La Fura dels Baus: Free Bach 212

Caratula Free Bach 2
La Fura dels Baus: Free Bach 212

Teatre Segarra, 11 de noviembre de 2016

Estaba siguiendo atentamente el desarrollo de Free Bach 212 en el escenario del Teatre Segarra, de Santa Coloma de Gramanet; con su cuarteto barroco, sus cantantes líricos, la cantaora, el bailarín, la música electrónica; cuando llegó una imagen a mi mente y me vi, hace más de treinta años, desplazándome por un edificio en construcción, con una persona, que había salido de la pared, persiguiéndome con un hacha en la mano, otras, que surgían del suelo, amenazándome con tirarme líquidos indescriptibles encima, mientras más allá, desde un andamio, algunos se lanzaban contra un muro hasta despanzurrarse y, más o menos en el centro del lugar, otro de esos siniestros personajes destrozaba un coche con una maza. Y si entonces, aconsejado por el crítico de teatro Joan de Segarra, presente también en el estreno de Accions, en Barcelona, me coloqué detrás de la mesa de sonido porque me dijo: «Aquí no van a tirar nada. ¡Seguro!», ahora estaba en primera fila y mi única preocupación era sobre si el espectáculo me iba a agradar o no. Claro que los tiempos no son los mismos y que estamos todos un poco más civilizados ―¿o un poco menos locos?―; que espectáculos como aquellos ahora sería mucho más difícil hacerlos ―aunque solo fuera por las normas de seguridad que rigen―; pero sobretodo es que todos evolucionamos y nos podemos permitir el lujo de llegar a la provocación, a la ruptura de lo clásico, a la reinterpretación de lo pasado, de forma más sutil, más intelectual, posiblemente también más correcta, en un bucle que, como en este caso, permite acercarse a La Fura dels Baus a una obra barroca, una cantata de Johann Sebastian Bach, para hacérsela suya.Free Bach 5

Dentro de las más de 200 cantatas que escribió J.S.Bach, la mayoría religiosas, se encuentran un grupo de 25 consideradas profanas, entre las que se incluye la BWV 212 Mer hahn en neue Oberkeet [tenemos un nuevo soberano], conocida como la Baukernkantate, [cantata de los agricultores], estrenada en 1742, que es la que nos ofrecían los componentes de La Fura dels Baus en su espectáculo, pero, como decía antes, a su manera. Respetando, eso sí, íntegramente la misma, lo que han hecho es añadir diversos intermedios, elementos plásticos, textos y músicas y, especialmente, una cantaora flamenca, un bailarín clásico-español, música electrónica e imágenes que se proyectan en una pantalla al fondo de la escena, todo ello con intención de reinterpretarla. Una forma respetuosa de profanar una cantata profana ―y perdón por la broma―, que ellos han titulado, con esa intención, Free Bach 212.

El propio David Cid, que, junto a Miki Espuma, es uno de los ideólogos del proyecto, nos decía, al acabar la obra, que la música barroca, y por supuesto la música de J.S.Bach, tiene el aliciente de que no es una música cerrada; es una música que aquél componía, y dejaba al interprete, eso, que la interpretara a su manera, cosa que ellos han hecho en esta ocasión.

El  argumento nos presenta la dualidad entre el mundo campesino y la  vida urbana y culta, explicando cómo en un pueblo de Sajonia, unos campesinos reciben la visita del recaudador de impuestos, un encuentro que acabará con todos ellos en la taberna, cantando una loa a la cerveza ―una de las partes añadidas por los artistas―. La discusión entre la campesina, que de alguna manera defiende la labor del recaudador, y el campesino, que encuentra injustas las pretensiones de aquél, forma el argumento de la historia. Una historia, que aunque no tiene mayor trascendencia que la de servir de base con sus textos para que el compositor creara su música a partir de ellos, nos hubiese gustado poder seguir mejor, con unos subtítulos para saber que decían en cada momento los intérpretes.

