La Sra. Tomasa: Alegre pero peligroso

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La Sra. Tomasa

Alegre pero peligroso. Guspira, 2020

El concepto fusión, en la música, no es algo nuevo ni mucho menos. Es más, está tan usado que incluso, muchas veces da hasta un poco de repelús utilizarlo.

Jazz fusión o flamenco jazz, son conceptos alrededor del jazz que se han hecho populares. Y no digamos los derivados del rock: country rock, pop rock, blues rock y, también, jazz rock,… o, el flamenco fusión. La lista es interminable, especialmente si añadimos las combinaciones con la Word Music. Ahora también han entrado en este juego las músicas electrónicas y las llamadas urbanas. Por poner un ejemplo, podríamos hablar del Metalcore, entre el Metal y el Hard Core, o el Trap, del que hablaremos.

Lo que pasaba es que, comúnmente —y en la música lo común es otra de las constantes excepciones que encontramos en ella—, los grupos, los músicos, no abarcaban fusiones entre géneros muy diversos, y se ceñían a unos estilos más determinados. Pero ya he dicho que lo normal no es más que un tipo de excepción, y así lo demuestran La Sra. Tomasa.

La Sra. Tomasa es una banda que nace en Barcelona en el 2012, con una tendencia doble — como explican ellos—, hacia la música latina, cuanto más antigua mejor; y hacia la música electrónica, cuanto más moderna mejor. Y si la música electrónica evoluciona, ellos, comentan, lo hacen con ella. Aclaran, que ofrecen: «Una fusión de estilos desafiantes donde se combinan sonidos latinoamericanos (timba, salsa, guagancó) con reggae, funk, rap y las tendencias más electrónicas (drum’n’bass, trap, House…)”. Aclarado.yH5BAEAAAAALAAAAAABAAEAAAIBRAA7 - La Sra. Tomasa: Alegre pero peligroso

Tres son los discos que ha publicado La Sra. Tomasa, además del Live Sessions, que nació como el regalo navideño de un tema, pero que se fue inflando, recogiendo algunos de los directos que ofrecieron en el 2018 y el 2019. Los trabajos de estudio son: Corazón, bombo y son, del 2014; Nuestra Clave, que publicaron en el 2017; y, finalmente, Alegre pero peligroso, del 2020, que es el disco que vamos a comentar.

Han llamado Alegre pero peligroso a su trabajo, porque es, dicen, como la vida misma. Pero la vida que ellos viven, hablando de las cosas que les pasan, como a ellos les pasan, la vida cotidiana.

El disco empieza con un invitado muy especial, Stonebwoy, un cantante de Ghana, en una línea cercana al Afro beat, que está junto a ellos en el tema, Para ti. “Ahora ella baila / baila con otras almas / pero yo la querré siempre”, oímos. Una referencia a que su música es suya hasta que la cantan, porque entonces ya pasa a ser de todos, aunque no les importa compartirla.

Después es, Suba, más cercano a los sonidos urbanos, en el que, de forma algo críptica, pues La Sra. Tomasa no quiere explicar, al menos de momento, las circunstancias que les han hecho llamar, Alegre pero peligroso, a su disco —esperemos que pronto lo podamos saber—, nos dan una pista desde la letra de la canción: “Que todo vaya a su tiempo / No se detiene ni un momento / Bicho malo no muere / Alegre pero peligroso está el camino / Este es mi ritmo.

Que venga, es una canción que cuenta, nuevamente, con una colaboración de lujo, la del tinerfeño Bejo, uno de los cantantes de trap más conocidos de nuestro país. El trap esa fusión — siempre la fusión—, entre el rap, del que procede, y sintetizadores, cajas rítmicas, y el uso, a veces exagerado, del auto-tune —un invento que, en su origen, servía, y aún sirve, para que los cantantes que no afinaban lo pudieran hacer, y que actualmente se utiliza como un efecto más con esa voz como metálica, robotizada, que se logra a través de él—. La diferencia con el rap, con el que se confunde a veces, es que lo importante para el trap no son las notas musicales ni, incluso, los textos, sino los efectos sonoros. Aquí tenemos un ejemplo, pero será un Bejo tomasizado —les comentó a ellos que esa no era su onda, pero que lo intentaría—, es decir, pasado por el tamiz de La Sra. Tomasa.

Ya no se juega, es un tema lleno de nostalgia. Una nostalgia que lleva con ella una crítica —¿o no?—, hablando de lo que era antes su barrio y lo que es ahora. Pau Lobo —cantante del grupo—, explicaba que Santiago Longaron — saxofonista y vocalista del grupo—, y él, iban juntos a la escuela y, al salir, se quedaban a jugar en las plazas de su barrio, mientras que los niños ahora, dice, se quedan en el sofá a jugar a la play o a ver la tele. De eso va esta canción, de la que hicieron un vídeo que os recomiendo, por los lugares donde ellos iban de pequeños, un vídeo que les descubrió que aún hay niños jugando en el barrio, los que lo han hecho toda la vida: los abuelos.

