Kyle Eastwood

kyle-eastwood.jpg Kyle Eastwood
“Metropolitain”
Candid, 2009

Dice Freud que para sentirse realizado en la vida, cada cual ha de matar al padre –simbólicamente, ¡no se lo tomen al pie de la letra!–. Pero a Harry el Sucio nadie le hace sombra, ni siquiera su hijo. Porque aunque de gasta le viene al galgo –uno es, además de cineasta, compositor y notable pianista de jazz, mientras su vástago le va a la zaga como (contra)bajista de género, repitiendo las mismas bellas facciones de juventud de su padre–, el apellido pesa mucho, y la expectativa es más alta que exigente el potencial. Este joven californiano se educó en casa oyendo discos de jazz de su padre –Duke Ellington, Count Basie, Miles Davis… no es extraño que Clint Eastwood dirigiera films como Honky Tonk Man (1982), Birdy (1988) o Piano Blues (2003), rindiendo homenaje a sus músicas favoritas–. Sin embargo, de los maestros no queda aquí ni rastro. Metropolitain se acerca más al jazz de ambiente (a ése que suena cómodamente de fondo en un chill-out de diseño, donde en vez de alcohol sólo ofrecen té en asépticas bolsitas de colores), eso sí, bebiendo de buenas fuentes del funk, el soul de la Motown y el electro-grooveHot Box, Le Balai, Rue Perdue y la que da título al álbum así lo atestiguan. Que hayan tantas referencias francófilas responde a la querencia de Kyle por la Ciudad de las Luces desde su anterior trabajo Paris Blues (Rendezvous, 2005). Pero a diferencia de otros discos donde colaba algún que otro coverPolice en Now (Candid, 2006), Marvin Gaye y Joni Mitchell setentero. Piezas como en From there to here (Sony, 1998)–, Metropolitain contiene diez piezas co-escritas por el propio Eastwood y está producido por Erin Davis (hijo de Miles, ¡todo queda en familia!) y Michael Stevens, estrecho colaborador de su padre en las bandas sonoras de Gran Torino (2008) y El intercambio (2008). Por mucho Eastwood que sea Kyle, sin duda Metropolitain no sería lo mismo sin tan buen arrope. No es para menos liderando una banda de aúpa que cuenta entre sus filas con Manu Katché (batería y percusiones), Till Brönner (trompeta), Graham Blevins (saxo tenor) y Ben Cullum (hermano de Jamie), sin contar la participación coral de la cantante Camille en el tema que abre el disco. Sin caer en la mediocridad, en los diez cortes el bajo tiene un relativo protagonismo –sobre todo en la bluesera Bold Changes y la citada Hot Box, estableciendo alternativamente diálogos entre los vientos y jugando con atmósferas y densidades en Black Light y tímidos préstamos estilísticos de otros lenguajes (Samba de Paris)–. Es cuando el grupo se aleja de los arreglos “clasicistas” (como los de Bel Air o la única pieza cantada –rapeada, mejor dicho– del disco, Live For Life, compuesta por y para la nigeriana Toyin) que el riesgo asumido denota la validez aún por explotar del artista que lidera la banda, como pasa por ejemplo con la preciosa Song For You en la que, apoyándose sobre una melodía muy simple, Kyle Eastwood consigue efectos mágicos con el timbre del bajo eléctrico junto al piano de Andrew McCormack. A ver si arrimándose más al viejo se le pega más sensibilidad, pero de momento se tercian aún los higos verdes. www.kyleeastwood.com // Iván Sánchez Moreno