Una música plagada de danzas y ritmos populares, que se extiende a lo largo de 24 breves movimientos, con unos intérpretes más que correctos, especialmente la soprano Eulàlia Fontova, tanto en el aspecto musical como en el dramatúrgico, que destacó en sus arias, la primera de ellas, la número IV, una polonesa, así como en la VIII, donde nos habla de la bondad del chambelán, preciosa melodía que ella cantaba con absoluta delicadeza, o en la XIV donde alaba la belleza de su tierra, sin olvidar la divertida aria XXII donde invita a todos a ir a la taberna a beber. Por su parte el barítono Juan García Gomà ―un cambio respecto a la partitura escrita originalmente para un bajo―, también destacaba por su actitud en la escena y algunas de sus intervenciones como en la parte XX, el aria dedicada a la prosperidad del pueblo. La cantaora era Mariola Membrives, una de las voces emergente o más bien consolidada― dentro del mundo del flamenco. A ellos se unía el bailarín Miguel Ángel Serrano, con una intervención casi constante en escena, logrando un contrapunto al desarrollo de la historia con la creación de los diversos personajes que iba interpretando. La base instrumental la proporcionaban el Ensamble Barroco Divina Mysteria, compuesto por el violín de Pavel Almilcar, la viola de Letizia Moros, el violone de Thor Jorgen y el clavicémbalo de Andrés Alberto Gómez; y la música electrónica que interpretaba el propio Miki Espuma en directo. Todos ellos rodeados de diferentes esculturas representado a los personajes de la obra, realizadas en escayola blanca por Fernando Bravo ―curiosamente añadidas a la escenografía de la obra después de las representaciones en Vic, donde estaban expuestas en el escenario; incorporación posterior, como también hicieran, después de la presentación de la obra en San Javier, con el bailarín Miguel Ángel Serrano ―; una vaca de alambre que sobre una plataforma móvil se desplazaba por el escenario; y, presidiéndolo todo, las imágenes que se iban proyectando en la pantalla del fondo del escenario creadas por el propio David Cid. Unas imágenes que iban desde fragmentos de películas mudas que nosotros, con nuestra ignorancia, identificábamos con el cine alemán ―aunque por un instante asomó la nariz en la pantalla el propio Charles Chaplin―; que se iban combinando con imágenes abstractas; y con otras más, generadas a partir de ilustraciones de los propios cantantes, especialmente de Mariola Membrives, jugando con los movimientos de su cuerpo que insinuaba algunos pasos de flamenco.

Así, tras un guiño al iniciarse el espectáculo con intervenciones en solitario del clavicémbalo ―con las Variaciones Goldberg―; luego del violone  ―muy similar al contrabajo, pero con trastes y diversas afinaciones posibles―; del cuarteto completo y de Miki Espuma y su primera intervención con sus instrumentos electrónicos; llegaba la introducción musical de la cantata. Aquí era J.S.Bach el protagonista.

Free Bach 4La interpretación de la obra en sí misma, sin los elementos añadidos, ya era lo suficientemente interesante para justificar la asistencia al teatro. Pero las distintas interrupciones, intermedios, como David Cid los califica, añadían valor a la misma. Porque si en un primer momento la aparición del bailarín arropaba la acción con sus bailes siguiendo la historia que contaba el texto, la entrada en escena de Mariola Membrives, con la consiguiente interrupción de la trama, era algo más que un complemento, porque llevaba la obra a su terreno y en ciertos momentos, como su intervención en solitario, acompañada por el sonido amplificado del molino manual ―nos pareció―, la máquina que Miki Espuma hacía girar, que la cantante punteaba con unas piezas metálicas que percutía a modo de claves, se convertía en protagonista absoluta.

Si bien la cantata es una obra de una cierta sobriedad musical, tanto la escenografía, como el movimiento en escena, no solo de los cantantes, sino también de los músicos, e incluso las partes añadidas, creaban momentos en los que el escenario se llenaba de alegría festiva, como la follie en el centro de la obra o el final, una loa a la cerveza, con música original así como el texto, que culminaba con los espectadores, junto a todo el elenco, tomando, como no, unas cervezas en el vestíbulo del teatro.

Free Bach 212, es una obra concebida como algo ligero, aunque partiendo de una música que se puede considerar más solemne de lo habitual, pero que los miembros de La Fura dels Baus, con todos los colaboradores que en la obra intervienen, llevan, por la vía de la libre creatividad, basada, eso sí, en el respeto de la cantata original, hacia un camino que el espectador agradece por, primero, la calidad del espectáculo y de todos los intérpretes, y, segundo, porque la huella que el colectivo imprime siempre en sus espectáculo, ese aspecto transgresor que los caracteriza, aunque matizado, está también presente aquí. Como dice el propio Miki Espuma: «Un concierto-performance musical, revestido con la estética de La Fura dels Baus » . +Info | Relacionado Texto:  Federico Francesch | DESAFINADO RADIO  

 

 

 

 

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