Muy distinta de la anterior es Muévelo, nuevamente con invitada especial, la artista urbana, Coely, nacida en Amberes, de padres congoleños. Aquí sí que podéis oír el efecto del auto-tune, que os comentaba antes, porque Coely lo utiliza en la grabación, rapeando en inglés, en su más puro estilo.

Estado mental, es uno de los dos temas experimentales del disco, por llamarlos de alguna manera. Escuchamos a Rubem Blades hablando —en una entrevista que le hicieron en los medios, y que ellos han recuperado— con un fondo musical que La Sra. Tomasa ha puesto. Un corte en el que demuestran que si sus trabajos anteriores tenían un aire más fiestero y dedicado al amor y al desamor, el giro estilístico que están dando no solo afecta a lo musical —por la inclusión cada vez más de las últimas tendencias de la música urbana y electrónica en sus temas—, sino que también se hace notar en los textos de las canciones. Un trabajo reivindicativo, lo consideran, porque, como dicen: «Abrir la boca y decir lo que piensas, ya es un acto reivindicativo, un acto político, digas lo que digas». La idea de pobreza física y mental, de la que habla el cantante panameño, está claramente en esa línea.

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Y a lo mejor también como un homenaje al mismo Ruben Blades, hacen lo que éste hace muchas veces: nos cantan un bolero. Es, Sin Miedo. “Yo no tengo miedo al mañana / Lucho cada segundo / Porque el tiempo no para /y la fuerza que crece dentro / nunca se apaga”, empieza el tema, uno de los más cercanos a esa tradición latina que ellos también reivindican.

 

Una de las composiciones que nos pueden recordar más a sus trabajos anteriores, más fiesteros, es Arrímate, con una mezcla de música urbana —tras un comienzo muy latino—, y con una letra absolutamente reivindicativa. Así, mientras nos hablan de ritmos y melodías, van dejando pequeños detalles: “Parece que lo estúpido es lo normal”, o “Hazlo como tú quieras / de la manera que tu veas / Solo si las creas, hay fronteras.

El Olivo, es el segundo tema en el que la voz es la protagonista, como pasaba con, Sin Miedo. Es la madre de Alberto Limiñana, bajista del grupo, la que lee una carta que le escribió a él en el 2013. En realidad lo grabaron como una prueba de sonido, pero, finalmente, les gustó tanto como quedaba, que le añadieron una base de fondo y la dejaron tal cual en el disco. Una carta llena de amor y esperanza que acaba con: “Para ti hay solo cosas buenas, que tu sabrás devolver a la vida.

Ahora es el tema, El Colectivo, que ya habíamos podido oír en su disco, Live Sessions. Esta es la grabación en estudio, algo distinta de aquella versión, pero igualmente con la intervención de un puñado de artistazos acompañándolos, con el nombre de El colectivo. Son Ahivyn Bruno, una cantante venezolana a la que conoció el percusionista de La Sra. Tomasa, Pablo Dominguez, antes del debut de ella con Yurgaki o, posteriormente, con Las Karamba, una banda formada por siete mujeres. También está el percusionista salsero Marcio Ramirez. Junto a ellos, Sr. Wilson, que trae el dancehall de orígenes jamaicanos. Finalmente Desiré Diouf, de madre italiana y padre senegalés, cantante de The black Barbies,  con su personalísimo rhythm and blues. En la letra, que firman todos ellos, una declaración de intenciones: “Las cosas buenas se repiten / Cuando se comparte y no se compite.

Acaba el disco con, Nada Mas. “No hay nada más / ni nadie más / que sea como tú.” Una despedida, nuevamente, llena de nostalgia, como ocurriera en, Ya no se juega.

La Sra. Tomasa está formada, además de los músicos ya citados, por Jordi Sanz, a la guitarra, Kquimi Saigi, a los teclados y Marc Soto, a la batería. Sus canciones, como comprobaréis escuchando el disco, ya he dicho que son una mezcla de músicas de orígenes muy diversos; con la voluntad —ellos comentan—, de que los espectadores que acuden a sus conciertos se diviertan, se apunten a la fiesta que montan desde el escenario —dicen que solo les da rabia estar tocando arriba, porque no pueden bajar y participar de la juerga—, pero que, a la vez, puedan escuchar unos mensajes que les hagan pensar. Por eso es un disco, aseguran, que han hecho con la idea de que también se pueda escuchar sentado en el sofá de casa; que es lo que podríais hacer cualquier noche de estas para disfrutarlos de forma sosegada, si os apetece. Vale la pena. + Info | Relacionado | Foto: Marta Mas | Texto:  Federico Francesch | DESAFINADO RADIO | Escucha el programa  

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