, donde razona que un dios solo debería tener amor por los objetos eternos, dando paso al aria, Come in ciel, donde Dafne exclama en un discurso dubitativo y pensativo que, en un alma honesta, la razón frena el amor. Nuevamente la voz de Maria Hinojosa, en este caso doblada por diferentes instrumentos, se pronunciaba clara y dúctil, en pasajes de dificultad interpretativa.

Recitativo de ambos, Odi la mia ragion, en los que Apolo saca su supuesta autoridad para imponerse a ella, pero Dafne le responde que: “En mi llama tu amor se apaga”. Le sigue el dueto, Deh, lascia addolcire, donde ante la insistencia de él, ella le contesta que: “Antes morir que perder el honor”. Apoyan sus voces, él en la flauta, con intención de conquistarla; ella en el oboe, para acrecentar su tristeza. Aquí se hacía evidente el contraste, de la voz melosa y suave que él utilizaba y la firme de ella, interpretadas, tanto por Josep-Ramon Olivé como por Maria Hinojosa, de forma convincente. Se reafirma la narración en el recitativo siguiente que ambos cantan. Sempre t’adoreró, dice él, siempre te odiaré, contesta ella, mientras aquél la persigue velozmente.

Y llegamos al final de la cantata con dos arias de Apolo, separadas por un recitativo. La primera, Mie  piante correte, con la orquesta representando esa persecución. Finalmente la alcanza y la estrecha entre sus brazos, pero se da cuenta de su transformación. Tras el recitativo, Daphne, dove sei tu?, que empieza con la voz desnuda del barítono para incrementar su propia soledad, llega el aria final, Cara piante co’ miei pianti. Apolo se da cuenta de su error y expresa su dolor, ―refrendado por la partitura—, con silencios que describen sus sollozos, al ver a su amada convertida en un árbol de laurel. Prometiendo que regaría la planta con sus lágrimas y que sus hojas serian trofeos para los vencedores, se consuela con que, al menos, llevará siempre una corona de laurel sobre su cabeza. Aquí, Josep-Ramon Olivé volvía nuevamente a convencernos con su sentida interpretación.

Acababa oficialmente el concierto con la Chaconne d’il Pastor, nuevamente con Vespres d’Arnadí bajo la sabia dirección de Dani Espasa. Pero la insistencia de los asistentes, que al acabar el concierto premiaron de forma extensa y entusiasta a los músicos, logró un precioso regalo por parte de los artistas, que ofrecieron el dueto del primer acto de Don Giovanni, de Wolfgang A. Mozart, Là ci darem la mano, que tanto Josep-Ramón Olivé, como un convincente Don Giovanni, como Maria Hinojosa interpretando a una Zerlina entregada al conquistador, interpretaron magistralmente. Una explosión de aplausos acogió este final donde los cantantes, y los músicos, pudieron ratificar todo aquello que habíamos visto en la La terra è liberata.yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - La terra è liberata: Apollo e Dafne HWV 122

Y volvemos al principio de la crónica. El concierto se desarrollaba en el interior de la iglesia de Sant Felip Neri, enclavada en al Barrio Gótico de Barcelona. Un templo de estilo barroco que se acabó de construir aproximadamente a mediados del siglo XVIII, presidido su altar, por un gran retablo. Nuevamente el barroco presente. Pero la cantata estaba presentada en sí misma con una intención plástica más allá de la música, porque la pintora Marina Durany, que en algún momento del recital también formó parte del conjunto musical tocando la flauta travesera barroca, durante el concierto iba realizando enormes cuadros que se proyectaban en una pantalla a un costado del escenario, explicando, igual que el texto de la cantata, los acontecimientos que allí se contaban, lo que reforzaba la historia de un Apolo que, por burlarse del Dios del Amor, recibe una flecha que hace que se enamore perdidamente de Dafne, mientras que la que recibe la ninfa, hace que rechace al dios eternamente.

Una actuación en un escenario idóneo, la iglesia barroca de Sant Felip Neri; con un complemento plástico acertadísimo, gracias a Marina Durany; con un conjunto musical inspirado, Vespres d’Arnadí, con Dani Espasa al frente que, como siempre, lo dirige de forma magistral; esta vez dentro de la segunda edición del festival que lleva el nombre del grupo; y dos cantantes, la soprano Maria Hinojosa y el barítono Josep-Ramon Olivé, ambos en absoluto estado de gracia. La velada culminó con una copa de cava en el claustro de la iglesia, donde pudimos hablar con todos los protagonistas. En resumen: un verdadero placer para los sentidos. + Info | Relacionado |Texto y Fotos:  Federico Francesch | DESAFINADO RADIO 

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