La Fórmula de la Felicitat

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La Fórmula de la Felicitat

Sala Atrium, Barcelona, 25 de marzo de 2015

La Sala Atrium presentaba la obra, adecuándose, como es costumbre al formato de la sala, una antigua tienda-vivienda que encontraron en el 2009 y que en dos años convirtieron en ese teatro donde se representan las obras que producen o las que acogen en su espacio. Así, entre otras, que yo recuerde, hemos visto una revisión de la obra de Chejov, Las tres hermanas, por parte de Sanchis SInesterra, donde la sala se convertía en un comedor con dos estancias al fondo y la puerta de entrada a la misma era, hipotéticamente, la de la entrada a la vivienda; la obra Sota Zero, una representación en la que los espectadores se encontraban en los laterales de la escena presidida de punta a punta por una alfombra que nadie, excepto los actores podíamos pisar y que llevaba a una nevera donde pasaba parte de la acción; y en La Fórmula de la felicitat encontrábamos en medio del espacio, una caja de madera, una gran caja de madera, que hacía las veces de apartamento, que con las cortinas bajadas se convertía en una pantalla de cine, y sobre la cual había una alfombra de césped artificial, formando así las tres zonas definidas por las que se movían los actores, además del resto del espacio, incluidas las gradas donde se situaban los espectadores. Y digo todo esto, porque cuando unos actores, en este caso Patrícia MendozaRaimon Molins, Carlos Durán y Mireia Trias, buscan soluciones para poderse dedicar a lo que les gusta y de lo que quieren vivir, hacer teatro, pueden llegar a decidir, como es este el caso, que además de actuar, dirigir, escribir, si es el caso, y formar una  compañía, también han de montar su propio teatro para tener la seguridad de poder mostrar lo que ellos crean. De ahí, ese espacio tan diferente del modelo clásico, pero que se convierte, la mayoría de las veces, en un aliado de los montajes que presentan.
La Formula1

La Fórmula de la felicitat es la triple, o cuádruple historia, según se mire, de una gurú de la autoayuda, una pareja que necesitan ser felices, y otra pareja que intentan recuperar una felicidad que se esfumó, aunque sea a costa de una ficción. Digo cuádruple, porque además encontramos momentos de recuerdos infantiles y de expertos psicólogos argentinos.

Todo empieza, o mejor dicho, todo empezó cuando la autora de la obra, Anna Maria Ricard y la que sería su directora, Mireia Trias, se plantearon la necesidad de reflexionar sobre: “Los anhelos y las preocupaciones de un posible público asistente  a la sala”, como explican. Así llegaron a la conclusión que la única perspectiva común podía ser la felicidad, la búsqueda de la felicidad, con todos los matices que ello implica.

Sobre la casa-pantalla se proyecta, alternado con el desarrollo actoral en directo, un video en el que la actriz Tilda Espluga, perfecta en su papel, se presenta como una famosísima directora de un programa de televisión en el que desvela la fórmula de la felicidad. Y así, desde un principio en que el espectador reconoce las claves de tantos y tantos libros de autoayuda que ella va remedando, la cosa va degenerando hasta el límite, con un posible suicidio casi en directo.

Encima de la casa está la pareja joven que obligatoriamente han de ser felices. Una obligatoriedad que, de hecho, les lleva a plantearse si realmente la felicidad se puede imponer. Dentro de la casa dos historias. Una pareja que dejan de ser felices por la ruptura de la misma. Otra en la que, con un engaño voluntario, intentan revivir lo que no han vivido. Además, como he dicho, recuerdos, consejos…

Una mezcla de situaciones que nos hacen plantear, como querían sus creadoras, el porqué de muchas de las cosas que vivimos día a día, sin planteárnoslas, en muchos casos. Momentos de reflexión enfocados desde una perspectiva humorística, pero que no dejan indiferente.

El texto, como hemos dicho, está escrito por Anna Maria Ricard, que ha sabido explicar, con un lenguaje apropiado para cada una de las situaciones de la obra, toda esta mezcla de personajes y vivencias, gracias a unos diálogos frescos, incluido el monologo de la protagonista televisiva. Un texto potenciado desde dos aspectos distintos. Por un lado la dirección de Mireia Trias,  que se desarrolla en unos cambios de registro muy ágiles, como necesita la obra y el espacio, que también está diseñado por la misma directora, y, a la vez, muy bien definida, tanto en los movimientos actorales como en el tono de los personajes. Por el otro, la magnífica actuación de todos los actores, desde Tilda Espluga y su monologo cada vez más delirante; hasta Mireia Estrany en su doble papel de provocadora, de hecho, de una ruptura sentimental y de sorprendida objeto de deseo equivocado; pasando por Xavier Torra, de abandonado a obsesivo supuesto enamorado; Guillem Gefaell, de joven enamorado y obligatoriamente feliz, a niño y psicólogo; y, por supuesto, Cristina Noguer que acompaña a este último en sus actos y cavilaciones.

El resultado de todo ello es esta obra que, además de distraer, nos puede ayudar a reflexionar sobre lo que para nosotros, y para los demás, puede (¿o debe?) ser La Felicidad. +Info | Federico Francesch | DESAFINADO RADIO